16 de marzo de 2014

UN PAÍS DE PIZZERÍAS O DE MICROPROCESADORES

Artículo publicado en La Vanguardia del 16/03/2014

En noviembre de 1996, Telepizza empezó a cotizar en el IBEX, el índice bursátil selectivo español. Los accionistas que pagaron 0’7 euros por acción las podían vender dos años después a 9’92, obteniendo una plusvalía del 1300 %. Telepizza era el paradigma de un gran modelo de negocio innovador: pizzas calientes entregadas en casa en 20 minutos. Algo inaudito en 1996. Un modelo de negocio fácilmente interpretable por el mercado, con un producto comprensible por parte del consumidor, y con necesidades financieras escalables. El tipo de empresa innovadora que el mercado genera y financia espontáneamente. La prueba es que en nuestro entorno se crean continuamente grandes empresas innovadoras, porque existen grandes emprendedores y talento empresarial suficiente: Zara, Mango, Desigual, Privalia, Tous, o Imaginarium son ejemplos similares. Para que dichos fenómenos empresariales emerjan sólo son necesarios empresarios tenaces, un entorno de seguridad jurídica, y reglas de juego de libertad económica, comunes en todas las economías desarrolladas.  La innovación próxima al mercado la genera el mismo mercado, en cualquier parte del mundo donde exista iniciativa empresarial y un contexto económico y jurídico estable.

Sin embargo, la emergencia de empresas de alta tecnología sigue otra dinámica. Es muy diferente si deseamos que surja una empresa como Intel, Microsoft, Hewlett Packard o Google. La aparición sistemática de este tipo de compañías requiere otros escenarios. En primer lugar, precisa de  un entorno empapado en conocimiento, de un clúster tecnológico: un monstruo de los semiconductores, como Intel, necesita ingenieros y científicos permeables con la estructura productiva. Necesita manufacturing y ciencia trabajando de forma concurrente. Precisa una base científica consolidada durante años, que permita que algún joven emprendedor surgido de la ciencia ose explicar al mercado qué es un microprocesador. Y el mercado no lo va a entender. ¿Cómo explicar qué demonios es un microprocesador cuando nadie lo ha visto antes, cuando el mercado no lo demanda, y cuando no existen aplicaciones claras al mismo? ¿Cómo describir el color rojo a un ciego? “Un dispositivo de silicio programable y multiuso”. ¿Quién financiaría un Intel en su año 0? 

El mercado entiende perfectamente qué es una pizza, pero no entiende qué es un microprocesador. Por eso, nadie en su sano juicio va a financiar un proyecto basado en una tecnología de ruptura en sus fases más primigenias. Cuando el mercado no existe, cuando se ha de crear,  las estimaciones de retorno económico son inciertas. Aunque esa tecnología pueda dar lugar a productos rompedores e incluso a nuevas industrias. Por eso se precisan políticas públicas dedicadas, específicas, contundentes, de consolidación de la base científica, y de soporte obsesivo a los emprendedores de base tecnológica en sus fases más embrionarias. Por eso en España no emergen grandes empresas tecnológicas, aunque sí lo hacen grandes modelos de negocio innovadores. El primer comprador de microprocesadores de Intel fue la administración norteamericana, que actuó como “lead user”, cliente lanzadera.

¿Queremos un país de pizzas o un país de microprocesadores? Los países capaces de vencer este fallo del mercado, y de generar sectores de alta tecnología son países con índices de desempleo dramáticamente más bajos, con empresas que generan mayores márgenes, pagan mejores salarios y permiten rápidas reinversiones en nuevos proyectos de crecimiento. En I+D, sólo nos queda una opción: seguir avanzando más, con mayor fuerza y decisión. Nuestros competidores internacionales lo están haciendo sin vacilar. Y no dar ni un paso atrás en lo que ya se ha conseguido. De ello depende la salud competitiva de nuestro país y el futuro de nuestros hijos. Necesitamos situar la I+D en el centro de las políticas económicas. Necesitamos una sociedad civil conjurada para proteger e incrementar las inversiones en I+D, públicas, privadas y mixtas. Tras el gran esfuerzo de los últimos años, un euro público marginal destinado a I+D consorciada entre empresas y centros de conocimiento va directamente a la creación de empleo de calidad. Salir de la crisis ajustando costes y salarios es un espejismo, la antesala del próximo desastre. El talento huye de las organizaciones baratas. Ganaremos el futuro con innovación, tecnología y ciencia. La innovación nos diferenciará, nos hará atractivos y nos hará crecer en los mercados. La tecnología nos fortalecerá, creando barreras de entrada a la competencia. Y la ciencia nos hará imbatibles. 

¿Dónde quiere que trabajen sus hijos: en una pizzería o en un centro de diseño de microprocesadores?

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada