13 de marzo de 2016

IMPOTENCIA

Vuelvo de un viaje a China, y se me acumula el trabajo: leer los últimos artículos sobre innovación, revisar twitter, actualizar el blog y escribir todo lo que tengo pendiente de escribir…  Las ideas me bullen en la cabeza, y el sentimiento de impotencia ante lo que se nos viene encima (China), la indignación por las continuas noticias de la crisis de los refugiados en Europa, y la tristeza por la pérdida constante de oportunidades me supera. Intentaré ordenar algunas ideas y noticias de los últimos días:

China es “otra cosa”. Otra civilización, otro modo de pensar y de relacionarse, otra dimensión, otra realidad… Sólo deciros que el área metropolitana de Beijing (la capital china y las ciudades que la rodean) conforma ya una megaorbe de 180 millones de habitantes. Más de la mitad de la población europea en un entorno urbano. ¿Se imaginan la potencia demográfica, investigadora, productora e innovadora de una concentración humana de ese nivel? Una gran apisonadora que nos pasará por encima en breve. China “sólo” va a crecer el 6,5% este año… Parece que su economía se para, pero es únicamente un espejismo. Un crecimiento anual del 6,5% es un crecimiento exponencial. A este ritmo tan “lento”, en sólo 12 años doblarán el tamaño de su economía, que ya es la segunda del mundo, con 11.000 billones de dólares (la americana es de 17.000 billones). A esta tasa de crecimiento, en cinco años serán la primera economía del mundo.

Mientras China vibra, pese a su aparente ralentización, Europa se convierte en Finisterre. Un continente triste, congelado e incapaz de tomar decisiones, en el extremo oeste del mundo. Si Julio Verne estuviera vivo, su Viaje al Centro de la Tierra sería un trayecto hacia el mar de la China. Europa ya no es el centro, es periferia vieja y oxidada. Periferia agarrotada, arterioesclerótica y avergonzada por la crisis de los refugiados, que sigue impactándonos con fotografías diarias dignas de la Segunda Guerra Mundial. Draghi ya regala el dinero para estimular la economía, pero sigue anclado en paradigmas obsoletos. ¿Cuándo entenderemos que la solución a la crisis es poner en marcha de una vez por todas la locomotora de la investigación, la innovación y la industria del conocimiento, impulsada por auténticos estados emprendedores? ¿Cuándo nos daremos cuenta que el futuro pasa por la inversión en proyectos innovadores, no por entelequias monetaristas? Mariana Mazzucato nos lo recuerda en Project Syndicate: ¿Cuántos millonarios deberíamos movilizar para desarrollar nuevas tecnologías que nos aproximen a un futuro de sostenibilidad? La respuesta es cero. La solución no es la filantropía voluntarista ni la movilización de fortunas privadas. Es el talento político y la estrategia de innovación de los países los únicos que pueden desarrollar sociedades del bienestar.

Y, mientras, seguimos observando avergonzados las fotografías que nos llegan de los campos de refugiados, en un momento de intensa paradoja: el cambio tecnológico sin precedentes nos permitiría resolver la mayor parte de problemas del ser humano. Peter Diamandis nos relata cómo la convergencia de varios campos de la tecnología (producción aditiva, internet, farmacia y nutrición) nos permiten ya, por ejemplo, sintetizar productos de diferentes materiales (titanio, plástico, cristal, cerámicas, piel, e incluso alimentos) mediante impresiones 3D, democratizando de forma absoluta la manufactura, la alimentación e incluso la medicina, llevándolas a la última milla en tiempo real. En un momento en que los laboratorios permiten generar, a partir de compuestos químicos, barras energéticas con las proporciones necesarias de proteínas, hidratos de carbono y vitaminas; cuando ya se prevé imprimir órganos enteros a partir de células madre, genéticamente idénticos (incluso mejores) que los originales; y cuando sabemos que la Tierra recibe del Sol más de 5.000 millones de veces la energía necesaria para el consumo humano (y podemos capturarla y distribuirla), los campos de Europa se vuelven a teñir de miseria, enfermedad, frío y hambre.


Alguien, en la esfera política, debería crear el “partido de la innovación” para, como mínimo, hablar de una vez por todas de lo que de verdad importa.

3 comentarios:

  1. Alucinante tu post Xavier. Ser ciudadano europeo me da vergüenza. Europa no está allí la altura. Europa está oxidada.

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  2. En realidad la idea de Europa es solo una unión de mercado, monetaria y financiera. Lo demás es un revestimiento irreal para legitimar lo anterior.

    Buen artículo. Saludos.

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