21 de enero de 2018

SUPERSECRETARIOS PERSONALES

Sundar Pichai, CEO de Google, ha manifestado que “el impacto de la inteligencia artificial será comparable al que el fuego o la electricidad tuvieron en la humanidad”. Efectivamente, una ola de disrupción digital jamás vista antes está a punto de llegar. Será la culminación de un proceso de desarrollo tecnológico cuyo origen su puede trazar a la máquina de Turing, en 1936, considerada el primer procesador de uso genérico. La digitalización ha tenido una serie de constantes a lo largo de sus años de progreso: el incremento de la potencia de cálculo y de integración de componentes (anticipada por la famosa ley de Moore: cada dos años, aproximadamente, se dobla la capacidad de los procesadores), la miniaturización, y la mejora de la interacción con el consumidor. Así, de los grandes mainframes u ordenadores corporativos, se pasó al ordenador personal, al portátil y, finalmente al smartphone. Máquinas cada vez más potentes, más pequeñas y más adaptadas al uso humano. Con la inteligencia artificial, los dispositivos electrónicos ganarán nuevas prestaciones: aprendizaje autónomo, iniciativa (capacidad de toma de decisiones), inteligencia emocional e interacción cognitiva (con reconocimiento de imágenes, texto y voz).

Con todo ello, una nueva y sorprendente generación de dispositivos está a punto de llegar. Los smartphones derivarán en Asistentes Digitales Personales (ADPs), una suerte de secretarios-mayordomos electrónicos que nos ayudarán en prácticamente todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. ¿Qué podremos hacer con ellos? Dentro de muy pocos años, nuestros ADPs, por ejemplo, regularán autónomamente nuestra agenda: prepararán nuestras reuniones (virtuales o presenciales: en el primer caso, se ocuparán de conectarnos por video a la hora oportuna con nuestros partners). “Dialogarán” con los ADPs de nuestros colaboradores y colegas para ajustar calendarios y acordar el momento y temas de la reunión. Previamente, habremos hablado con nuestro ADP para pedirle agendar esa reunión (sí, “hablado”, textualmente: les teclados están en vías de extinción). “Necesito una reunión con Juan, Sara y Carlos para hablar de ventas. Es urgente. Acuérdala rápidamente con sus ADPs. Busca el último informe sobre ventas de la competencia y di que se lo lean antes”. Antes del encuentro, buscará y distribuirá la información preparatoria relevante. Una vez celebrada la reunión, nuestro ADP escribirá un acta de la misma y se ocupará de recordar los próximos pasos.

Nuestro ADP también revisará y seleccionará nuestros mails, eliminando los irrelevantes, contestando los rutinarios (él mismo, en texto, replicando nuestro estilo de redacción) y nos filtrará sólo los importantes. Previamente, habrá analizado cientos de correos para aprender (“entrenarse”) en nuestros patrones, y le habremos dado instrucciones (en voz) sobre qué tipo de mails queremos reservar para nuestra gestión propia. Cada día, nuestro ADP nos preparará un resumen (escrito o en voz) con las noticias más significativas. Nos recordará cosas importantes (como el cumpleaños de alguien próximo) y, en caso necesario, nos reservará un restaurante u ordenará la compra de unas flores. Mientras estamos en la oficina, el ADP se ocupará también del hogar: revisará el estado de la nevera, y ordenará la compra semanal. Si se ha estropeado la calefacción, pedirá a un técnico que venga.

Mediante su cámara (observando nuestra expresión facial), monitorizando nuestro calendario (horas de trabajo acumuladas), y analizando datos fisiológicos (como el pulso), nos anticipará posibles problemas de salud. Si no nos sentimos bien, a una orden de voz, reconfigurará nuestra agenda para liberar un par de días, y acordará una visita al médico (contactando con el ADP del mismo).

Nuestro ADP no sólo será un hiper-eficiente secretario que, de forma imperceptible, optimiza nuestra agenda a la velocidad de la luz, con las capacidades de un supercomputador. También podrá ser nuestro abogado, nuestro psicólogo, nuestro profesor o nuestro doctor. Le podremos consultar dudas jurídicas o médicas (al fin y al cabo, tendrá acceso inmediato a toda la información mundial). Le podremos pedir información personal (“¿dónde fue Pepe este verano?” -y rastreará el Facebook de Pepe para saberlo). Mientras estemos desayunando, o cuando vayamos al trabajo, le pediremos que nos explique por qué se inició la crisis de 2008, cómo se desarrolló la batalla de Waterloo, cómo funciona bitcoin, o que nos hable en inglés para practicar un rato. Mediante la cámara del móvil, podremos mostrarle esa mancha que nos ha salido en la piel para preguntarle si puede ser un cáncer. Si tenemos un viaje en ciernes, le pediremos que nos organice la ruta más adaptada a nuestros gustos (hoteles, restaurantes, museos…). Y quizá, si buscamos pareja, nuestro ADP contactará de forma autónoma con el ADP de aquella chica que vimos en el pub (cuyo ADP sabe que también busca pareja), y acordarán una cita (tras evaluar que nuestros perfiles encajarán).


