28 de septiembre de 2014

SIN INVERSIÓN PÚBLICA NO HAY INNOVACIÓN

Hoy Enric Canela me ha citado en su blog, haciendo referencia a las políticas de innovación en Catalunya y a la necesidad de un sólido soporte público a las mismas. Me he permitido completar su post con otro post homónimo. Efectivamente, cada vez es más evidente que la construcción de un país innovador parte de unas políticas de inversión pública consistentes y estables en el tiempo. Atrás quedó la ortodoxia que pensaba que, si bien la creación de conocimiento (I+D) era tarea de los gobiernos (fundamentalmente en centros públicos), la responsabilidad única de la conversión de esa I+D en crecimiento económico y empleo era del mercado. Por tanto, invirtiendo en I+D pública, el resto iba a pasar solo.  

La competitividad de un país no depende de la cantidad de conocimiento que genere, sino de la rapidez con que éste se transmite al tejido productivo. Por ello, en Catalunya desplegamos hace años, desde la administración, una serie de instrumentos orientados a resolver los diferentes fallos del mercado, y a desarrollar un conjunto de agentes que configuraran un auténtico sistema de innovación. Entre ellos:

Instrumentos destinados a fomentar la transferencia tecnológica universitaria. La universidad es todavía una entidad demasiado inflexible. Los mecanismos de promoción del profesorado están basados en un elemento crítico: la publicación. Un profesor que desee promocionar y/o estabilizar su puesto de trabajo, literalmente no puede distraerse en un proyecto empresarial. A imagen de la Steinbeis Foundation (Alemania), en 1999, y bajo la dirección de Eugeni Terré, se inició el despliegue de la Xarxa IT (“Red de Innovación Tecnológica”), embrión de la futura red TECNIO, que pretendía generar un sistema de incentivos externos a la propia universidad (incapaz de ofrecerlos internamente) para detectar los profesores emprendedores, profesores con tecnología potencialmente útil para la industria, que desearan desarrollar grupos de investigación y transferencia de conocimiento. Dichos profesores debían definir un business plan para sus grupos de investigación, que debía ser autofinanciable en 3 años. La Generalitat ofrecía ayudas de arranque a los mismos. Los fondos extras provenientes del mercado permitían al propio grupo contratar más personal, adquirir nuevos equipos y crecer. De esta dinámica surgieron casi un centenar de grupos, como el Centro de Desarrollo de Sensores y Sistemas (CD6) de la Universitat Politècnica de Catalunya, que a su vez ha generado algunas de las mejores empresas de base tecnológica del país (Sensofar, Visiometrics o SnellOptics entre otras).

Instrumentos destinados a fomentar la emergencia de empresas de base tecnológica. Las empresas surgidas de entornos científicos son estratégicas para un país por su potencial de cambio del modelo productivo, por su propia productividad, por la generación de nuevos referentes sociales y económicos, y su capacidad de crear empleo de calidad.  Por definición, sus mercados son globales, y su componente tecnológico asegura una fuerte barrera de entrada a competidores. Sin embargo, una empresa de muy alta tecnología tiene un complicado camino al mercado, a menudo con tecnología no totalmente demostrada, modelos de negocio radicalmente innovadores y con emprendedores al frente sin patrimonio para garantizar su proyecto ante entidades financieras, ni conocimiento claro de las dinámicas del mercado. Miles de emprendedores de alta tecnología han salido frustrados de su contacto con la banca  comercial, y han renunciado en su empeño. También con business angels y con el capital riesgo (que prefiere negocios con tecnología demostrada). En Catalunya desarrollamos las ayudas “Capital Concepto”, operativas desde 2001, que pretendían apoyar al emprendedor científico en sus fases más primigenias (“early stage”), con fondos para demostración de tecnología, desarrollo del modelo de negocio y creación de equipo en sus primeros dos años de vida. Con este instrumento se lanzaban al mercado unas 40 start-up’s por año. De él surgieron empresas como Scytl (participada recientemente por Microsoft), Oryzon Genomics o Advancell, proyectos emblemáticos del sistema de innovación catalán. Para completar dicho instrumento, en 2009 se lanzó el Programa de Valorización de la Tecnología (“VALTEC”), con ayudas previas a la creación de empresas de base tecnológica, para investigación de mercados, prueba de concepto, y creación de maquetas y prototipos de tecnologías que debían probar su escalabilidad industrial.

Instrumentos para inyectar ciencia en la industria. En 2008 se inició el programa de Núcleos Estratégicos de Innovación Cooperativa. Su intención: financiar proyectos de muy alta tecnología en entornos industriales, cofinanciados por la industria en una proporción 3 a 1, y con subcontratación a centros de conocimiento. Los proyectos eran evaluados en clave científica, en primer término (sólo pasaban el filtro los de mayor reto tecnológico), y, de ellos, se seleccionaban posteriormente los de mayor impacto económico. El programa pretendía generar efecto adicional (los proyectos, por su nivel de exigencia científica, su riesgo tecnológico y su masa crítica –más de 1 M€ de presupuesto, jamás iban a ser impulsados por el mercado). El programa debía generar innovación disruptiva, crear relaciones de confianza entre empresas y centros de conocimiento, y configurar auténticos núcleos tecnológicos formados por empresas y grupos científicos (embriones de clústers tecnológicos). El efecto multiplicador era evidente: cada euro público se completaba con un mínimo de 3 más privados. Así, 20 M€ inyectados en 2008 se convirtieron en 80 M€ de inversión industrial exnovo en I+D (que, además, se completó con otros tantos en ayudas y créditos CDTI, pues los proyectos no aprobados localmente se direccionaban automáticamente a convocatorias estatales). Honestamente, creo que fue este instrumento el que propulsó la intensidad tecnológica en Catalunya hasta el 1,68% de inversión en I+D sobre PIB en 2008 (el máximo alcanzado hasta la fecha).

