23 de febrero de 2014

THE EUROPEAN GAP

Hace ya unos años, cuando se estaba gestando el programa RIS3 (“Regional Innovation Strategy- Smart Specialization”), la Unión Europea publicó uno de sus informes sobre innovación: “Connecting Universities to Regional Growth: A Practical Guide”. En dicho informe se pone de manifiesto y se caracteriza el “European Gap”: la tremenda distancia entre la ciencia y la realidad industrial existente en los países miembros (especialmente, en algunos).

Este gap se debe a la falta de instrumentos financieros disponibles en una parte de la cadena de valor del sistema ciencia-tecnología-industria: aquéllos que permiten la conversión del conocimiento en producto comercializable. La UE ha dispuesto tradicionalmente importantes instrumentos de financiación de las fases iniciales (ciencia), y ha instado a los estados a desarrollar potentes y competitivos sistemas científicos, bajo la hipótesis de que la ciencia generada fluirá de forma natural hacia la economía. La construcción de una sólida base científica es el punto de partida de todo sistema de innovación. Además, la dotación de recursos públicos para la generación de conocimiento, por el simple bien de la humanidad, es un principio exento de cualquier duda. La ciencia es el motor indiscutible del progreso, al sentar las bases del conocimiento y extender el espíritu crítico y el método de investigación a todos los rincones de la actividad humana. Y el conocimiento generado es, en general, público, disponible para cualquiera. No hay, por tanto, problema en destinar recursos públicos a la ciencia.

Genera muchas más dudas y es filosóficamente mucho más discutible destinar parte de esos recursos a la empresa. Efectivamente, financiar con recursos públicos una actividad empresarial, además de la sistemática duda sobre su ánimo de lucro, puede distorsionar gravemente la competencia. Especialmente, si además los diferentes estados miembros, regiones y administraciones locales entran en competencia por la atracción indiscriminada de actividades productivas (generadoras de puestos de trabajo) ofreciendo fondos al mejor postor para que se ubique en su área de influencia. Sin duda, la falta de control propiciaría una destrucción del funcionamiento natural del mercado y  de la libre competencia. Para ello, precisamente, están las leyes de la competencia europeas y, derivadas, el encuadramiento comunitario a la I+D, que permiten de forma singular financiar públicamente actividades de desarrollo tecnológico en empresas, puesto que existe un fallo de mercado en las mismas. El mercado no invierte en lo que no entiende, y, por ello, tiende a invertir de forma subóptima en I+D, aunque eso sea social y económicamente deseable. El mercado es cortoplacista y averso al riesgo, por eso detesta la I+D. Aunque la I+D industrial sea la base económica competitiva de las naciones.

Y todo ello nos lleva a la terrible paradoja europea: la lógica anterior, la propia cultura europea, y sus leyes, fomentan una concentración de recursos públicos, una focalización del esfuerzo innovador, en la generación de conocimiento público. Existen, por tanto, mecanismos públicos de financiación de investigación pública, y se siente aversión a financiar públicamente cualquier cosa que suene a producto comercializable. 

Simétricamente, no habrá capital privado dispuesto a financiar ciencia por el bien de la humanidad (salvo honrosas excepciones de mecenazgo). Y habrá poco capital privado dispuesto a financiar proyectos de investigación que no tengan una salida clara y rápida al mercado. En resumen, los recursos públicos tenderán a centrarse en las fases iniciales (ciencia, cuanto más básica, mejor), y los privados en las finales (producto, cuanto más comercializable, mejor). Los extremos de la cadena de valor están resueltos. En medio, no hay nada. O casi nada, en Europa, puesto que las fases intermedias (pruebas de concepto, prototipos y demostraciones de escalabilidad) son científicamente demasiado poco atractivas y, a la vez, demasiado arriesgadas e inciertas para la entrada de capital privado.

En otros ecosistemas, la lógica ha sido otra. En USA, los potentísimos mecanismos de compra pública innovadora financian el gap. En Japón, Corea del Sur, Singapur o Taiwan, la ciencia siempre ha surgido de la demanda industrial. En Israel, la solución se halla en fondos financieros mixtos (públicos-privados).

Europa, y sus estados miembros, de forma colectiva e individual, deben resolver este gap, o perderán definitivamente el camino del futuro y del bienestar... ¿Quo vadis, Europa?


19 de febrero de 2014

OLYMPIC GAMES AND CLUSTER EFFECT

Richard Florida, few days ago, tweeted some data about the sports productivity of different countries, measured in terms of medals per 100 bilion GDP, in Sochi Olympic Winter Games.