Avatar digital (Soul Machines)
Y todo ello lo haremos mediante un nuevo paradigma de comunicación con la máquina, mediante voz, con interacción emocional casi humana. Podremos seleccionar el aspecto, temperamento, y tono de voz del ADP (veremos un avatar digital en pantalla, una persona). La podremos parametrizar tan sugerente y amable como deseemos. Le pondremos nombre (¿Raquel?). Y Raquel, mediante sus algoritmos de aprendizaje autónomo (machine learning) sabrá cada vez más sobre nosotros, y se irá adaptando progresivamente a nuestros gustos, hasta el punto de ser un fiel super-secretario electrónico, servil y omnipresente, que nos facilitará la vida hasta extremos difíciles de imaginar. Quizá, al final, incluso lleguemos a establecer algún tipo de dependencia o vínculo emocional con Raquel.

14 de enero de 2018

LA BURBUJA BITCOIN

Bitcoin es un sistema digital de transferencias económicas. Su nombre proviene de “bit” (unidad de información digital), y “coin” (moneda). Es, de hecho, una moneda digital que se enmarca en lo que se ha venido a llamar “criptomonedas”. Fue inventada en 2008 por un tal Satoshi Nakamoto, un personaje que jamás ha salido a la luz pública (se duda de que realmente exista). El nacimiento, puesta en práctica y filosofía de bitcoin entran dentro de ese entorno difuso de internet donde se mezcla ideología antisistema, misterio y épica de personajes que, al amparo de la red, actúan como corsarios de teóricas causas perdidas. Un entorno dado también a la conspiración y al fraude.


Bitcoin price (Source: Quartz)
Bitcoin es un sistema de pagos internacionales a través de una moneda virtual (que no es más que un conjunto de códigos en la red). Se sustenta en la tecnología “blockchain” (cadenas de bloques), un soporte de bases de datos compartidas donde las transacciones quedan registradas en una especie de hoja contable (“ledger”), cuyas copias se hallan distribuidas por la propia red, dificultando falsificaciones. El objetivo de bitcoin está claro: generar un sistema monetario paralelo a las regulaciones internacionales, que funcione en transacciones par a par (entre dos individuos o entidades) por acuerdo mutuo. Es como si en una familia, en una comunidad de vecinos, o en una ciudad, los habitantes se pusieran de acuerdo para abolir (en sus transacciones internas) la moneda de curso legal, y realizar las transacciones en monedas de Monopoly. Usted podría pagar el alquiler de su párking en esa moneda falsa, el coste del gimnasio, o el pan. Se crean así circuitos económicos paralelos a los regulados. No se le escapará que, operando de ese modo, también podría esquivar parte del sistema impositivo del país donde resida. Bitcoin es una versión escalada y digitalizada de los billetes de Monopoly. No opera en entornos reducidos, sino que la red le permite operar como sistema de transacción global. Esa noción romántica de escapar al control de las autoridades fiscales y monetarias es lo que hace atractivo bitcoin a ojos de algunas comunidades parasistema, o de aquéllos que (especialmente tras la gran recesión del 2008) perciben el sistema financiero real como una especie de confabulación al servicio del status-quo internacional.

¿Cómo bitcoin puede llegar a suplir un sistema monetario, sin una autoridad central? Los bancos centrales se ocupan, precisamente, de estabilizar monetariamente las economías. Si una economía tiene exceso de liquidez (exceso de moneda en circulación), genera inflación (subidas de precios). Si tiene defecto, genera deflación (desaceleración económica). En este último caso, los bancos centrales imprimen más moneda y la inyectan en la economía. En el sistema bitcoin, es el propio proceso interno el que regula la cantidad de moneda en circulación mediante un (también misterioso) algoritmo que permite a los agentes que quieran operar en bitcoins “fabricar” sus propios bitcoins (“minar” bitcoins en la terminología del sector). Un individuo o institución puede obtener bitcoins comprándolos en el mercado de bitcoins, o “minándolos” (obteniéndolos de la nada, como si los extrajera de la tierra, o como si los imprimiera, si fuera moneda convencional). Para “minar” bitcoins, se deben descifrar una serie de códigos de elevada complejidad, poniendo a prueba al agente que quiere fabricarlos. El sistema bitcoin se autoregula: si existen demasiados agentes intentando “minar” bitcoins, el grado de complejidad del descifrado de nuevos bitcoins aumenta, manteniendo constante el ritmo de generación y crecimiento de la moneda digital.

