31 de octubre de 2016

EL DÍA DE LA MARMOTA

Muy pronto conoceremos la composición del próximo gobierno. Tras casi un año con gobierno en funciones, veremos quiénes ocupan las diferentes carteras y esperaremos, curiosos, cuáles son las nuevas políticas en economía, competitividad, ciencia y tecnología. Imagino que, como hasta el momento, esperaremos que la tempestad macroeconómica amaine y que el empleo se vaya recuperando lentamente gracias a los grandes tractores de nuestra estructura económica: fundamentalmente la construcción y el turismo. Grandes estrategias-país. Pero dentro de muy poco, previsiblemente a finales de noviembre, seguramente el Instituto Nacional de Estadística nos dará un nuevo disgusto al publicar las estadísticas de I+D. 

He recuperado un par de notas de prensa para poner de manifiesto la velocidad de crucero de nuestra capacidad innovadora: la superior es la del año pasado, referente a los datos de 2014. La economía española invertía el 1,23% de su PIB en I+D. La inferior es de 2007, referente a los datos de 2006. La economía española invertía entonces un 1,20 % de su PIB en I+D. En 8 años, por tanto, el incremento de esfuerzo en I+D alcanza la estupenda cifra del 0,03 % del PIB. Para echarse a temblar. Sí, es cierto, por medio está la crisis. Y, claro, lo primero que hacen las empresas y los gobiernos cuando hay crisis es recortar aquello que no tiene retorno inmediato (como la I+D, que suele ser una inversión a largo plazo). 

Que lo hagan las empresas, especialmente las pequeñas, es comprensible: al fin y al cabo, su primera urgencia es sobrevivir. Que lo hagan las administraciones, instadas por decisiones políticas, es una gravísima irresponsabilidad. Países líderes como EEUU o Alemania han incrementado su esfuerzo público en innovación durante la crisis, desplegando políticas contracíclicas, para compensar el déficit inversor privado, y multiplicar las escuálidas inversiones empresariales mediante incentivos adecuados y focalizados. Y su esfuerzo se ha visto recompensado con una salida de la crisis con tasas de producción industrial superiores a las de la entrada.

A veces, en algunas charlas sobre el estado de la innovación en el mundo, muestro extrapolaciones de cuánto tiempo tardaríamos en alcanzar a los líderes mundiales en innovación si estos de repente congelaran su actividad. La gente se sorprende y, en ocasiones, hasta se sulfura. No es para menos. Si en 8 años hemos crecido un escuálido 0,03% de inversión en I+D sobre PIB, y destinamos el 1,23%... ¿Cuánto tiempo tardaríamos en estar al nivel de Corea del Sur (4,3%)? Nada menos que ¡818 años! ¿Y de Alemania? (2,8%) Pues… 418 años. China (2,05%) ya nos lleva 218 años de ventaja en inversión en I+D/PIB (¡y mirad que su PIB es gigantesco!)


Ya sé que algunos dirán que hemos tenido mala suerte. Tenemos un país con malos empresarios, que no están sensibilizados con la I+D. La mano invisible del mercado, ese mecanismo perfecto de organización y crecimiento económico se ha olvidado de nosotros. Pero yo  no lo creo. Tenemos talento emprendedor, empresarial y cientifico. Estoy convencido de que, con buenas políticas, con propuestas sinceras y con presupuestos consistentes, la situación puede revertirse. Espero que el próximo ministro lea estos datos, se le congele la sangre, y se ponga inmediatamente manos a la obra.

23 de octubre de 2016

TE ACONSEJO UNAS VACACIONES EN LONDRES

El mundo está viviendo una época de efervescencia en Inteligencia Artificial. Aquí no nos enteramos demasiado, estamos ocupados en otras cosas. Pero hasta en la Casa Blanca se lo han tomado en serio. Por eso, el presidente Obama (¡cómo lo echaremos a faltar!) ha organizado en Pittsburg una conferencia (Frontiers, podréis encontrar información aquí), y ha liderado el desarrollo de un plan estratégico (aquí lo encontraréis) para debatir las profundísimas implicaciones tecnológicas, económicas y filosóficas de la inteligencia artificial, y para convertirla en una fuerza positiva de progreso.  Inaudito, ¿verdad? Qué gran talento estratégico y político se nos va.

