8 de julio de 2017

OS PRESENTO A RACHEL

En febrero de 2011, el sistema Watson de IBM fue enfrentado en directo, en el concurso televisivo Jeopardy, a dos vencedores humanos de antiguas ediciones, Brad Rutter y Ken Jennings. El concurso, con preguntas ambiguas y complejas tipo Trivial, requería la comprensión de la voz humana por parte de Watson. La contienda duró tres días, hasta que Watson mostró su superioridad. La foto del momento en que la máquina obtiene el premio, dotado con un millón de dólares, probablemente forme parte del conjunto de imágenes que han inmortalizado los momentos más importantes de la historia del progreso humano.

Watson mostró capacidades cognitivas avanzadas, y su acceso instantáneo a más de 200 millones de páginas de contenido estructurado y no estructurado, incluyendo Wikipedia, le conferían una aplastante superioridad sobre los otros jugadores en búsqueda de información. Sin embargo, Watson no estaba conectado a Internet, y no tenía cara. Imaginemos qué podría ser un Watson si lo dotáramos de una cara con expresividad humana, y lo conectáramos a la red, dándole acceso instantáneo a toda la información disponible de redes sociales, páginas corporativas, registros de propiedad intelectual, valoraciones financieras de compañías, journals científicos, etc. La emergencia de una especie de super-avatares digitales impulsados por inteligencia artificial, con capacidad de acceso y proceso de big data, habilidades cognitivas y de interacción social y apariencia humana está en ciernes. Supercomputadores con inteligencia emocional avanzada, datos infinitos, y cara de chico ingenuo. Los próximos años, y la combinación de estas tecnologías, van a redefinir completamente la relación persona-máquina.

Ha llovido mucho desde que Watson venciera en Jeopardy. Hoy, startups como Soul Machines avanzan decididamente en la construcción de interfases humanos para algoritmos de inteligencia digital. Recomiendo ver el vídeo adjunto, especialmente a partir del minuto 2, donde un técnico de IBM presenta un avatar digital, Rachel, y conversa con ella. Rachel es una construcción de Soul Machines pensada para atender al público en la selección de tarjetas de crédito. Es preciso notar que la conversación de Rachel no responde a un patrón pre-programado, sino que el avatar es capaz de entender la voz humana, procesar la información, dotar la conversación de expresividad, emoción e inteligencia social, y responder en voz natural. Vale la pena escuchar qué responde Rachel a la pregunta “Oye, ¿y tú de dónde eres?” que le formula el técnico de IBM. Después de dudar unos segundos, Rachel contesta “¿Conoces un lugar llamado Internet?”



Estamos en los albores de una nueva y fascinante realidad en la construcción de sistemas digitales. Pronto podremos relacionarnos con avatares como Rachel, en multiplicidad de entornos. La cara de Rachel podría estar presente en nuestro smartphone y ser nuestro asistente personal y nuestro interfaz web (¡adiós al site de Google para buscar información, bastará preguntarle a Rachel!). Una gran pantalla digital con Rachel podría impartir una clase de matemáticas, de finanzas o de historia en un aula universitaria. Podríamos conversar sobre filosofía con Rachel en nuestro iPad, o aprender inglés con ella. Rachel, o un avatar similar, podría ser nuestro médico, nuestro abogado, nuestro gestor administrativo o nuestro psicólogo. Rachel nos podría atender a través de una pantalla táctil en un punto de venta de cualquier comercio, vendernos hamburguesas en McDonald's o ayudarnos (como es el caso real) a seleccionar nuestra mejor tarjeta de crédito o el producto financiero ideal en una oficina bancaria. Ahora que, ¿para qué queremos una oficina bancaria? Lo podría hacer desde nuestro PC o nuestra televisión. Y, ¿por qué no? Rachel podría ser también nuestra nueva jefa o nuestra compañera de oficina.


Veremos situaciones absolutamente inéditas. E iniciativas sorprendentes y, hasta cierto punto, inquietantes. ¿Le gustaría vivir para siempre como un avatar digital? ¿Querría ser virtualmente inmortal? ¿Qué le parecería si sus descendientes, en un futuro lejano, pudieran conversar con usted y recibir sus consejos? La empresa Eternime (eternime.me) ofrece crear una copia digital suya, con su cara, sus expresiones, su historia, su carácter y sus patrones de toma de decisiones para que sus hijos lo conserven en su smartphone, y le consulten cuando usted ya no esté.

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