Si usted quiere comprar bitcoins (que, al final, son un activo digital), deberá bajarse una aplicación para entrar en el ecosistema bitcoin. El precio de compra dependerá del valor bitcoin en ese momento (que viene dado por las leyes de la oferta y la demanda, y por la cantidad de bitcoins en circulación -si están entrando nuevos bitcoins por “minado” o no-). En los últimos meses de 2017, bitcoin se revalorizó un 1000%, por el interés creciente que existe en esta criptomoneda, y la atención que los medios han puesto en ella. En el corto plazo, puede hacerse rico. Pero debe ser consciente de que sólo está comprando códigos digitales, activos virtuales sin un soporte regulatorio claro.


Puedo equivocarme, pero los sistemas monetarios son demasiado serios como para dejarlos en manos de personajes misteriosos con aureolas de Robin Hood, y algoritmos inciertos cuyo funcionamiento presente y futuro nadie acaba de tener claro. El prestigio del sistema financiero internacional ha quedado severamente dañado tras la crisis. Pero en bitcoin hay zonas oscuras. Se han dado rumores de granjas de minado masivas en China, asimilaciones a esquemas piramidales tipo Ponzi (como manifestó el banco de Estonia), o casos de uso no autorizado de ordenadores personales para minar bitcoins por parte de piratas informáticos (el minado precisa grandes capacidades de proceso de datos). Corea del Sur, un país “lead user” en tecnología, se está planteando prohibir bitcoin ante la amenaza económica que puede suponer para sus ciudadanos, si la fiebre se extiende como una bola de nieve. Y Warren Buffet, uno de los mayores genios financieros de nuestra época, manifestó hace pocos días que, con toda probabilidad, bitcoin llegará a un mal final.

8 de enero de 2018

10 CONSEJOS DE INNOVACIÓN

El inicio del año es un buen momento para plantearse nuevas metas. Una de ellas, acelerar el proceso de innovación de su empresa. La innovación conlleva contradicciones: consiste en generar perturbaciones y nuevas rutinas en el normal funcionamiento del día a día, que posiblemente desestabilicen las anteriores. Asumiremos riesgos de forma voluntaria. Pero, si no salimos de la rutina, ¿cómo vamos a crear la próxima ventaja competitiva? ¿Cuánto tiempo tardarán los rivales en volvernos obsoletos o matarnos a base de presionar los precios? Para innovar, tenga en cuenta lo siguiente: 

(1) No desprecie la potencia de la tecnología. Conozco muchos empresarios autosatisfechos de su nivel de innovación, contentos de innovar en modelo de negocio, en márketing, o en organización, que sólo orbitan alrededor de su propuesta de valor clásica. Pero, en plena era de revolución tecnológica, nada le conferirá ventajas competitivas superiores a una tecnología propia. Nada le generará barreras de entrada a la competencia similares. Nada tiene el potencial disruptivo comparable a una nueva tecnología. 

(2) Construya un ecosistema alrededor de su empresa. Las neuronas internas suelen estar oxidadas para el cambio, y sobreentrenadas para operar bajo los preceptos del pasado. Las ideas disruptivas y el nuevo conocimiento difícilmente estarán dentro de la organización. El status quo jamás liderará la transformación. En el exterior (centros tecnológicos, grupos de investigación, consultores expertos) hallará ideas frescas. Seleccione las fuentes de la innovación en base al individuo, no en base a las instituciones. Una universidad de prestigio puede tener grandes profesores, aunque desinteresados en trabajar con usted. Identifique discrecionalmente a las personas con talento y voluntad cooperativa en entornos científicos y tecnológicos (¡las hay, en todas partes!). Consulte a outsiders (gente externa, de otros países, otros mercados, otros sectores) y organice equipos de innovación abierta que rastreen oportunidades. 

