18 de febrero de 2018

¿QUÉ HACE UN TESLA EN EL ESPACIO?

El 6 de febrero de 2018 marcó un hito en la historia de la innovación. SpaceX, la empresa fundada por Elon Musk (fundador también de Tesla) lanzó su Falcon Heavy, uno de los cohetes de mayor potencia que han existido, desde el cual se envió el Tesla Roadster rojo de Musk al espacio, camino del Cinturón de Asteroides. Si lo atraviesa, el vehículo de Tesla, y Starman, el maniquí vestido de astronauta que ocupa el asiento del conductor, se proyectarán hacia el espacio infinito, quizás por miles de millones de años. Les acompaña la música de David Bowie, “Vida en Marte”. Sigue los pasos del Voyager I, lanzado en 1977, que se encuentra ya en algún lugar tras la órbita de Plutón, equipado en este caso, con un viejo LP con la música de Chuck Norris, entre otros.

El Falcon Heavy recupera la mística de los años dorados de la conquista del espacio. Retomamos una de las mayores epopeyas humanas, uno de los episodios más gloriosos de la historia de la ciencia, la tecnología, y el liderazgo. Su lanzamiento es, en definitiva, una buena noticia para la ciencia y la tecnología: igual que las misiones Apolo despertaron el interés de la sociedad de la época, y generaron cientos de miles de vocaciones científicas y tecnológicas, SpaceX puede inaugurar una era similar, una nueva era espacial vinculada estrechamente a la cultura y a los iconos de la innovación del siglo XXI. Baste recordar las imágenes del Roadster en ruta hacia el infinito.

SpaceX está también revolucionando la dinámica de la innovación en sectores de altísimo riesgo como el espacial. Elon Musk ha demostrado que el sector privado puede pagar desarrollos de ingeniería de una envergadura tal que eran considerados hasta hace poco asequibles y atractivos únicamente para el sector público, por razones de estrategia nacional. Con esta lógica se desarrolló la carrera espacial, estimulada por la competencia entre EEUU y la URSS durante la Guerra Fría. Los estudiosos de la innovación considerábamos que las misiones espaciales sólo podían ser financiadas por el sector público, y que las externalidades que generaban, mediante mecanismos de compra pública, situaban a las empresas y organismos participantes en la frontera de la tecnología. Eso era cierto a nivel de subsistema, pero el proyecto completo quedaba en manos de las administraciones.  No había empresa capaz de conceptualizar y financiar una misión espacial en su integridad. Ahora, Elon Musk demuestra que el liderazgo y la financiación privada permiten desarrollar sistemas completos, como el Falcon Heavy, con mayor eficiencia que el sector público, y luego ofrecerlos a la administración pública, y aún generar beneficio con ello. Se inaugura el mercado del espacio. SpaceX fue la primera compañía privada capaz de transportar, recurrentemente, carga a la Estación Espacial Internacional (satélite artificial habitado, en órbita terrestre), aunque parte de la tecnología fue desarrollada inicialmente mediante “capital semilla” proporcionado por la NASA. En todo caso, SpaceX supone un interesante caso de estudio en las relaciones entre el sector público y privado en sectores de alta tecnología y alto riesgo financiero, y de desarrollo de un nuevo mercado en la frontera de la tecnología.


Pero… ¿qué hace un Tesla en el espacio? Más allá del indudable efecto de márketing, ¿es éste un paso más en la transformación de Tesla en una gran corporación multisectorial de alta tecnología, más allá de la fabricación de automóviles? Aunque SpaceX y Tesla son dos empresas diferentes, comparten el mismo fundador y el mismo CEO, el carismático Elon Musk. Y aunque Tesla es una empresa cotizada, y SpaceX todavía no ha salido a bolsa, algunas voces en el sector financiero llaman a una fusión entre las compañías. Tesla ya absorbió en 2017 SolarCity, especializada en energía solar. Ahora, algunos analistas consideran que la fusión entre Tesla y SpaceX generaría sinergias a ambas: Tesla accedería a unos cuantos miles de millones de dólares en cash de SpaceX, mientras que SpaceX diluiría su riesgo a largo plazo (inmenso, en el caso de las misiones espaciales), con un negocio de mayor recurrencia y estabilidad, la fabricación de automóviles (si finalmente, Telsa supera su manufacturing hell y es capaz de fabricar vehículos a escala, con relaciones calidad-precio similares a las de los automóviles de combustión). Personalmente, no creo que esa fusión, si se lleva a cabo, tenga éxito. Las sinergias son únicamente financieras: los negocios y las tecnologías de automoción y espacio, aunque parezcan próximos, son muy diferentes. Y, respecto a SpaceX, seguiremos con atención la nueva y apasionante era espacial que ha inaugurado.

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