24 de junio de 2016

LA NUEVA ANORMALIDAD

Escribo estas líneas en uno de los días más negros del proyecto europeo, con los mercados en caída libre, y cuando la libra esterlina se encuentra en su valor más bajo desde 1985, tras la triste noticia del resultado del referéndum británico, cuyo veredicto dictamina la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

En una conferencia en 2010, Mohamed El-Erian (director del fondo de inversión PIMCO) acuñó el término “nueva normalidad”, refiriéndose a las turbulencias económicas que se habían convertido en habituales tras la recesión de 2008. Larry Summers (ex Secretario del Tesoro americano) rebautizó en 2014 el paupérrimo paradigma económico emergente como “estagnación secular”. Cristine Lagarde, desde el FMI, hablaba en 2015 de “nueva mediocridad”. Y Nouriel Roubini completa el cuadro recientemente, declarando que entramos en una época de “nueva anormalidad”

Nadie tiene ni idea de hacia dónde vamos. Organismos internacionales, consultoras y sesudos académicos se debaten en la incertidumbre. Los modelos matemáticos de predicción fracasan sistemáticamente. Muchas cosas están ocurriendo, como si el tiempo se hubiera hipercomprimido y todo sucediera a la velocidad de la luz. Acontecimientos inesperados,  y reacciones del sistema económico generan convulsiones continuas en el mismo. Si la economía fuera un sistema electrónico, diríamos que ha entrado en fase de oscilación permanente. El viejo paradigma económico, social y político ya no da respuesta a un mundo en efervescencia tecnológica. La crisis que aparece en la superficie no es más que la proyección de una revolución tecnológica sin igual que se está dando en las profundidades del sistema, y que requiere modelos de gestión radicalmente nuevos. Si no los diseñamos, el choque entre el antiguo modelo y el nuevo generará conflictos imprevisibles.


Paradójicamente, asistimos a una edad de oro de la  innovación a nivel global. Por primera vez en la historia, no sufrimos una crisis de recursos fundamentales. Avanzamos hacia escenarios de información, educación, energía, sanidad y producción abundantes. Pero no somos capaces de gestionarlos. El sistema económico responde de forma errática a estímulos que deberían ser positivos. Buena parte de la sociedad percibe la globalización como amenaza, y el sistema político magnifica respuestas ineficientes. La austeridad es una receta necesaria, pero insuficiente y mal entendida. No se puede ser austero en educación o en I+D. Por primera vez en la historia, los incrementos de productividad no vienen acompañados de nuevo empleo.  La economía crea riqueza, pero no crea trabajo, y eso debilita la demanda. Aunque Suiza la ha rechazado, el debate sobre la Renta Básica Universal ha llegado para quedarse (el American Enterprise Institute, think tank conservador poco dado a utopías, ha propuesto ya una renta universal garantizada de 13.000 dólares a todo americano). Nuevas fórmulas de política económica, como las de Mariana Mazzucato (“mission oriented innovation”, proyectos transformadores enfocados a resolver grandes retos humanos) serán necesarias, como reediciones del New Deal del presidente Roosevelt. Y nuevo talento político, con visión a largo plazo, independiente del ciclo electoral será imprescindible para superar la situación.

El desgraciado episodio del Brexit, el renacer de los populismos, y la centrifugación del sueño europeo no son más que la enésima muestra de la necesidad imperiosa y urgente de emergencia de un nuevo paradigma y de nuevos liderazgos con consistencia estratégica. Infinita tristeza por la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea. Vergüenza y decepción por la falta de talento político en Europa.

(Artículo publicado en versión original en el diario Expansión, el 20/06/2016)

1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo con este analisis, no nos estamos adaptando a los cambios de las ultimas dos décadas, desde la empresa en red, desde las nuevas logísticas, las nuevas formas de producir, las nuevas formulas colaborativas, la economía de las transacciones, ademas de la revolución cientifica (nanotecnologias, robotización) que provoca una disipación de rentas, por esto los modelos económicos anteriores deben de adaptarse / reformularse, curiosamente Ducker en los 90 ya nos advertía de la nueva sociedad postcapitalista. En nuestro pais seguimos no adaptado la universidad enlazándola con las empresas, con modelos de triple o cuádruple hélice, y asi nos va, perdiendo los trenes que no paran.

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