8 de diciembre de 2015

ESTO NO VA DE POST-ITS

Hay gente que todavía cree que esto de la innovación va de post-its. Montamos unos cuantos eventos para emprendedores, buscamos un coach, llenamos algunas paredes de post-its de colores, dibujamos unos cuantos canvas, prototipamos, incubamos (palabras de moda en el universo innovador) y… ¡Zas! Ya tenemos unas cuantas ideas transformadoras, convertidas en imbatibles modelos de negocio que nos catapultarán a la economía del siglo XXI: Bonos de compra por internet, la n-ésima red social para singles, o almacenes digitales de objetos perdidos.  Se trata de que el talento escondido aflore, impulsado por otro talento superior intermediador (los incontables asesores de emprendedores). Sumémosle el ecosistema de business angels y venture capitalists y ya tenemos la foto completa: un bonito mundo de flores, colores, filántropos despistados y tiburones financieros sobre el cual reposa la tremenda responsabilidad de la competitividad de las naciones.

No, señores, no va de esto. Las ideas geniales son necesarias, pero insuficientes para afrontar la dinámica competitiva del mundo global.  Si se tratara de llenar las paredes de post-its, Corea del Sur o Massachussets serían líderes mundiales de consumo de este producto. Difícil batir con post-its los 100.000 millones de dólares del último programa de I+D chino para que sus empresas dominen la física de semiconductores y se hagan con el liderazgo mundial de las telecomunicaciones y la electrónica de consumo, o las 700.000 patentes que genera ya el sistema chino de I+D (3 veces las de Japón o USA) ¿Cuántos post-its necesitaríamos para impulsar el cambio estratégico y la actualización de nuestros clústers industriales? En Singapur lo hacen con un programa de 200 M€. ¿Batiremos la industria 4.0 alemana, impulsada por potentísimos centros Fraunhofer a base de incubaciones y post-its? ¿Se puede ganar el liderazgo que imprimen los programas espaciales de la NASA en tecnología de materiales a con unos cuantos post-its de buenas ideas? ¿Tecnificaremos la industria, exportaremos y crearemos unos cuantos millones de empleos a base de post-its?

No, no va de post-its. Esto va de un sistema educativo que fomente las humanidades, la ciencia, la ingeniería y la iniciativa emprendedora como un todo, hibridándolas, sin sesgos ideológicos en favor de unas o en detrimento de las otras. Con estabilidad a largo plazo, formando ciudadanos con solidez humanista, espíritu crítico, rigor científico y vocación emprendedora. Esto va de extender obsesivamente el inglés como lengua de trabajo habitual. Esto va de estabilización de las carreras científicas, con sistemas meritocráticos y excelencia internacional. Y también va de desarrollar una política industrial ambiciosa, orientada a inyectar ciencia a la industria, mediante una administración tractora y un estado emprendedor que comparta el riesgo de los proyectos de muy alta tecnología. Esto va de crear un sistema de innovación capaz de competir en condiciones de igualdad con los países del entorno. Esto va de ciencia y tecnología. Y esto va de dotaciones presupuestarias.

En política de innovación se ha probado casi todo, excepto una cosa: dotarla de recursos. Porque la cosa va de recursos. Si, como ocurre en nuestro país, sólo el 0,9% de los Presupuestos Generales del Estado se destina al impulso de la I+D, cuando durante cinco años consecutivos cae la inversión en I+D/PIB y nadie parece alarmarse,  sólo nos queda rezar y comprar unos cuantos post-its.

Artículo publicado en Sintetia, el 08/12/15


1 comentario:

  1. Pareciera que los gobiernos, por lo menos en América Latina no han entendido la importancia del presupuesto para I+D.

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