18 de octubre de 2015

LA HAMBURGUESA MÁS CARA DEL MUNDO

Este verano se sirvió en Londres la primera hamburguesa creada en laboratorio, de un cultivo de células madre de ternera. Por primera vez, es posible generar productos de gran consumo, alimentos, sin la carga económica y medioambiental que representa la cadena de valor ganadera y de transformación de la carne. Ésta es, de hecho, la hamburguesa más cara del mundo (su crecimiento y ensamblado, fibra a fibra, sumergida en un gel biológico, costó 250.000 €). Sin embargo, la tecnología ha demostrado que generar hamburguesas en laboratorio (biológicamente idénticas a las auténticas) es posible.  Mirando hacia atrás, extrapolando lo que ha ocurrido con otras tecnologías experimentales, podemos anticipar que lo que viene ahora es una curva de mejora y reducción exponencial del coste de manufactura ¿Se imaginan qué puede significar la irrupción de esta nueva tecnología, una vez industrializada de forma masiva, a efectos de paliar el hambre en el mundo? Sumemos a este efecto (nuevos productos) el incremento de productividad que la tecnología ha aportado ya a la producción agrícola. Creo que podemos ser optimistas.

La famosa hamburguesa era sólo una primera prueba de concepto. Sabemos que tras una ola de innovación de producto, viene una ola de innovación de proceso, que permite reducir los costes de producción y extenderla a bases mayores de población. No sólo estamos asistiendo a crecimientos exponenciales de tecnología. También a reducciones exponenciales de sus costes, que permiten adopciones exponencialmente más rápidas por capas exponencialmente mayores de población. Si el coste de almacenar 1GB de memoria era de 10 millones de dólares en 1960, hoy es sólo de 0,1 dólar. Si el precio de producción de un watt de las células solares de silicio cristalino era de 80$ en 1977, hoy es de 0,7$. Si el coste de una hamburguesa de laboratorio es hoy de 250.000 €, dentro de diez años se generarán por 0,5 €.

Hace pocos días tuve el placer de invitar a una de mis clases al Dr. Nigel Fleming, uno de los más increíbles científicos y emprendedores del escenario biotech mundial, a quien tenemos la suerte de tener viviendo en Catalunya desde hace unos años. Nigel nos explicó su perspectiva sobre el crecimiento exponencial de la tecnología al cual estamos asistiendo, y las inimaginables oportunidades de nuevas iniciativas empresariales y sociales que nos confieren.

Nos habló del impacto del internet de las cosas (IoT), del Big Data o de la impresión 3D. Nos explicó el Human Microbiome Project: la caracterización de las comunidades de microorganismos que viven en asociación con el cuerpo humano (el cual incorpora bacterias en cantidades 10 veces superiores al número de células propias, 1000 veces superiores en número de genes, aunque representan sólo alrededor del 1% de nuestro peso corporal). La decodificación del microbioma (material genético de las bacterias, hongos, protozoos y virus que habitan nuestro organismo) puede proporcionar información sobre nuestro organismo en órdenes de magnitud superiores a la decodificación del propio genoma.

Pero quizá la parte más increíble de la charla fue la relativa a Craig Venter, el Steve Jobs de la genómica, y de sus avances en vida sintética. De cómo a partir de una combinación de líquidos y células neutras, vacías de ADN, Venter ha demostrado que es capaz de crear nuevos organismos con código genético programado, como si de software se tratase. La genómica como el software del siglo XXI. Podremos programar vida: bacterias que produzcan combustibles, nuevos medicamentos, o combatan el cambio climático absorbiendo CO2, entre millones de posibilidades. En 2014, Venter creó la empresa Human Longevity Inc, con la finalidad de extender indefinidamente la vida humana mediante el uso combinado de big data, genómica, microbiómica, proteómica y el uso de células madre. La empresa consiguió rápidamente 70 M$ de fondos de capital riesgo.


Avanzamos hacia una era fascinante dominada por la tecnología como formidable motor de progreso. ¿Seremos capaces de concentrar nuestros esfuerzos en I+D? ¿Seremos capaces de superar los extraordinarios dilemas éticos que nos va a crear? ¿Seremos capaces de extender sus beneficios a la totalidad de la humanidad?

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