3 de agosto de 2018

LA EMPRESA DEL TRILLÓN DE DÓLARES


Si usted hubiera invertido 10.000 $ en acciones de Apple en enero de 1981, cuando la compañía salió a bolsa, hoy tendría un capital de 3.820.000 $. Si lo hubiera hecho en octubre de 2001, cuando Apple lanzó el iPod, hoy dispondría de 1.480.000 $. Si hubiera esperado a que lanzara el iPhone, en junio de 2007, hoy habría multiplicado por 10 su valor (hasta los 101.058 $). Y, si hubiera invertido esa cantidad durante el lanzamiento del iPad (enero de 2010), sus ahorros se habrían revalorizado hasta los 65.862 $.


Apple acaba de cruzar la frontera del billón de dólares de capitalización bursátil (“trillón” en terminología americana). Un uno seguido de 12 ceros. Es la primera empresa que lo consigue. La campeona mundial de innovación, una máquina formidable de hacer dinero. Montañas de dinero que acumula en caja y que, de hecho, no sabe dónde invertir, pues no hay nada más rentable que ella misma. La muestra palpable de la increíble capacidad de generar riqueza que tienen las compañías tecnológicas, las líderes del nuevo modelo económico. Y, muy probablemente, le seguirán Amazon, Alphabet (Google), Microsoft y (salvando las caídas de los últimos días), Facebook.

Apple ha tecnificado el mundo, y ha demostrado que se puede hacer cultura (casi, arte) de la tecnología electrónica. El iPhone es un icono cultural de la era global. Belleza que emana de la perfecta integración del software y del hardware con el propósito de satisfacer las necesidades latentes (muchas veces, ni siquiera explícitas) del usuario. Mientras la dinámica de la electrónica de consumo ha sido, durante décadas, incorporar más y más prestaciones tecnológicas en forma de extraños (y, a menudo, inútiles) botones en los dispositivos, Apple es capaz de competir en diseño y experiencia de usuario, en un sector tradicionalmente pensado desde la ingeniería y el control electrónico. Poco más que añadir a lo que tanto se ha dicho ya sobre cómo Apple es capaz de cambiar el paradigma preexistente e inventar (e imponer) unas nuevas reglas del juego en la electrónica global.

Pero Apple también tuvo sus años oscuros. En estos momentos de éxito cabe recordad cómo Steve Jobs, el gran genio creativo de nuestra era, fue expulsado en 1985 de la empresa que él mismo creó, ante la intensificación de la competencia en el segmento de PCs. Apple inventó el ordenador personal. Pero el estándar IBM (y, especialmente, sus clónicos) se llevaron el gato al agua. El agresivo movimiento estratégico de IBM, permitiendo a otros copiar su arquitectura de PC (el famoso “compatible”) expulsó a Apple del mercado que ella misma había creado. Un instrumento de alta tecnología, como el PC, se convirtió en una commodity de bajo coste, en manos de fabricantes de países emergentes. Los ganadores del juego: Intel y Microsoft, cuyos componentes fueron adquiridos masivamente por todos los fabricantes de clónicos. Y el consejo de Apple decidió poner la compañía en manos de agresivos ejecutivos de la industria norteamericana. Tres CEOs (Sculley, Spindler y Amelio) fracasaron, uno tras otro, intentando llevar a Apple a la zona de competencia en precios, reduciendo costes en todas partes (entre ellas, en I+D y desarrollo de producto), matando la máquina de innovación de la compañía. Businessweek, en 1996, declaró el final de Apple con su famosa portada “The Fall of an American Icon”

Hasta que Jobs fue recuperado en 1997, e inició el milagro: salir de la zona de competencia en precios e iniciar el lanzamiento de una secuencia de productos disruptivos, iPod, iPhone y iPad, transformado industrias ajenas a los orígenes de Apple: música digital, telefonía celular, y tablets. Jobs creó sucesivas “olas de ventaja competitiva transitoria” en palabras de la profesora de Columbia Rita Gunther McGrath. Y con esos productos (especialmente, el iPhone), se produjo el milagro que ha catapultado a Apple al estrellato del trillón de dólares.

En medio de la euforia, me asalta una duda (repleta de indignación). La industria tecnológica norteamericana seguirá creando montañas de dinero en los próximos años. El reinado GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft) se consolidará. Detrás, vendrán nuevas oleadas de unicornios (start-ups que ya han superado los 1000 M$ de valoración, que saldrán a bolsa próximamente). Se están generando grandes oportunidades de inversión. Vaya a su sucursal bancaria más próxima, y pida información sobre las oportunidades que todo ello le puede generar para sus ahorros. En el mejor de los casos, quien le atienda no tendrá ni idea del tema. Si no se reinventa urgentemente, y se adapta a los nuevos tiempos, el sector financiero, tal como lo conocemos, tiene los días contados.

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