22 de septiembre de 2018

INDUSTRIALIZANDO EL EMPRENDIMIENTO

Según un reciente estudio , durante el último año, un total de 1.178 estudiantes de Stanford han conseguido una inversión de 28.000 M $ en un millar de proyectos empresariales. Ésta es una cantidad astronómica. Recordemos que la economía española, en su conjunto, invierte unos 15.000 M$ en I+D. Mil estudiantes de Stanford consiguen el doble de esa cantidad con sus proyectos emprendedores.
Stanford se convierte así en la universidad más atractiva para el capital riesgo. Tras ella, Harvard (25.000 millones en 799 proyectos), Massachussets Institute of Technology (MIT, 21.000 millones en 940 proyectos), o Berkeley (20.000 millones, 1.012 proyectos). En estas entidades de referencia, el emprendimiento se  ha industrializado y escalado a niveles globales: no nos encontramos ante un fenómeno de "garaje", como habitualmente creemos, sino ante una auténtica cadena productiva, industrializada, de emprendimiento de alto impacto. Una cadena que empieza con miles de alumnos sensibilizados para emprender, con procesos educativos y de apoyo capaces de dotar rápidamente esa materia prima (el talento) de formación, capacidades, y del capital económico y relacional necesarios para idear y escalar startups nacidas con vocación de conquistar los mercados globales. Una cadena productiva, además, que cada vez aprende más de su experiencia y se hace más eficiente en los outputs. A medida que pasa el tiempo, dispone de mayores casos de referencia, mayor experiencia y mayor criterio para seleccionar las buenas oportunidades. Una cadena que, a medida que engorda con nuevas startups prometedoras, es más atractiva para nuevos emprendedores e inversores, que se sienten estimulados a acercarse a la misma y complementar el ecosistema.
La plataformización digital de los negocios existentes, y la creación de nuevas plataformas está en la base de los modelos de negocio emergentes. La tecnología digital permite conectar colectivos, compartir experiencias, comparar atributos y transversalizar la información para todo tipo de segmentos de mercado. Allí donde hay un colectivo humano con necesidades específicas, aparecerá una plataforma para optimizar los intercambios y solucionar sus insatisfacciones ( "pain points "). Entre las últimas empresas más capitalizadas surgidas de estas universidades, hay iniciativas como MyHealthTeams (redes sociales para enfermos crónicos), o Lever (plataforma de selección de personal). Entre los grandes unicornios (empresas valoradas con más de 1000 millones de dólares) encontramos gran cantidad de plataformas digitales: Uber, Airbnb, Lyft, GrabTaxi, Pinterest ... En nuestro entorno cercano también aparecen iniciativas de conexión, que solucionan problemas cotidianos, se profesionalizan, y se convierten en grandes modelos de negocio: ¿necesita alguien que haga la limpieza en el hogar? Clintu le dará la respuesta, que antes encontraba en círculos de confianza informal. ¿Busca a alguien que repare algo en casa (el típico "manitas")? Tú & Co lo solventará. ¿Quiere una habitación de hotel por unas horas? Byhours se la ofrecerá.
En Barcelona tenemos un gran ejemplo de industrialización del emprendimiento. Tuve la oportunidad de volver a visitar Barcelona Tech City , asociación privada abierta al ecosistema tecnológico local e internacional, con sede en el inspirador edificio del Pier 1, en un emplazamiento emblemático del Puerto de Barcelona. Me dio la impresión de estar en una auténtica fábrica de emprendedores en serie, una catapulta industrial de startups de proyección global. Recuerdo cuando, hace más de quince años, surgían las primeras startups de e-commerce o (algunas) de base científica en Barcelona. Necesitábamos entornos nutridos de conocimiento emprendedor. Era difícil encontrar referentes, buenas prácticas o know-how del management emprendedor. Mucho más difícil, por supuesto, encontrar los contactos y circuitos de capital adecuado. Con nodos de conexión y aceleración como el Pier 1, los emprendedores entran de lleno en la cadena de valor industrializada del emprendimiento profesional, sin renunciar a la informalidad y al espíritu de libertad que los caracteriza. En Pier 1 pasan cosas, de forma acelerada y sistemática, que no pasarían en entornos no concentrados y especializados. Es un ejemplo de nuevo clúster del siglo XXI, con las ventajas del mismo: conocimiento sectorial, cooperación, anticipación de las estrategias de futuro, visualización del colectivo, transmisión rápida de buenas prácticas y acceso a recursos especializados.
El ecosistema se completa con grandes empresas, que han descubierto que no pueden renunciar a impulsar nuevas iniciativas emprendedoras, muchas de ellas disruptivas, pero que saben que en el interior de la corporación se disparará el sistema inmunológico del negocio clásico, que intentará matar la innovación. Una de las grandes paradojas del management moderno es por qué Uber no fue desarrollada por General Motors o Ford, por qué Airbnb no nace de Marriott, Instagram de Kodak o Amazon de Wallmart. Hoy, las grandes empresas ya no renuncian a hacer screenings sistemáticos de nuevas oportunidades disruptivas externas, y se sitúan en el corazón de la industria del emprendimiento. Mejor controlar tú mismo las claves del negocio del futuro (que pueden substituir al tuyo), que pecar por omisión y dejar que sean otros quienes las controlen. Por eso empresas como Seat, Damm, KPMG, Telefónica, Naturgy o CaixaBank son partners de clústeres emprendedores como BCN Tech City.
El reto pendiente: que la industrialización del emprendimiento y el conocimiento para escalar startups de éxito se consolide también en entornos universitarios, como ocurre en Stanford, Harvard o MIT. Éste es el campo abonado para las iniciativas más disruptivas. En este caso, la transferencia de conocimiento para construir cadenas de valor industriales de emprendimiento va en dirección inversa a la tradicional: de la empresa a la universidad.
Artículo publicado originalmente en ViaEmpresa

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