8 de octubre de 2016

ELEMENTAL, QUERIDO WATSON

Watson es el nombre de un sistema de inteligencia artificial desarrollado por IBM, capaz de responder preguntas realizadas en lenguaje natural (en lenguaje humano). Se hizo famoso en 2011 cuando se enfrentó, en el concurso televisivo de la NBC, Jeopardy,  a los dos máximos ganadores de las ediciones previas. Dos cerebros humanos contra uno electrónico. Y, de la misma manera que en 1996 otro ordenador de IBM (Deep Blue) derrotó al entonces campeón del mundo de ajedrez Gary Kasparov, Watson también venció a sus dos contrincantes de carne y hueso. El nombre del dispositivo se debe a Thomas John Watson, antiguo presidente de IBM y padre de su estrategia tecnológica y expansión internacional entre 1914 y 1956.  Watson está diseñado para analizar preguntas o frases semiestructuradas, entender su significado, rastrear 200 millones de páginas de datos (Wikipedia entre ellas) en centésimas de segundo, y construir una respuesta consecuente.  

El juego contemplaba una secuencia de pistas (frases incompletas y/o con dobles sentidos) que el ordenador debía interpretar. Por ejemplo, para llegar a adivinar el nombre de un famoso escritor (Charles Dickens), las frases que llevaban a la respuesta eran del tipo (“El mismo día que este autor irrumpió en Inglaterra un terremoto asoló México”). Watson, como sus rivales humanos, debía inducir que “irrumpir” se refería en este caso a “nacer”. Con su victoria en Jeopardy, quedó demostrado que un sistema electrónico es capaz de interpretar lenguaje complejo, de modo similar a como lo hace un humano, comportándose eficientemente incluso ante preguntas con ambigüedades y referencias culturales de difícil comprensión. Tras vencer el juego cuatro veces consecutivas, el derrotado Ken Jennings, laureado ganador en sus antiguas ediciones (había ganado más de 3 M$), declaró “bienvenidos nuestros nuevos amos digitales”.

La tecnología que da lugar a Watson es ahora una formidable línea de negocio emergente de IBM. Una de sus primeras aplicaciones se halló en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, asistiendo a los doctores especialistas en cáncer en su toma de decisiones. Desde ese momento, el sistema está penetrando en un buen número de instituciones médicas de élite a través de la división Watson Health de IBM. Watson puede analizar el informe médico de un paciente y compararlo con una base de millones de informes, revisando anteriores diagnósticos correctos e incorrectos para ofrecer la respuesta más certera. Watson es una formidable plataforma tecnológica de computación cognitiva, capaz de analizar a la velocidad de la luz millones de documentos con información estructurada y semiestructurada, y ofrecer respuestas con razonamientos que imitan el cerebro humano. La estrategia de IBM es abrir el sistema a desarrolladores externos que permitan customizar aplicaciones concretas, creando un ecosistema Watson global. De momento, está siendo utilizado en ámbitos como la investigación de mercados (Watson puede sugerir mejoras de producto en base a la información de opiniones de clientes captada en las redes sociales), o agencias de viaje (aconsejando los mejores destinos en base a las valoraciones de usuarios y las preferencias del consumidor).

Watson puede convertirse en una especie de megacerebro global con ramificaciones en nuestros terminales electrónicos. ¿Pero eso no era Google? Quizá. IBM entra en rumbo de colisión (o cooperación ) con Google, que tiene los datos pero no ha desarrollado la inteligencia (o quizá sí, hace poco uno de sus sistemas de inteligencia artificial venció al mítico jugador de Go Lee Sedol). En todo caso, sus estrategias y sus objetivos se aproximan de forma fascinante.

Dos inquietantes pensamientos me vienen a la mente: el primero es que una nueva gran plataforma digital, IBM, se suma a la competición (junto a Google, Apple, Amazon, Microsoft y Facebook) por el control del sistema nervioso mundial. ¿Quién será el Gran Hermano – o el Gran Cerebro- presente en todos los campos de nuestras vidas y en todos los sectores de la economía (de las redes sociales al retailing, de los videojuegos a la educación, de la salud al ocio, de la distribución a la manufactura). El segundo: si Watson se sumara a Google y llegara a cada uno de nuestros terminales, con aplicaciones específicas de toma avanzada de decisiones en entornos complejos, ¿cuántos managers podrían ser despedidos? ¿Cuántas reuniones de planificación estratégica podríamos suprimir? ¿Quién decidiría la estrategia competitiva? ¿Quién mejor que Watson para diseñar un nuevo producto o servicio? ¿Quién seleccionaría los CVs para cubrir una vacante? ¿Cuánto tiempo tardaríamos en tener un Director General electrónico?


Elemental, querido Watson… 

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