The results are amazing: they are not the superpowers who dominate the elite sports landscape. They’re small countries. And the explanation, in my opinion, is clear: Olympic productivity is not a matter of big countries. It is a matter of clusters. Specific places, cities, regions, or small countries are the correct environments to develop powerful sport systems, in the same way they’re the right context to develop powerful economic ecosystems. This is a question of microeconomics, culture and social networks (and, of course, strategy, long-term view, and resources provided by the administration). But the starting point is the local environment. Location, again, matters.

In Sochi we’ve seen how small countries outperform in medal productivity big international superpowers. Probably, due to the underlying culture of these countries. A culture that is forged by a specific history and a singular geography. In this case, a history related to mountain scenarios and cold weathers. People in these countries ski, slide and climb peaks since the prehistoric times to hunt and survive, developing specific techniques, transmitting them to the new generations, accumulating experience and knowledge along centuries. The abilities to compete in winter sports are embedded in the territory. And, superposed to these specific attributes, there have been long-term strategies and fine-tuned policies provided by their governments to improve even more the competitive capabilities of the athletes, to generate more sport vocations (from the early school), and to design the proper circuits to elevate the emerging talent to the international level.

This is exactly the same phenomenon as the economic cluster creation and emergence: concentration of talent and specific abilities (technology) in a given, small place. A phenomenon characterized by constant interaction to continuously improve techniques. Internal rivalry and external (international) competition. Support infrastructures and specialized suppliers (to design and sell skies, mountain equipment, etc.). Sophisticated demand, interest for these activities and support by people and by governments.

I’ve had the privilege of have seen the emergence of the Judo cluster in Central Catalonia along almost 40 years. In Manresa (a medium town in the geographical center of Catalonia), there is an astonishing concentration of Judo black belts, and an outstanding number of Judo practitioners among young people and child. The origin was the arrival of a first professor, in 1969, due to random reasons (he was destined to Manresa by the international company where he worked then). He, as a hobbyist, opened a first tatami (gym to practice Judo), and soon he had about 10-15 first practitioners. Ten years later, a entire generation of amateur young black belts was created by the founder. Towards 1985, a third generation of 25-30 new sportsmen started to compete in regional championships. Techniques were immature. Competition tactics, naïve. And no significant results were achieved. But the competitive pressure, the interaction with other regional clubs, and the first international stages improved dramatically the quality and quantity of techniques, and experience and specific knowledge started to accumulate. Some of the members of the new generations, who professionally decided to devote their lives to Judo practice and teaching, spun-out the original club and created their own tatamis. Some of them studied grades related to sports, became university teachers and even developed PhD in related fields (e.g: biomechanics, Judo strategy, etc.). The Barcelona World Championship (91’) and Barcelona Olympics (92’) gave a new prompt to the emerging Judo cluster. Grants were offered to the best competitors as a part of the Olympics program and regional training interchanges were scheduled. The close contact with top level competitors, and the building of supporting infrastructures due to the Olympics effort (like CAR, the High-Performance Centre funded by the Government of Catalonia) were a new step in the Manresa Judo progression. During the period 1995-2000, local young athletes not only succeeded to win Catalan and Spanish titles, but also obtained European-level results. The following years, new generations of judokas emerged. Judo penetrated deeply in schools, media and newspapers turned their attention to the local Judo success, technification centres were created and funded by city councils, new tatamis were opened… And, probably, the strong accumulation of experience and knowledge, fiercely stuck to the territory, will guarantee the practice of Judo in Manresa and surroundings for the next 100 years.

Creating clusters is a matter of local specialization, knowledge accumulation, strong relationships building, learning together, and internationally competing. In sports and in economy.


Thanks to Richard Florida for his brilliant analysis of the medal productivity in the last Olympics!

14 de febrero de 2014

CRECIMIENTO GLOBAL DE LA I+D

La National Science Foundation ha publicado recientemente su cuadro de indicadores de ciencia y tecnología 2014, con los últimos datos disponibles. Vale la pena echar un vistazo para ver, en primer lugar, la importancia que el gobierno de USA da a vectores fundamentales de competitividad como la formación específica en ciencia y matemáticas, el seguimiento del número de empleados en ciencia e ingeniería, la investigación y el desarrollo, la industria e incluso (inaudito en otras latitudes), las actitudes públicas y la comprensión del fenómeno de la innovación entre la población. No en vano, entienden que el conjunto de esos indicadores anticipa su competitividad, bienestar, productividad y capacidad de creación de empleo a medio plazo. La buena salud de dichos indicadores es, sin duda, un objetivo estratégico.