(3) Estructure sus fuentes de información. Esfuércese en obtener un flujo mínimo de ideas brutas que puedan convertirse en grandes oportunidades, provenientes tanto del interior de su organización (aunque en este caso, las ideas suelen ser incrementales), del exterior (de su ecosistema), y de sus propios mecanismos de análisis e información estratégica. 

(4) Actúe con mentalidad de capital riesgo: destine recursos (aunque sean modestos) a explorar oportunidades alejadas de su núcleo de negocio. Cuando detecte una de ellas, invierta tiempo en entenderla y valorarla. Las primeras fases de la innovación son de investigación: analice el contexto para reducir la incertidumbre. Los recursos económicos sólo deben liberarse, de forma dosificada, cuando esa oportunidad se va concretando. Suministre recursos financieros a medida que su oportunidad se acerca al mercado. Cuando se reduce la incertidumbre, se puede incrementar la inversión. 

(5) Comprometa talento. Más vale dedicar una sola persona a tiempo completo que 10 a tiempo parcial, innovando sólo cuando tienen tiempo para ello. Seleccione las personas: en las fases más alejadas del mercado necesitaremos perfiles visionarios y dosis significativas de liderazgo para traccionar los proyectos. La innovación y el liderazgo son dos caras de la misma moneda: no hay liderazgo posible si nada va a cambiar. Y no hay cambio sin liderazgo, sin energía que conceptualice, comunique y convenza de la necesidad de la innovación. 

(6) Proteja los proyectos, especialmente en su estado más embrionario. La innovación tiene un componente parasitario: absorbe recursos que no tendrán retornos inmediatos. Voces internas se opondrán a ella. La vieja cultura corporativa intentará aniquilarla. La innovación despierta el sistema inmunológico de la organización. Si es necesario, cuando los proyectos están alejados del core business, manténgalos separados (en contextos diferentes, labs, garages, incubadoras o similares). 

(7) Utilice metodologías específicas. El management convencional falla en proyectos de innovación, especialmente los más disruptivos. No podrá hacer investigación de mercados clásica porque no existen clientes que demanden explícitamente su producto, ni que lo hayan imaginado antes o lo puedan entender. Ni proyecciones financieras a cinco años porque su modelo de negocio deberá cambiar cien veces hasta encontrar lo que realmente desea el mercado. Es preciso experimentar de forma rápida y barata para hallar el perfil correcto de usuario, y la configuración óptima del producto o servicio. Por ello, son necesarias metodologías específicas como Lean Startup o Design Thinking. 

(8) Incentive a los equipos de innovación. Si de verdad cree en ella, no sólo debe escoger el mejor talento para innovar, sino que le debe retribuir adecuadamente. Los departamentos de Recursos Humanos deben adaptarse. ¿Qué tal un 1% de las ventas del nuevo producto como bonus al equipo, si realmente es rompedor? 

(9) Aproveche los sistemas de apoyo, nacionales o internacionales. Existen potentes incentivos fiscales (también en España), y programas de ayudas directas o financieras (a nivel local o europeo). Menos que las deseadas, pero existen. Una buena planificación financiera de la innovación reduce sensiblemente su coste. Sorprendentemente, en los mejores tiempos, la suma de incentivos fiscales y ayudas públicas podía hacer que un proyecto de I+D tuviera prácticamente coste cero. Pero no se deje condicionar por ello: su estrategia debe prevalecer por encima de los programas que ofrezca el sistema. 

Y (10), márquese disciplinadamente objetivos, métricas y conjuntos de indicadores. Analice sus resultados. Y, si no son satisfactorios, corrija el proceso hasta convertir a su empresa en una eficiente máquina innovadora.

(Artículo publicado en La Vanguardia, el 07/01/18)

4 de enero de 2018

CHINA Y LA FORMACIÓN DE LOS LÍDERES

En su discurso de fin de año, el presidente chino, Xi Jimping, tenía en su librería dos best-sellers sobre Inteligencia Artificial: “The Master Algorithm” y “Augmented: Life in the Smart Lane”. Cada año, Xi Jimping, líder con un perfil tecnocrático y -parece ser- ávido lector, emite un discurso desde su despacho coincidiendo con el Año Nuevo occidental. El contenido de su librería es motivo de análisis por revistas económicas como BusinessInsider y Quartz. No se nos escapa el simbolismo: el presidente de la nación que ha sido capaz de sacar de la miseria a 800 millones de personas en dos décadas, una nación que ha puesto proa hacia el liderazgo científico y tecnológico global, tiene en su librería dos libros recientes (de 2015 y 2016 respectivamente) sobre tecnologías transformadoras. Y, en especial sobre aprendizaje de máquina (machine learning), tecnología clave de la Inteligencia Artificial. ¿Cuántos presidentes de gobiernos europeos -y, especialmente de nuestro entorno próximo- se preocupan de estas cosas? ¿Cuántos asesores políticos de esos presidentes saben siquiera qué demonios es eso de la Inteligencia Artificial? ¿Cuántos países de las viejas economías desarrolladas tienen planes estratégicos sobre ello?

