7 de octubre de 2017

DESDE LA DESOLACIÓN

Escribo desde la desolación de una semana que jamás podré olvidar. Empresas emblemáticas han anunciado que abandonan mi tierra, abrumadas por el miedo a la inseguridad jurídica y la incertidumbre ante lo que puede pasar. Caixabank (“La Caixa”), Banc de Sabadell, Gas Natural, Aguas de Barcelona, Oryzon Genomics, Dogi, Service Point… Empresas que temen quedar atrapadas en una especie de tierra de nadie, fuera del paraguas de la Unión Europea, posiblemente el mayor proyecto de solidaridad política y social del mundo. Proyecto que fue diseñado tras un siglo de guerras que desgraciadamente se ha borrado de nuestra memoria colectiva. 

Es cierto que quizá el movimiento de fuga de alguna de esas empresas sea sólo táctico, momentáneo, para tranquilizar a sus accionistas ante la imprevisibilidad y extrema incertidumbre del momento. Muchas volverán, porque sus mercados continúan aquí. Al final, sólo trasladan sus sedes sociales. Pero algo me dice que el fondo es estratégico. Catalunya puede perder en pocos días gran parte de sus activos financieros, tecnológicos e industriales, acumulados a lo largo de años de paciente trabajo. Me temo que una vez en otros entornos, poco a poco, nuevos directivos y nuevos horizontes se irán apoderando de esas compañías, alejando la posibilidad de nuevas inversiones, crecimiento y empleo en Catalunya. Deseo equivocarme. Pero, desgraciadamente, estos días turbulentos han empañado la potente imagen de Barcelona, y su marca internacional. Una ciudad abierta y cosmopolita, cuyo cénit se logró con los magníficos Juegos Olímpicos del 92, otro gran proyecto de colaboración y generosidad. Mucho deben cambiar las cosas para que las imágenes de esta semana, diseminadas por todo el planeta a velocidad digital, no eviten la cancelación de nuevas inversiones y la atracción de talento internacional. Miles de jóvenes estudiantes, que tenían Barcelona entre sus preferencias para formarse y disfrutar de una de las ciudades más bonitas del mundo, pueden estar ya buscando otros destinos en el mapa.

Perdonadme estos días de infinita tristeza. Se me agotan las ganas de seguir hablando sobre innovación, de seguir explicando batallitas sobre países y empresas que despuntan y generan valor, y de seguir motivando alumnos y lectores para que aprendan a innovar con éxito en un mundo cada vez más global, más complejo, y más dinámico. ¿Qué nos está pasando? ¿Vivo en una pesadilla? En una semana han pasado ante mis ojos, como en un surrealista cuadro de Dalí, imágenes de cargas policiales, ciudadanos aporreados por implacables antidisturbios, caceroladas en la noche, banderas por todas partes, escraches, carreteras cortadas, discursos irresponsables, miedos de corralitos, y fuga de sueños, muchos sueños que se van… No conozco la solución, ni quiero caer en la trampa de señalar al culpable. Quizá una generación entera de políticos deba marcharse urgentemente y dar paso a una nueva oleada de líderes que sepan reconducir la situación, buscar consensos, reparar las heridas, y recuperar el valor económico y social perdido.

Por suerte, siempre queda la montaña, el otoño, y el paso del tiempo, que también se llevará unos días tristes, que espero que olvidemos pronto.

2 comentarios:

  1. Les empreses el que fan es protegir-se de la incertesa i no abandonen els mercats així com així. I tampoc no es pot mirar d'entendre els darrers fets sense un mínim de visió històrica ja que aleshores tot plegat pot acabar amb discursos del tipus: "els polítics no saben fer la seva feina" que desenganyem-nos és una generalització amb poca finor d'anàlisi.

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  2. Xavier, estamos en plena disrupción social, política y económica. En estos momentos puede ser útil una relectura a Schumpeter (el proceso de destrucción creadora) base del "entrepreneurship". Valoremos que tenemos el gran privilegio de participar directamente de la historia.
    Un abrazo y enhorabuena por las reflexiones que compartes.

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