Llama la atención la distribución global de la I+D mundial a nivel de continentes. Europa está siendo desbordada por USA y por Extremo Oriente.


Y, si observamos las tendencias, vemos cómo el mundo está sufriendo un agresivo "attack from below" (ataque desde posiciones inferiores) de China y Corea del Sur, que mantienen una dinámica de crecimiento exponencial de su intensidad tecnológica. Los "ataques desde abajo" son característicos también cuando emergen tecnologías disruptivas, inicialmente despreciables, que desbancan a los líderes. 

USA y Alemania intentan no aflojar. Pero en Europa parece que sólo precisamente Alemania (y algunos países nórdicos, que no aparecen en el gráfico) compiten por el liderazgo tecnológico mundial, sabedores de que dicho liderazgo es la base de sus exportaciones. Francia y UK (por no hablar de otros países del Sur de Europa) languidecen embriagados por su gloria pasada. Ahora, el gigante dormido ya no es China. Se nos ha dormido Europa. ¿Despertaremos algún día?








8 de febrero de 2014

CICLOS DE SOBREEXPECTATIVAS (HYPE CYCLE)

El modelo del ciclo de sobreexpectativas es un instrumento de gestión desarrollado por la consultora Gartner, para representar la dinámica de introducción de nuevas tecnologías de ruptura en el mercado. Para Gartner, toda tecnología disruptiva sigue un ciclo que se inicia con una fase de disparo (triggering), en la cual no existe todavía un mercado definido, y no se han realizado pruebas de concepto. Pero, si la tecnología tiene potencial transformador en la sociedad y la economía, los medios de comunicación se empiezan a hacer eco de su posible impacto. Muy rápidamente, los primeros fondos de capital (en muchos casos, públicos o mixtos), son inyectados en incipientes modelos de negocio. Potenciales proveedores son atraídos. Más investigadores se interesan y aceleran el proceso de emergencia tecnológica. Los medios de comunicación (especializados, primero, y luego masivos), generan una inflación de expectativas. Se atraen nuevos fondos, y los mercados financieros giran su atención hacia esa tecnología (¿se acuerdan de la burbuja puntocom?). Se empiezan a financiar proyectos dudosos e inmaduros. Aparecen los primeros fracasos. Y, cuando las ideas originales planteadas se estrellan estrepitósamente (no olvidemos que una tecnología de ruptura sigue un camino de experimentación al mercado), o se da algún caso en que la tecnología no se ha podido escalar o ha fallado en alguna aplicación, las expectativas se hunden súbitamente en un canal de depresión. El mercado financiero se desvanece. Los inversores huyen. No obstante, algunos modelos de negocio sobreviven. Unos cuantos proveedores se especializan. De la elevada mortalidad de las primeras pruebas surgen productos líderes en sectores quizá inicialmente no previstos, y se cierran segundas y terceras rondas de capital riesgo. Es el segundo ascenso por la pendiente. Finalmente, se llega a un "plateau" de estabilización, en el cual la tecnología ha penetrado ya en un porcentaje significativo de su mercado potencial, e inicia su proceso de comoditización.

Gartner publica cada año su previsión de tecnologías emergentes, y la posición que éstas ocupan en el ciclo de sobreexpectativas. El último gráfico hecho público en abierto es el del 2013.



       

Se aprecia como la impresión 3D, según Gartner, está en su punto máximo de sobreexpectativas, esperando su madurez en un lapso de 5 a 10 años.  Internet de las cosas, gamificación, o la tecnología de “usables” (“wearables”) se hallan en la misma posición. Emergiendo de forma muy incipiente, quantum computing, smart dust o bioacustic sensing, con tiempos de madurez estimado de más de 10 años.

Los ciclos de hype son una actualización de las olas de Kondratiev, economista ruso (1892-1938) que postuló que las grandes recesiones económicas se deben a la emergencia de tecnologías de ruptura que inflacionan los mercados financieros, generando burbujas que explotan cíclicamente y originan profundas depresiones y conflictos sociales. Así, la Guerra Civil Americana habría sido consecuencia de las tensiones generadas por tecnologías emergentes a principio del siglo XIX, como el procesado de acero a gran escala y el ferrocarril. Las dos guerras mundiales y la Gran Depresión serían la consecuencia de la emergencia de las tecnologías de producción en masa, que siguió a la distribución eléctrica y la eclosión de la ingeniería química de finales del siglo XIX.  La crisis del petróleo de los 70 siguió a la expansión del automóvil y la industria petroquímica. Las crisis financieras del siglo XXI, inauguradas con el estallido del NASDAQ el 10 de marzo de 2000, no son más es el final del ciclo de Kondratiev de internet. La sobreexpectativa de internet vino seguida por una gran recesión tecnológica y una reasignación posterior de recursos a activos no tecnológicos (inmobiliarios y financieros) que todavía estamos pagando. La crisis subprime es el último coletazo de la ola de Kondratiev del silicio.