Los libros en el despacho de Xi Jimping son escrutados cada año, No faltan clásicos del pensamiento comunista (“El Manifiesto Comunista” o “El Capital”). Durante los últimos años, se han incrementado los clásicos occidentales: “La Odisea”, “La Divina Comedia”, “Guerra y Paz”, “Madame Bovary” o “Los Miserables”. En sus estanterías también se encuentran tratados de estrategia, y libros de historia universal y de China. Pero la presencia de novedades sobre management tecnológico en el despacho del líder chino es toda una declaración de intenciones sobre la estrategia de su país.

China se ha propuesto liderar el mundo en Inteligencia Artificial, con un objetivo de crear un mercado doméstico de 150 billones de dólares en 2030. En China se hallan algunas de las startups más prometedoras en reconocimiento facial (como Megvii Face ++ y Sense Time). Aunque cabe resaltar que ello se debe a la obsesión china por la seguridad y el control de sus ciudadanos, de los cuales obtienen flujos masivos de datos. No obstante, Baidu, Alibaba y Tencent, los gigantes digitales chinos están haciendo colosales esfuerzos en I+D, al nivel de Google, Facebook o Amazon. La Inteligencia Artificial va a transformar el mundo, a un nivel comparable (o superior) a cómo lo hizo internet. Según McKinsey, en 2016, las grandes empresas tecnológicas destinaron entre 20 y 30 billones de dólares a I+D en Inteligencia Artificial. El intensísimo esfuerzo de estas compañías ha llevado a drenar casi por completo el talento de investigadores de las mejores universidades internacionales, que han sido contratados por los líderes digitales por sueldos estratosféricos.

Pero China no sólo consolida su liderazgo en Inteligencia Artificial. Ya hemos anunciado reiteradamente la solidez de la estrategia de innovación china. En un movimiento ascendente en la cadena de valor, la innovación en China (como antes en Japón o en Corea del Sur) se inicia desde el manufacturing. Primero, con actividades productivas básicas. Luego, atrayendo inversión extranjera (movida por el bajo coste), aprendiendo y copiando. Posteriormente, desarrollando producto propio. Finalmente, tecnología propia. Y ahora, ciencia propia. De la producción a la ciencia, sin solución de continuidad, ascendiendo aguas arriba en la cadena de valor, donde cada etapa consolida y refuerza a la anterior. ¡Qué diferente a nuestro modelo, donde las cadenas de valor del conocimiento y la producción se hallan totalmente fragmentadas y han sido concebidas sin diseño, relación, ni orientación estratégica, intentando con impotencia que la palabra mágica “transferencia de tecnología” lo solucione todo!

China, el Dragón Innovador, ha conseguido incrementar su PIB un 10%, de media anual, en las últimas 4 décadas. Es ya la segunda economía mundial, tras EEUU. Exporta más de 2 trillones de dólares en bienes manufacturados, el 13% del total mundial, y realiza esfuerzos masivos de inversión en infraestructuras físicas y tecnológicas. En 2016, China renovó sus objetivos para convertirse en una “Innovation Nation” hacia 2020, en “Innovation Leader” hacia 2030, y “World powehouse of scientific and technological innovation” hacia 2050. Van por el camino. Hace un par de años, China ya superó la inversión en I+D/PIB de la Unión Europea. Para ello, atraen de forma masiva actividades de alta tecnología a sus clústers de innovación, como el hub biofarmacéutico de Guangzhou (con una inversión de más de 800 millones de dólares, realizada por el gobierno chino y por General Electric), o el “Shenzen Silicon Valley”, la segunda área del mundo (tras Tokyo) en generación de patentes. Su sistema de innovación se alimenta con más 6 millones de nuevos graduados universitarios anuales. Y su sistema productivo avanza decididamente hacia un modelo de Industria 4.0 muy similar al germano.


El presidente chino, Xi Jimping, lee “The Master Algorithm”. ¿Qué deben leer nuestros líderes?