28 de junio de 2018

DEPREDADORES DIGITALES

Hubo una época en la historia de la tierra, el Jurásico, en que en la cima de la pirámide trófica se encontraban grandes depredadores. Dinosaurios como Trix, una hembra de Tiranosaurio Rex de 12 metros de longitud expuesta recientemente en Cosmocaixa (Barcelona) coronaron los ecosistemas naturales hace 60 millones de años. ¿Por qué los dinosaurios se convirtieron en gigantes? Hay varias teorías: quizá por la abundancia de vegetación, tal vez por una estrategia evolutiva de defensa, o tal vez para mantener el interior del cuerpo caliente, en un metabolismo de sangre fría.

Como en el Jurásico, la economía digital genera las condiciones para el gigantismo en la cúspide de la cadena trófica. La constelación GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft) sigue expandiéndose por todos los nichos del ecosistema económico, creciendo, triturando y engullendo todo lo que encuentra a su paso. Apple avanza decididamente a cruzar la frontera del trillón de dólares de valor bursátil. Amazon (777 billones) le sigue muy de cerca. Por detrás, Microsoft y Google (con 760 billones cada una). Facebook, un poco rezagado, con 541 billones. La suma del valor de las cinco compañías ya se acerca al PIB de Alemania. Estas empresas no compiten en el mercado: son el mercado en sí mismas, por su naturaleza de plataforma. La dinámica “the winner takes it all” de las leyes digitales las impulsa al gigantismo. Cuantos más usuarios tienen, mayores economías de red generan (haciendo más atractivo para otro usuario devenir miembro de la comunidad). Su tecnología crea efecto lock-in (efecto "captura": existen costes de cambio a otra plataforma u a otro sistema, por estar habituados a trabajar en un determinado formato, y con hardware y software propios y complementarios). Las comunidades de desarrolladores consolidan el ecosistema de plataforma y hacen más difícil escapar de él. El coste marginal de un nuevo usuario para GAFAM es cero. Las economías de escala, infinitas. Las economías de alcance, inmensas (el cambio en un algoritmo interno afecta a toda la comunidad de usuarios). Las marcas, globales. Y nadie les puede batir en la batalla del talento: nadie como ellos acumula montañas de cash para pagar los mejores científicos e ingenieros; y la fuerza bruta de su I + D los hace cada vez más imbatibles. Sólo Amazon invierte en I+D una cantidad similar a la de toda la economía española. Google, Microsoft o Apple no están lejos.

El proceso predatorio está en plena efervescencia. Amazon se está convirtiendo en la interfase mundial de retailing, contribuyendo de manera decisiva a la decadencia de la distribución clásica. En EEUU, ya hace tiempo, se habla del "retailing apocalipsis". El 30% de las grandes superficies comerciales estadounidenses están en desmantelamiento. Las cadenas y tiendas en bacarrota se cuentan por miles, en una gran ola schumpeteriana de “destrucción creativa”. La última gran víctima, Toys R Us. Amazon Go (el formato de tienda física de Amazon, sin cajeros), amenaza en convertirse en una extensión de conveniencia de sus procesos de e-commerce, y revolucionar la venta de comestibles. Sus dispositivos de asistente virtual Alexa penetran en el sector de los hoteles (con alianza con Marriot), o en la automoción (con Toyota). ¿Será Alexa la interfaz de conducción de nuestros vehículos? Mientras, en el sector del automóvil, Google avanza decididamente con su filial de vehículos autoconducidos Waymo. Si el nuevo paradigma triunfa, los vehículos autónomos amenazan las líneas aéreas en viajes de corta duración (¿por qué no hacer que nos lleve de Barcelona a Madrid un coche-cama sin conductor?). Este enfoque amenaza también a los hoteles de carretera. Google penetra en el mercado domótico, donde compró la empresa Nest, y donde su altavoz inteligente Google Home compite con Amazon Echo y con Apple Home Pod. Y, volviendo a la distribución, recordemos que Amazon compró la cadena de supermercados Whole Foods, la cual le provee de grandes plataformas de distribución en el centro de grandes ciudades norteamericanas, para acceder rápidamente al 90% de la población urbana americana. Pero Google no descuida este flanco: se ha aliado con Carrefour para mejorar su potencia combinada en e-commerce, y acaba de invertir 550 millones en JD.com, rival chino de Alibaba (el Amazon chino). Mientras, Facebook sigue su carrera de adquisición de startups en los campos de inteligencia artificial, reconocimiento facial y seguridad informática. Y Microsoft expande con la compra de empresas de software abierto, cloud computing y videojuegos. La banca, como muchos otros sectores, tiembla pensando en el día en que estos monstruos digitales puedan gestionar depósitos y convertirse, ellos mismos, bancos.

Los tiranosaurios GAFAM están libres, y expandiéndose por todos los nichos del ecosistema económico. ¿Quién los podrá detener?

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