1 de febrero de 2014

SUPERANDO EL PUNTO DE EQUILIBRIO

El pasado día 30 tuve el privilegio de asistir a un acto en el Colegio de Economistas de Barcelona, invitado por el colectivo TECNOINDUSTRIA (conjunto de empresas comprometidas con el desarrollo tecnológico del país: Indo, Mier, Avinent, Ames, y La Farga Lacambra entre otras). En el mismo, presenté una comparativa sobre ecosistemas internacionales de innovación. Posteriormente, se celebró una mesa redonda entre los empresarios, con asistencia de Director General de Industria, Antoni Maria Grau.

Reflexionando sobre la discusión que tuvo lugar, llegué a la siguiente conclusión: hay sistemas de innovación que han llegado a su punto de equilibrio. El punto de equilibrio, en un plan de empresa, es aquél en que los ingresos compensan los costes incurridos hasta el momento. En muchos proyectos, se establece una meta emocional: hay que llegar al punto de equilibrio. Y, en demasiados casos, una vez se ha llegado al punto de equilibrio, se produce un cierto relax (“al menos, ya no perdemos dinero”). En la industria de la formación, esto es un clásico: se prepara un programa, se realizan las inversiones oportunas en faculty, instalaciones y publicidad, y se lucha desesperadamente para llegar al punto de equilibrio. Pero hay un detalle crítico: el alumno n+1 genera ingresos que van directamente a margen. El beneficio se genera cuando se supera el punto de equilibrio, así que hay que redoblar los esfuerzos cuando se llega al mismo porque cada unidad adicional producida es mucho más rica que las unidades previas. El punto de equilibrio marca la frontera entre perder o ganar dinero. Es el inicio del negocio, no el final. Un esfuerzo marginal en márketing, una vez superado el mismo, genera un efecto multiplicador en beneficios. El verdadero valor se genera a partir del punto de equilibrio.

Cuando hablamos de sistemas de innovación, Eugeni Terré, que diseñó el Primer Plan de Innovación de Catalunya, ya en 2001 conceptualizó las tres fases críticas de desarrollo de los mismos: CREACION DE MASA CRITICA CIENTÍFICA, TRANSFERENCIA TECNOLÓGICA Y DESARROLLO DEL ECOSISTEMA.

Efectivamente, en general (hay excepciones) en la evolución de los países líderes en innovación, se ha partido de una primera fase de consolidación de un sistema científico de excelencia, mediante la atracción de talento internacional, reglas de extrema competencia por recursos de investigación y el desarrollo de capacidades de generación de conocimiento competitivas a nivel global. En una segunda fase (que debería solaparse en parte con la primera), el reto es difundir ese conocimiento al entorno socioeconómico. Hoy sabemos que esa difusión no se da de forma autónoma: se precisan políticas de demanda (incentivos fiscales, ayudas directas, créditos blandos) que compensen a las anteriores políticas de oferta e incrementen la capacidad absortiva de la industria. Si todo ello se desarrolla correctamente, en una tercera fase, el sistema empieza a comportarse como tal, con dinámica propia: la interacción ciencia-industria fomenta el crecimiento y escisión de empresas de alta tecnología, la proliferación de emprendedores y la atracción de más talento y capital internacional.


Muchos sistemas han llegado o se encuentran en el punto de equilibrio, que en mi opinión, es la culminación de la primera fase, la consolidación de capacidades científicas. Se ha invertido, y se han obtenido objetivos científicos notables, en algunos casos, excelentes. Pero es el momento de no relajarnos. Retroceder significaría entrar en pérdidas, destruir lo que se ha construido durante años de inversión pública. Pero una unidad adicional de recurso público (en este caso, a la demanda) tiene efectos multiplicadores en el beneficio social: el deseado crecimiento económico y la generación de empleo. Ahora, más que nunca, hay que incidir en el esfuerzo público (marginal respecto al ya realizado) para activar la demanda de innovación industrial, apoyando la investigación concertada, especialmente en proyectos de interconexión entre centros de conocimiento y empresas.