En innovación y tecnología las cosas pasan extraordinariamente rápidas. Big Data está siendo superado ya por nuevos paradigmas, como la Computación Cognitiva. Intento imaginar cómo será la interacción con el internet del futuro (inmediato, en pocos años). Netscape, Yahoo, Altavista y finalmente Google  nos permitieron el acceso a datos infinitos. La revolución del internet de las cosas sumará 50.000 millones de dispositivos interconectados a internet en los próximos años. Los datos, como se ha repetido hasta la saciedad, serán el “nuevo petróleo”. Datos de consumidores, datos provenientes de las redes sociales, datos de desplazamiento de usuarios, datos científicos, datos abiertos de las administraciones públicas, datos médicos, o datos de dónde y en qué estado está todo objeto manufacturado. Todo ello dio lugar al paradigma Big Data: tratar de forma eficiente esos datos permitirá procesos de toma acertada de decisiones. Detrás de ese océano infinito de información se esconden patrones estadísticos. Se puede generar conocimiento y anticipar tendencias de futuro en base al histórico de datos.

Pero ese paradigma está siendo superado en tiempo real: no es necesario tratar los datos, otra capa de inteligencia superior los tratará por nosotros. La interfase web cambiará. Ya no buscaremos datos para, por ejemplo, irnos de vacaciones. Nuestro PC equipado o con acceso a inteligencia artificial, que ya sabrá qué nos gusta (la historia, la gastronomía, la cultura), qué tipo de países preferimos (polares, fríos, templados, europeos, americanos o asiáticos), qué nivel de riesgo asumimos, qué poder adquisitivo tenemos, qué patrones de compra o qué estructura familiar, nos pasará un réport. ¿Dónde me aconsejas ir de vacaciones? Te sugiero ir este verano a Londres. Parece que hará buen tiempo, la libra está baja, y no habrá exceso de turistas por el Bréxit. Te he preparado una ruta ideal para ti. El primer día, ves a la Torre de Londres. Hay unas excavaciones romanas cerca que te encantarán. Tienes el plano y las coordenadas GPS adjuntas. Ideal que llegues en barco, tomando un ferry desde el Parlamento. Te he hecho una pre-reserva en el hotel Century. Las redes sociales hablan muy bien de él, y se ajusta a tu presupuesto. Sugiero una salida a Stonehenge que puedo reservarte ya…

No buscaremos los datos nosotros, ni los procesaremos. Preguntaremos cosas y demandaremos tareas a nuestros sistemas informáticos. Pero la verdadera revolución vendrá cuando la inteligencia artificial tenga iniciativa propia. Cuando no espere a que le preguntemos. Cuando recibamos un mail de nuestro PC, sin demanda previa, diciendo “Te aconsejo unas vacaciones en Londres. Te veo mal, y creo que las necesitas. He analizado tu agenda y has trabajado 67 horas la última semana. La media de los últimos meses es de 58 horas por semana. Tus búsquedas en la web son erráticas e ineficientes. Algo pasa. No puedes seguir así”. O cuando un equipo directivo reciba directrices de su sistema informático, sin pedírselo previamente: “Es el momento de abordar el mercado asiático. Juan y Pedro deberían desplazarse a Hong Kong y firmar los contratos. María es la más indicada para dirigir la nueva división en China. Si no lo hacemos ahora, las probabilidades de éxito caen exponencialmente. Y no olvidéis que hay que vender el negocio de recambios y enfocarnos en equipo origen

Ese sí que será un verdadero e inquietante punto de inflexión: cuando las máquinas no esperen peticiones humanas y actúen por iniciativa propia. Quizá por ello Obama está tan preocupado (y quizá por ello aquí estamos tan despreocupados, esperando que alguna inteligencia artificial tome el control de todo ;-). De la era de los Datos, pasaremos rápidamente a la de la Inteligencia. Y, de ahí, a la de la Iniciativa.