Respecto a los parques científicos y a los centros tecnológicos, es importante apuntar que también requieren –ambos- fuertes inversiones públicas. Pese a reconocer los tremendos errores de la política de parques científicos, y pretender siempre su equilibrio presupuestario, éstos no deben verse como unidades de negocio de entidades locales o universidades. Un parque científico no se crea para obtener un beneficio (obviamente, tampoco para perder dinero a raudales). Y, aunque esto hoy sea anatema, la administración debe apoyar, específicamente, aquellos proyectos no rentables, pero que tengan un retorno social y económico en el entorno. Los proyectos rentables surgen solos del mercado. Los parques científicos son elementos de transformación de la estructura económica, de atracción de nuevas inversiones y de generación de empleo de calidad. Todo ello es objetivo de la administración pública, que no debe pretender conseguirlo a coste cero, especialmente en su arranque. La administración debe invertir en ellos para conseguir externalidades (efectos económicos positivos en la economía). La difusión del conocimiento científico es una clara externalidad. Y, en cuanto a los centros tecnológicos (elementos esenciales de impulso a la I+D en PYMEs, incapaces de soportar estructuras propias de I+D), la lógica es la misma. Los centros tecnológicos deben desarrollar líneas de investigación muy orientada, concertadas con sus sectores de operación (de acuerdo con las empresas que participan en sus órganos de gestión). Según los estándares internacionales, 1/3 de su presupuesto debería ser de naturaleza pública. Cuando se elimina el soporte público, los centros tecnológicos, de forma natural, desplazan sus actividades a proyectos más inmediatos, buscando la pura supervivencia, y se convierten en ingenierías al uso, sin función en el ecosistema de innovación.


La mayor parte de estos instrumentos desaparecieron o fueron diezmados con el estallido de la crisis y las inestabilidades políticas. Esperemos que se recuperen muy pronto. Aunque parezca hoy una herejía, el sector público debe gastar (o invertir) cada vez más en actividades de innovación si queremos transformar el tejido productivo. Hay que apoyar centros tecnológicos y parques científicos. Hay que financiar proyectos empresariales de muy alto riesgo. Hay que ayudar económicamente a PYMEs que quieran investigar. Hay que superponer recursos de transferencia a los de investigación pública. Sin una fuerte inyección pública (que soporte la I+D pública, pero también la empresarial), como sostiene Mariana Mazzucato, autora del best-seller “The Entrepreneurial State”, estaremos matando el verdadero corazón del capitalismo: la innovación.

1 comentario:

  1. Ostes, quantes coses cal sentir que alteren el sistema límbic de la gent que cada mes hem de lluitar per pagar les nòmines dels empleats.
    Senyors i senyores, és el moment d'unir les intel•ligències d'intel•lectuals, empresaris i estudiants com següents actors de la societat del futur. Des de la poltrona i tenir un bon sou cada més d'poden dir aquestes coses i més ... poca gent les llegir i els polítics les ignoren per que tenen la paella agafada pel mànec, ahir, avui i per molts a anys més. He deixat d'atendre el curs que dirigeixo Curs Superior en Desenvolupament de la Innovació a càrrecs directius de l'Administració pública, per intentar posar calma i promoure la humilitat, l'harmonia i l'afecte.
    Intento estudiar a qui té idees sobre el nou paradigma de la innovació, Xavier Marcet, és un exemple viu i enriquidor sobre és important tema.

    Qui denúncia malbarataments amb seguretat encerta en el seu paper de fiscalitzador. Qui vota polítics imperfectes ha estat i és còmplice de la situació. Què cal generar un canvi i el Pensament Innovador, és l'eina amb seguretat per actualitzar l'ortodòxia i la doctrina de gestió en les universitats i en l'Administració Pública, i crec personalment en aquest ordre.

    Hi ha indicacions que esperar canvis, és com una "carta als reis mags". Des del meu distància i valorant la utilitat del meu temps, siguiero "treballar tots" a repartir recompondre responsabilitats i promoure qui (d’antre tots els intel•lectuals de Catalunya) li posa el "cascavell al gat" per d'una manera disruptives objectivar l'eficiència en formar amb "valors ètics socials" a la universitat en el moment de desenvolupar una neteja als quals no aportin aquest "calze necessari" a més d'exigir que els polítics es "formen". Per a tot això cal passes del confort només pensar i cal baixar a la "sorra" i fer-ho.

    Quinze minuts del meu temps en aquest missatge ... i no tinc més. Em falta vida per empènyer tot el que volgués "el progrés" per la via de la formació a càrrecs decisors.

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