27 de julio de 2015

CUATRO MODELOS DE COMPETITIVIDAD GLOBAL

Aunque nuestra visión de la competitividad internacional toma todavía como unidad de análisis la empresa individual, la dimensión país gana cada vez más relevancia: compiten empresas contra empresas, pero también, cadenas de valor contra cadenas de valor, ecosistemas nacionales de innovación contra ecosistemas nacionales de innovación y estrategias-país contra otras estrategias-país. No son las empresas chinas las que se lanzan a la competición global, es el modelo chino de competitividad el que invade la economía internacional. No son las start-ups americanas las que se convierten en fenómenos globales pocos años después de su nacimiento. Es el sistema norteamericano de generación y propulsión de  tecnología disruptiva el que lo facilita. No son las empresas alemanas las líderes internacionales en exportación de alta tecnología, es el sistema de impulso al Mittelstadt germánico (núcleo de PYMES innovadoras y exportadoras) el que lidera la creación de campeones globales como estrategia nacional.

Actualmente, se confrontan en la competición global, cuatro modelos de innovación nacional, perfectamente definidos y diferenciados:

Estados Unidos: Innovación disruptiva. Modelo caracterizado por un fuerte impulso público a la investigación académica de excelencia, muy competitiva, pero también a la generación sistemática de tecnologías disruptivas de aplicación industrial. Agencias como la NASA (Agencia Nacional para el Espacio y la Aeronáutica) o DARPA (Agencia de Proyectos Avanzados para Defensa) financian desarrollos de muy alta tecnología y muy alto riesgo que el mercado no financiaría jamás. Es incuestionable el efecto que las misiones espaciales, por ejemplo, han tenido en el liderazgo tecnológico e industrial americano desde la Segunda Guerra Mundial. Fenómenos como el Silicon Valley no son ajenos a estas políticas. DARPA originó internet. Sólo la NASA dispone de un presupuesto anual de I+D equiparable a toda la inversión pública y privada en I+D que se realiza en España cada año. Y esos desarrollos, pagados públicamente, para generar las últimas tecnologías en materiales, software, computación, o semiconductores, se convierten después en aplicaciones civiles comercializables internacionalmente. El sistema se completa con mercados financieros ultra-rápidos y eficientes que permiten el crecimiento de iniciativas de innovación disruptiva a la escala global en unos pocos años. Israel, el país más intensivo en tecnología del mundo sigue esta misma combinación de excelencia académica, soporte público al desarrollo industrial de tecnología de frontera, y mercados financieros de alta velocidad.

Asia: Planificación a la largo plazo. Desde hace varias décadas, el gobierno chino intenta convertir la economía china en líder global en tecnología e innovación mediante agresivos planes de inversión en I+D, atracción de centros de investigación internacionales y formación planificada de científicos e ingenieros. La etapa de convertirse en la gran fábrica de manufactura barata del mundo ha pasado a la historia. Recientemente, China ha lanzado un plan para desarrollar tecnología propia de semiconductores, dotado de 100.000 millones de dólares, en una iniciativa sin precedentes para seguir la estela de Japón, Taiwan o Corea del Sur. Dichos países han diseñado patrones de desarrollo estratégico impulsado por sus gobiernos, muy similares. Japón inmediatamente después de la II Guerra Mundial, Corea del Sur, Singapur o Taiwan hace 30 años, y, ahora, China. En una primera fase, se desarrollaron sectores auxiliares (normalmente alrededor de plantas de manufactura extranjeras atraídas por los bajos costes salariales). Acto seguido, dichos sectores empezaron a integrarse y a desarrollar sus propios productos (normalmente imitaciones de los extranjeros). Inmediatamente, sobre una cuidadosa planificación gubernamental y soporte presupuestario, esas empresas empezaron a desarrollar tecnología propia para independizarse del conocimiento externo, y a exportar. Y, en una última etapa, a partir de esos núcleos industriales, ya tecnificados y competitivos, se desarrollan capacidades científicas de última generación. Con este modelo, China ya supera a la UE en I+D/PIB, a Japón en I+D absoluta y a Estados Unidos en número total de patentes anuales.

Norte de Europa: Nuevo contrato social. En el siglo XVIII el filósofo ilustrado Jean-Jaques Rousseau postuló la idea de “contrato social”: los ciudadanos de un estado debían cumplir las leyes, a cambio de que ese estado les proveyera de seguridad y derechos. En el Norte de Europa, en el siglo XXI, implícitamente, se ha instaurado un nuevo contrato social por la innovación. Dado que el bienestar de las naciones se fundamenta en la generación y distribución de la riqueza, y dada la importancia del trabajo de calidad como estabilizador de clases medias y garante de la democracia, los estados del Norte se comprometen a financiar la I+D de sus empresas a cambio de que éstas crezcan y generen empleo de calidad. Finlandia financia (o, directamente, paga) la práctica totalidad de la I+D de sus pequeñas y medianas empresas. Alemania impulsa estratégicamente sus clústers industriales (su Mittelstadt, clave del éxito económico germano) mediante intermediarios institucionales de investigación industrial (centros tecnológicos, como los Fraunhofer) y constante financiación pública a proyectos de muy alta tecnología, orientados a consolidar, especializar y tecnificar sus PYMEs, especialmente en campos como la manufactura y la ingeniería. Por ello, las exportaciones alemanas de alta tecnología superan ya a las americanas (58% versus 42%). En España, el País Vasco es un ejemplo de modelo similar.

Sur de Europa: Desacoplamiento ciencia-industria. El Sur de Europa ha entendido el mensaje de la innovación sólo en clave científica. Las políticas públicas (en general, escasas y poco sensibles al tema) se han centrado en desarrollar capacidades científicas de corte académico, con la esperanza de que ese conocimiento se transfiera de forma natural a la industria. Esto no está pasando ni va a pasar. Ciencia e industria están desacopladas. No compiten como sistemas integrados en el mundo global. Se han desarrollado núcleos científicos, a menudo de excelencia, sin desarrollar de forma concurrente núcleos tecnológicos e industriales de excelencia. Se ha dejado al mercado la responsabilidad de esto último. Y el mercado no lo va a hacer sin estímulos, estabilidad y planificación pública. En España, con las honrosas excepciones de instituciones como ENISA o CDTI, muy infradotadas, no han existido políticas de compensación orientadas a inyectar ciencia a la industria.


En mi opinión, el modelo posible y necesario en el Sur de Europa es el del Norte de Europa. Se puede construir un modelo propio, Europeo, de competitividad global. Alemania lo ha hecho (no sólo controlando déficits, también diseñando e invirtiendo en un sistema integrado de ciencia y tecnología). Es urgente que tomemos nota.

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