15 de octubre de 2016

BARCELONA TECH CITY

Esta semana he tenido oportunidad de visitar el clúster Barcelona Tech City, en sus instalaciones en Pier 1, Plaza de Palau, en el Puerto de Barcelona. He quedado gratamente impresionado al ver la intensa actividad que se respiraba: un millar de emprendedores de más de 80 empresas interactuando en una vibrante zona de concentración de creatividad, talento y tecnología. Un pedazo de San Francisco en el Mediterráneo. 10.000 metros cuadrados de innovación e iniciativa emprendedora, de espacios de coworking, mesas compartidas, alta conectividad, salas de creatividad, máquinas de café e inevitables futbolines tipo Google.  Barcelona Tech City es el clúster digital de Barcelona, formado por startups que operan en campos digitales, fondos de capital riesgo y business angels, directivos de sistemas de información, grandes empresas tecnológicas y agentes relacionados (universidades, centros de investigación y entidades públicas). Un sector que mueve más de 6.000 millones de euros, y 15.000 empleados en Catalunya. El clúster surge inicialmente como la iniciativa de un conjunto de empresas de e-commerce (Privalia, Letsbonus, Wallapop, Softonic, eDreams…) que contratan un directivo profesional (Miquel Martí) que es capaz de aglutinar y atraer la masa crítica necesaria de agentes al clúster, y de imaginar y ejecutar de forma magistral el proyecto de concentración del clúster en una zona emblemática de una ciudad global (Barcelona) que cuenta con una creciente comunidad emprendedora, escuelas de negocio de élite y un fuerte posicionamiento internacional en este ámbito, abanderado por la titularidad de la Mobile World Capital. Barcelona Tech City es hoy un hub de atracción de talento internacional, y un proyecto emergente y expansivo, de gran recorrido, que sin duda será absolutamente estratégico para Barcelona en los próximos años.

Miquel ha sido capaz de romper dos paradigmas: el paradigma convencional del sistema ciencia-tecnología-empresa (es capaz de desarrollar un potente clúster tecnológico liderado íntegramente desde el sector privado –las políticas públicas deberán adaptarse al mismo, con lo cual será inmune al ciclo político-), y el paradigma convencional de desarrollo de clústers: se aglutina alrededor de una tecnología (la digitalización), de forma transversal (no sectorial) y concentrado geográficamente en una zona urbana (confluyendo con las corrientes de smart city). Aprovecha, además, las sinergias con el Mobile World Congress y con la Mobile World Capital. Lo que se intentó conseguir durante años con la lógica de los parques científicos y tecnológicos partiendo de  espacios vinculados a la ciencia (concentración de agentes, interacción e hibridación), se consigue partiendo del sector privado, y en espacios urbanos internacionalizados y con elevada calidad de vida.


Miquel y BCN Tech City se colocan en el lugar y el momento adecuado: Barcelona, polo internacional de atracción de talento, ciudad abierta, cosmopolita y emprendedora que vibra con los nuevos modelos de negocio, en un momento en que el sistema de innovación local necesitaba un auténtico proyecto ilusionante y transformador. Estoy seguro que éste será el gran proyecto que articulará el sistema de innovación de Catalunya en los próximos años.

8 de octubre de 2016

ELEMENTAL, QUERIDO WATSON

Watson es el nombre de un sistema de inteligencia artificial desarrollado por IBM, capaz de responder preguntas realizadas en lenguaje natural (en lenguaje humano). Se hizo famoso en 2011 cuando se enfrentó, en el concurso televisivo de la NBC, Jeopardy,  a los dos máximos ganadores de las ediciones previas. Dos cerebros humanos contra uno electrónico. Y, de la misma manera que en 1996 otro ordenador de IBM (Deep Blue) derrotó al entonces campeón del mundo de ajedrez Gary Kasparov, Watson también venció a sus dos contrincantes de carne y hueso. El nombre del dispositivo se debe a Thomas John Watson, antiguo presidente de IBM y padre de su estrategia tecnológica y expansión internacional entre 1914 y 1956.  Watson está diseñado para analizar preguntas o frases semiestructuradas, entender su significado, rastrear 200 millones de páginas de datos (Wikipedia entre ellas) en centésimas de segundo, y construir una respuesta consecuente.  

El juego contemplaba una secuencia de pistas (frases incompletas y/o con dobles sentidos) que el ordenador debía interpretar. Por ejemplo, para llegar a adivinar el nombre de un famoso escritor (Charles Dickens), las frases que llevaban a la respuesta eran del tipo (“El mismo día que este autor irrumpió en Inglaterra un terremoto asoló México”). Watson, como sus rivales humanos, debía inducir que “irrumpir” se refería en este caso a “nacer”. Con su victoria en Jeopardy, quedó demostrado que un sistema electrónico es capaz de interpretar lenguaje complejo, de modo similar a como lo hace un humano, comportándose eficientemente incluso ante preguntas con ambigüedades y referencias culturales de difícil comprensión. Tras vencer el juego cuatro veces consecutivas, el derrotado Ken Jennings, laureado ganador en sus antiguas ediciones (había ganado más de 3 M$), declaró “bienvenidos nuestros nuevos amos digitales”.

La tecnología que da lugar a Watson es ahora una formidable línea de negocio emergente de IBM. Una de sus primeras aplicaciones se halló en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, asistiendo a los doctores especialistas en cáncer en su toma de decisiones. Desde ese momento, el sistema está penetrando en un buen número de instituciones médicas de élite a través de la división Watson Health de IBM. Watson puede analizar el informe médico de un paciente y compararlo con una base de millones de informes, revisando anteriores diagnósticos correctos e incorrectos para ofrecer la respuesta más certera. Watson es una formidable plataforma tecnológica de computación cognitiva, capaz de analizar a la velocidad de la luz millones de documentos con información estructurada y semiestructurada, y ofrecer respuestas con razonamientos que imitan el cerebro humano. La estrategia de IBM es abrir el sistema a desarrolladores externos que permitan customizar aplicaciones concretas, creando un ecosistema Watson global. De momento, está siendo utilizado en ámbitos como la investigación de mercados (Watson puede sugerir mejoras de producto en base a la información de opiniones de clientes captada en las redes sociales), o agencias de viaje (aconsejando los mejores destinos en base a las valoraciones de usuarios y las preferencias del consumidor).

Watson puede convertirse en una especie de megacerebro global con ramificaciones en nuestros terminales electrónicos. ¿Pero eso no era Google? Quizá. IBM entra en rumbo de colisión (o cooperación ) con Google, que tiene los datos pero no ha desarrollado la inteligencia (o quizá sí, hace poco uno de sus sistemas de inteligencia artificial venció al mítico jugador de Go Lee Sedol). En todo caso, sus estrategias y sus objetivos se aproximan de forma fascinante.

Dos inquietantes pensamientos me vienen a la mente: el primero es que una nueva gran plataforma digital, IBM, se suma a la competición (junto a Google, Apple, Amazon, Microsoft y Facebook) por el control del sistema nervioso mundial. ¿Quién será el Gran Hermano – o el Gran Cerebro- presente en todos los campos de nuestras vidas y en todos los sectores de la economía (de las redes sociales al retailing, de los videojuegos a la educación, de la salud al ocio, de la distribución a la manufactura). El segundo: si Watson se sumara a Google y llegara a cada uno de nuestros terminales, con aplicaciones específicas de toma avanzada de decisiones en entornos complejos, ¿cuántos managers podrían ser despedidos? ¿Cuántas reuniones de planificación estratégica podríamos suprimir? ¿Quién decidiría la estrategia competitiva? ¿Quién mejor que Watson para diseñar un nuevo producto o servicio? ¿Quién seleccionaría los CVs para cubrir una vacante? ¿Cuánto tiempo tardaríamos en tener un Director General electrónico?


Elemental, querido Watson… 

1 de octubre de 2016

MATAR AL HIJO ÚNICO

Todavía hay directivos y empresarios que preguntan “qué es eso de la innovación abierta”. Es difícil explicar rápidamente el concepto de open innovation en todo su alcance y potencia. Y menos para gente que tiene poco tiempo para escucharte y que jamás ha reflexionado en profundidad sobre el tema. El nuevo paradigma de innovación abierta fue introducido por el profesor Henry Chesbrough en 2003, en su famoso libro Open Innovation: The New Imperative for Creating and Profiting from Technology. La nitidez y fuerza conceptual de su idea ha creado una corriente de investigación masiva, un nuevo pensamiento sobre innovación y un movimiento mundial de pensadores y practicantes del concepto.

