6 de abril de 2014

LOS 10 ERRORES DEL EMPRENDEDOR

Recupero unas notas tomadas en una sesión de Lluís Pareras, Director de Innovación y Entrepreneurship del Colegio de Médicos de Barcelona. En ellas se detallan los diez errores de planteamiento más usuales de emprendedores que se enfrentan por primera vez a una ronda de financiación de operadores de capital riesgo. Acceder a financiación de fondos profesionales de capital riesgo genera grandes incertidumbres en el emprendedor, que por un lado ve la oportunidad de obtener liquidez para hacer crecer su proyecto, y por otro percibe la amenaza de perder el control de su empresa. Los diez errores clásicos son:
  1. Mi idea vale una fortuna. ¡Error! Una idea no vale nada. Todos tenemos cada día cientos de ideas, que no valen nada. El valor de una idea depende de su ejecución. Es más, una mala idea con un gran equipo al frente, y una buena ejecución, suele generar más valor que una idea genial con un equipo mediocre y/o una ejecución deficiente. Y el liderazgo y calidad del equipo marcarán claramente la diferencia. Guillermo Dorronsoro parafraseaba en su último post a Alejandro Magno: “Nunca he temido a un ejército de leones conducido por un cordero. Más le temo a un ejército de corderos conducido por un león”.
  2. Siempre seré el máximo ejecutivo. ¡Error! El reto inmediato de un proyecto de start-up es conseguir un equipo competente y comprometido. La empresa, si hay suerte, crecerá, cambiará y se enfrentará a diferentes y sucesivos retos estratégicos. Es casi imposible que el emprendedor lidere de forma correcta todas las fases de desarrollo de la compañía. La evolución natural de la misma exigirá nuevos liderazgos
  3. La dilución de capital es nociva. ¡Error! Si un inversor valora la start-up en, por ejemplo, 2 M€, e inyecta 1 M€, su porcentaje de capital al cerrar la operación será del 33%. El emprendedor pasará a poseer, del 100% inicial de la compañía, sólo un 66%. Y este proceso se irá repitiendo a medida que se produzcan nuevas rondas de financiación, hasta posiblemente perder el control. Pero más vale poseer el 0,1% de una empresa global que valga cientos de millones de euros, que el 100% de una iniciativa embrionaria y seca de liquidez para continuar.
  4. La calidad significa triunfo.¡Error! La calidad se da por supuesta en cualquier proyecto empresarial. Es un factor higiénico. Necesario pero insuficiente. Con una calidad excelente, sólo podemos aspirar a ser aceptados en el mercado, no a liderar el mismo. Para ganar, además de calidad, necesitaremos otros muchos atributos: una estrategia diferencial, un producto exclusivo, capacidad de crear barreras de entrada a la competencia, y un equipo de élite, entre otras muchas cosas.
  5. Todo el mundo me quiere. ¡Error! El emprendedor suele estar enamorado de su proyecto. Especialmente, cuando tiene formación científica, y el proyecto es de base tecnológica. Los emprendedores de este campo suelen enamorarse perdidamente de la tecnología, creer que es genial, o que es perfecta. Si la dirección científica toma el control de la compañía, estamos perdidos. Es una excelente práctica someter la idea al test de diferentes puntos de vista (de usuarios potenciales, de líderes de opinión, de expertos sectoriales…). Las críticas acertadas en fase inicial, por duras que sean, valen su peso en oro.
  6. Daré soluciones para todos. ¡Error! Cuando la idea es incipiente, pero intuimos que tiene gran potencial, tendemos a querer abordar todos los segmentos de mercado a la vez. Es preciso focalizarnos. Es mucho mejor centrarnos en un primer segmento pequeño, que sirva a la vez de laboratorio de test para el modelo de negocio y/o la tecnología, y expandirnos rápidamente a partir del mismo. Si en el mercado existen competidores más grandes, generalmente despreciarán un ataque de prueba de una joven start-up a un segmento pequeño,  y es más fácil sorprenderlos con una expansión rápida desde un pequeño punto de apoyo inicial.
  7. No es el momento para empezar. Miedo escénico. Numerosos emprendedores tienen miedo a la entrada de capital riesgo, por temor a lo desconocido, a entrar en un mundo corporativo complejo… A menudo, incluso, se echan atrás ante un pacto ya cerrado y a punto de firmar. El tiempo corre, y, en un entorno de cambio acelerado normalmente es mejor un plan (de empresa) mediocre hoy (y aprender rápidamente de la experiencia) que uno de perfecto dentro de seis meses.
  8. Mantengámoslo en secreto. ¡Error! Si una idea no puede ser contrastada con nadie por miedo a que la copien, es que no es una buena idea. El emprendedor, o el equipo, deben disponer de capacidades críticas para desarrollarla. Si cualquiera puede hacerlo, debemos plantearnos por qué no se ha hecho ya. Y, en todo caso, cómo vamos a crear barreras de entrada y evitar que nos copien.
  9. Engañaré al Capital Riesgo. ¡Error! Los inversores son profesionales muy experimentados en el desarrollo de negocio, normalmente con especialidades y experiencia sectorial. Rápidamente detectarán la calidad de la idea, del emprendedor, de la estrategia, y la verosimilitud de los datos y las proyecciones financieras de los planes de empresa presentados. Antes que el nuestro, han analizado en profundidad miles de ellos. Más vale ser humilde, sincero y mostrar compromiso y talento, que mostrar exceso de pretensiones o escenarios imposibles.
  10. Si lo hago, todos vendrán. ¡Error! Nadie va a acudir espontáneamente, ni clientes ni inversores, por una idea que se antoje fantástica. La negociación con el capital riesgo será larga, sacrificada y generalmente dura. Todos deberemos hacer concesiones. Y los clientes (que, no olvidemos, deben ser la fuente financiera fundamental), tampoco van a acudir de inmediato. Deberemos estar preparados para experimentar continuamente y realizar un ejercicio permanente de prueba y error antes de dar definitivamente con el mercado.

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