23 de junio de 2017

LECCIONES DE CARLOTA PÉREZ

Post escrito por Jordi García Brustenga, a raíz de la visita de la profesora Carlota Pérez a Barcelona. La doctora Pérez es Centennial Professor de la London School of Economics y profesora de Tecnología y Desarrollo Socioeconómico en la Tallin University of Technology. Es una de las voces globales más autorizadas en economía del cambio tecnológico y en el análisis de su impacto. 

6 de abril de 2017. La Sala de Grados de la Facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona llena hasta los topes. El proyecto TRINNO, en el marco del programa Interreg Europe, organiza una conferencia que acaba con unos aplausos que me recuerdan las buenas obras de teatro, haciendo salir al escenario los actores y actrices una y otra vez. Carlota Pérez nos ha dado una buena noticia, quizás por esto tantos aplausos. O quizás porque lo explica como si fuera un cuento de aquellos redondos, con una moraleja clara e inspiradora.

Nos dice sólo empezar que estamos como en los años 30 del siglo pasado. Era entonces y es ahora un momento histórico de oportunidad para nuestra sociedad, nuestra economía y nuestro planeta. Los últimos años han estado de crisis intensa, generada en su base por una revolución tecnológica e industrial que nos ha aportado una serie de nuevos conocimientos y tecnologías con el denominador común de las llamadas TIC. Esta digitalización nos transforma la manera en la que vivimos, consumimos y producimos bienes y servicios. Pero hasta la fecha esta revolución ha sido desordenada, desigual y forzada, como siempre hacen al principio las revoluciones tecnológicas. Y esto es porqué la nueva tecnología y sus aplicaciones han corrido sobre un mundo y una cultura construidos por la anterior revolución, analógica.

Cada vez que ha habido este desencuentro de nueva tecnología sobre viejo mundo, el proceso ha acabado históricamente en una burbuja financiera y una crisis global, que nos lleva, a la mayoría, a tocar fondo como personas, organizaciones, sectores y sociedad. Y la buena noticia a la que me refería al principio es que, también históricamente, hemos salido de estas crisis con una segunda época de la revolución tecnológica, llamada “época dorada”, en la que colectivamente somos capaces de extender los beneficios asociados a las nuevas tecnologías a la mayoría de la sociedad, ahora sí, de manera ordenada, reduciendo las desigualdades e involucrando a todos los agentes sociales y económicos en esta transformación.

En los años 30, mirado en perspectiva, la revolución tecnológica fue esencialmente eléctrica, química y automovilística. Su época dorada, que terminó con nuestra crisis, se basó en la producción y el consumo masivo de productos industriales, liderados por el coche utilitario y los electrodomésticos para un hogar significativamente más moderno. Tuvo como consecuencia la mejora de la calidad de vida de mucha gente, especialmente de una numerosa clase media que podía y debía comprar su coche, su nevera, su lavavajillas, etc., para su nueva casa lejos del centro de la ciudad. A la vez, este cambio de “estilo de vida” supuso un impulso brutal de la economía basada en la producción y venta en masa de estos nuevos productos estrella, imprescindibles de esa época dorada.    

Hoy estamos en una nueva oportunidad, como aquella, de empezar nuestra época dorada. En este caso, las nuevas tecnologías están llamadas a digitalizar nuestra vida, nuestro consumo y nuestra producción de bienes, servicios y experiencias. El nuevo estilo de vida es radicalmente mejor conectado, más colaborativo y menos consumidor de energía y recursos naturales. La estrategia, una vez más, pasa por desarrollar, de manera ordenada, inclusiva y participada, una transición hacia las nuevas nociones de sociedad y economía. La nueva vida digital nos debe aportar incrementos en la calidad de vida de la mayoría, un mucho menor impacto sobre el clima y el planeta y, también, un crecimiento económico transversal a muchos sectores, que genere empleo para toda nuestra población activa.

Esta nueva versión de actividad económica será necesariamente compartida entre humanos y robots (co-botización) y priorizará los servicios intangibles por encima de la producción de bienes tangibles. Veremos cómo se alarga la vida útil de los productos industriales, cómo crecen los sectores y las profesiones hacia actividades de mantenimiento y de personalización y mejora de la experiencia de cliente. Ésta es la gran oportunidad de nuestra generación, después de nuestra gran crisis. Tenemos, además, la posibilidad de aprender de la historia.

Finalmente, pero, Carlota Pérez nos indica que esta época dorada no vendrá sola, naturalmente. Necesitamos una clase política, empujada por la sociedad civil y coordinada con el sector empresarial, que ponga norte común hacia este nuevo paradigma de sociedad y economía. Alguien que nos explique la nueva “buena vida”, que quite los miedos a las consecuencias de las nuevas tecnologías (“¡que viene los robots!”) y que acompañe al sector empresarial en su digitalización a la vez que asegura un poder adquisitivo digno para toda la ciudadanía, seguramente replanteando la estructura fiscal y redistributiva. Si no existe este liderazgo, la alternativa es el populismo de vuelta al pasado, el proteccionismo basado en el miedo al exterior y al extranjero y el riesgo de nuevas crisis y, históricamente, de guerras globales.


Volviendo al inicio, la UB fue escenario de un mensaje positivo e inspirador para nuestro futuro. Ahora nos toca ponernos manos a la obra. Conversar, consensuar, aprender de lo que nos está pasando, escuchar al otro, integrar sus intereses y perspectivas. Y, juntos, dibujar cómo queremos vivir en las próximas décadas. Y cuando lo hagamos visionado colectivamente, incentivar la industria en la producción de bienes, servicios y soluciones que den respuesta a las necesidades y valores de este nuevo estilo de vida. ¿A qué esperas para convocarnos, político valiente y honrado, que aspiras a ponerte delante en esta nueva época dorada? Aquí nos tienes, degustando aún la buena noticia de Carlota.    

Jordi Garcia Brustenga

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