Chesbrough circunscribía su modelo al ámbito tecnológico. Entre los indicios que le llevaron a inducir su nuevo paradigma se encontraba el hecho de que las oportunidades tecnológicas generadas internamente y descartadas por la estrategia corporativa de grandes empresas como Xerox generaban más valor externo (medido en cotización bursátil) al ser adquiridas por otras empresas, que el propio valor de Xerox. Chesbrough propuso comercializar externamente tecnologías no alineadas con el núcleo corporativo, y absorber tecnologías externas que sí podrían estar alineadas con el mismo. Simple y lúcido.

Como en muchas cosas en la vida, la comunicación de la cosa importa. Y mucho. Encapsular este paradigma bajo un nombre brillante e inspirador como Open Innovation fue un auténtico revulsivo, una genialidad que cambió la vida de Chesbrough y el discurso de la innovación mundial. ¿Por qué será que las grandes ideas de management siempre constan de dos palabras: lean startup, continuous improvement, lateral thinking, blue ocean, mass production, design thinking, open innovation…?

La innovación abierta ya existía antes de Chesbrough. Sabíamos que la innovación colaborativa multiplicaba las posibilidades innovadoras. Éramos conscientes de que construir sobre capacidades de otros generaba sinergias. La propia Unión Europea fomentaba hacía años la innovación consorciada, entendiendo que permitía generar proyectos más singulares y de mayor masa crítica. Los clústeres son entornos idóneos para la innovación abierta en PYMEs. Y sabíamos que la innovación era un fenómeno social, un fenómeno de interacción. Sin embargo, Chesbrough empaqueta todas esas evidencias en un solo concepto de potencia transformadora. Pero explicarlo sencillo no es fácil.

¿Cómo hacer que lo entienda un empresario o directivo que jamás ha reflexionados sobre ello? Quizá con dos insights interesantes: el primero, que en la economía del conocimiento ese empresario jamás podrá generar, él solo, todo el conocimiento necesario para competir. Existe conocimiento en el entorno (en proveedores, universidades, expertos, etc.) que puede ser crítico para la evolución de su compañía. Especialmente sabiendo que el sector público destina miles de millones de euros en investigación (que espera ser aprovechada por alguien), y que los grandes players de algunos sectores (software, automóvil, farma) invierten cantidades similares, multimillonarias, en I+D interna y organizada. Así que no espere batirlos con recursos propios.

El segundo insight es conceptualmente más potente: mate a su hijo único. ¿Cuántas veces una empresa tiene una idea de innovación, y lleva meses –o años- dándole vueltas para que salga al mercado? ¿En cuántas empresas esa idea llega a aburrir a toda la estructura en infinidad de reuniones y jamás se consolida como nuevo negocio real? Es nuestro hijo único (o el del director general). Es LA IDEA. La única que hemos tenido. La innovación en la empresa se limita y se concentra en esa idea, que generalmente ha creado alguien interno en un momento de casual inspiración. Y nos empeñamos en que salga al mercado como sea.

El paradigma de innovación abierta propone que mate a ese hijo único. O, al menos, que tenga muchos más hijos (ideas) para comparar. Que sea infiel a su pareja (su core business) y empiece a generar ideas con otros (con outsiders: expertos externos, centros tecnológicos, clientes extremos, proveedores avanzados…). Conecte su organización a su ecosistema. Tenga muchas ideas y mate las malas tan pronto como sea posible. Liquide a su hijo único, esa idea que divaga por la organización como un fantasma decrépito (¿le suena, no?). Convierta la innovación en un sistema basado en flujo y selección de ideas. Y ese ejercicio de abrir su empresa a outsiders no es más que la práctica de la innovación abierta.


(PD: gracias a la profesora Petra Nylund por la propuesta de título para este post)