7 de octubre de 2015

VOLKSWAGEN: ¿NUEVO LEHMAN BROTHERS?

La facturación de Volkswagen es equivalente al PIB de Catalunya, o al de Grecia. Una crisis del tamaño griego incrustada en el corazón industrial de Alemania. ¿Cómo ha podido suceder? Once millones de automóviles diésel trucados circulan por las carreteras del mundo, contaminando más de lo que sus sensores indican. Sensores que detectan cuándo el vehículo está pasando una inspección para falsear los datos de emisiones contaminantes. ¿Qué se va a hacer con ellos? ¿Se cambiarán simplemente los sensores? ¿Se cambiarán los sensores y se substituirán los motores por motores que contaminen por debajo del umbral permitido? ¿Se cambiarán sensores y motores y se indemnizará a los propietarios? ¿De once millones de vehículos? ¿Se afrontarán, además, demandas por responsabilidad civil e, incluso penal? Si lanzar residuos a un río supone una violación de la legislación que puede llevar penas de cárcel, ¿qué supone permitir que millones de automóviles circulen durante años intoxicando la atmósfera muy por encima de los límites permitidos? De momento, las multas esperadas superan los 18.000 millones de dólares.

Múltiples preguntas me vienen a la mente, además de cómo Volkswagen compensará a los afectados por este supuesto fraude. La primera es, crudamente, si la marca sobrevivirá. ¿Cómo puede Volkswagen recuperar la credibilidad después de este monumental despropósito? Posiblemente, sólo identificando muy bien las causas y responsables del error y comunicando claramente a la opinión pública qué ha pasado realmente. Esperemos que la alta dirección no tuviera constancia de esta manipulación. Si no, la propia subsistencia de la marca está en peligro. ¿Cómo recuperar el prestigio de la marca –y sus ventas- tras esta crisis?

La segunda es cómo afectará a la industria alemana. En un momento en que el mundo está volviendo a ganar confianza en la industria, y los países occidentales están lanzando agresivos programas de reindustrialización, la imagen de la industria (de toda la industria) puede quedar de nuevo comprometida ante la opinión pública. Debemos recuperar la confianza en ella. Volkswagen, como cientos de miles de empresas industriales pequeñas y grandes, son grandes generadores de valor, bienestar y empleo. No retomemos ahora el sentimiento de rechazo a la industria que existía antes de la crisis. ¿Y la imagen de Alemania? Uno de los iconos industriales europeos, la altiva industria germana, seriamente puesta en evidencia. Y quizá la solución sea, precisamente, que el gobierno alemán intervenga VW, como en su momento (y por otras razones) para evitar crisis sociales derivadas, tuvo que hacer Obama con Ford y General Motors.

La tercera es qué nivel de propagación tendrá esta crisis. No olvidemos que la industria del automóvil es la más globalizada del mundo. Una caída de ventas de un grupo como VW puede afectar a plantas industriales distribuidas por todo el globo. Y a las plantas de sus proveedores. ¿Y si las suspicacias alcanzan a otras marcas de automoción? ¿Y si resulta –esperemos que no- que falsear los datos de emisiones es una práctica más habitual de lo común? ¿Y si se multiplican los controles, se extienden a otras industrias –electrónica, electrodomésticos, química...- y aparecen nuevos casos? ¿Y si la crisis de VW provoca un efecto en cadena similar al que tuvo la caída de Lehman Brothers en septiembre del 2008, disparando la gran crisis financiera internacional? Dios no lo quiera, y no quiera que se congelen siquiera los planes de inversión previstos.

En cualquier caso, la industria del automóvil quedará seriamente tocada tras este episodio. Precisamente la industria que inventó y exportó al resto de sectores las técnicas de gestión de la calidad. Aquélla más exigente y sofisticada en la excelencia de sus procesos. También la más auditada y certificada. Y precisamente Volkswagen, la empresa con mayor inversión en I+D del mundo. Y precisamente una semana después de que Martin Winterkorn (ahora ya expresidente) anunciara en la Feria de Frankfurt los ambiciosos planes expansivos del grupo, especialmente en nuevos modelos eléctricos. Quizá la crisis de Volkswagen sea, justo, el gran boquete por donde se pueden colar rápidamente competidores disruptivos expertos en batería eléctrica, como Tesla, que provoquen una rápida substitución de la base tecnológica de la industria y un nuevo panorama competitivo.

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