25 de marzo de 2014

EL AUTOMÓVIL: SECTOR ESTRATÉGICO

Artículo publicado en El Periódico, 25/03/2014

Hace pocos días hemos sabido que SEAT contratará 450 personas en Martorell para iniciar un tercer turno en la producción del modelo León. Una excelente noticia. En los primeros meses del año, las entregas de dicho modelo experimentaron un crecimiento del 46%. Los signos de mejora son evidentes en todo el sector del automóvil europeo, como ha quedado plasmado en el reciente Salón Internacional del Automóvil de Ginebra, con unas previsiones de incremento de ventas del 3% en el continente, según la OICA (Organización Internacional de Constructores de Automóviles). Un incremento que puede ser substantivamente superior en España, dado el impacto de la crisis y la debilidad de la demanda de los últimos años.

El sector del automóvil es el más competitivo e intensivo en tecnología del mundo. No en vano, Volkswagen, matriz de SEAT, es hoy la empresa con mayor presupuesto de I+D a nivel mundial, seguida de Samsung (electrónica), Roche (farmacéutica),  Intel (semiconductores) y Microsoft (informática). Volkswagen invierte hoy en I+D cuatro veces más que Apple. Y tenemos el privilegio de disponer en Catalunya del único centro integral de desarrollo de vehículos del Estado (el Centro Técnico de Seat, que ocupa más de 1.000 ingenieros), de la empresa más intensiva en tecnología del mundo (Volkswagen). Poca gente lo sabe, y quizá no lo apreciemos lo suficiente.

El sector del automóvil es también una inmensa escuela de buenas prácticas de gestión. Innovaciones disruptivas en organización, como fueron la producción en masa, o el just-in-time, nacen en el sector y se difunden al resto de la industria. Como lo hizo la gestión estratégica de compras y de la cadena de suministro, la calidad total, o la ingeniería concurrente. El automóvil,  paradigma de producto complejo, es una bomba generadora de tecnología y management al servicio de la economía y del progreso mundial.

España ha jugado, tradicionalmente, un buen papel en el escenario de producción automovilística internacional. Desde mediados del siglo XX, numerosas multinacionales del sector se instalan en el país, atraídas por una buena relación coste-calidad en los factores de producción. Dichas multinacionales desarrollan potentes sectores auxiliares locales y hoy, aún después de la crisis, España es el segundo fabricante de automóviles de Europa (detrás de Alemania) y el 12 del mundo;  y el sexto proveedor mundial de componentes. A nivel europeo, el automóvil genera más de 10 millones de puestos de trabajo. Europa, liderada por Alemania, sigue siendo la gran potencia fabricante de automóviles del mundo, con más del 24% de la producción global, y un 58% de la generación internacional de patentes del sector.

La industria del automóvil en Catalunya, según datos de la Conselleria de Industria, factura 14.000 millones de euros, un 10% del total de la cifra de negocio del conjunto de la industria catalana. Representa el 25% del total del sector en España y genera más de 100.000 empleos, directos e indirectos. Catalunya es uno de los grandes polos de automoción de Europa: a las dos grandes fábricas OEM (Fabricantes de Equipos Origen, Original Equipment Manufacturer), SEAT y NISSAN, que exportan más del 80% de su producción, cabe sumar la presencia de un conjunto de más de 150 proveedores globales de primer nivel (“Tier 1”), como Doga, Ficosa, Gestamp, Denso, Peguform, Lear, Bosch, Valeo, Faurecia o Delphi. El ecosistema del automóvil se completa con infinidad de proveedores de segundo y tercer nivel, así como proveedores especializados en desarrollo tecnológico, como IDIADA (centro de referencia mundial en sistema de test, que cuenta con la pista de pruebas de nuevos vehículos más avanzada de Europa), centros tecnológicos como ASCAMM, LEITAT, CETEMMSA, CTM o BMEDIA, o centros de investigación como CVC (Visión por Computador) o CIMNE (Métodos Numéricos).

Catalunya, pues, cuenta con una intensa tradición automovilística, con la presencia de todos los elementos de la cadena de valor del sector (desde centros de diseño e I+D hasta fábricas de equipo origen), y una demanda sofisticada (básica para la emergencia de un clúster internacionalmente competitivo), reflejada en la celebración del Salón Internacional del Automóvil en Barcelona, el Circuito de Catalunya, y la existencia de la primera compañía del estado en asistencia al automovilista (el RACC, Real Automòbil Club de Catalunya).

Existen numerosos retos tecnológicos por afrontar, entre ellos la irrupción del vehículo eléctrico, con el previsible cambio estructural que provocará: un vehículo sin motor puede rediseñarse por completo (imaginemos un coche que libera el espacio del motor, y es traccionado por dispositivos eléctricos anexados a cada rueda). No sólo puede cambiar radicalmente el diseño, también el parque de proveedores (un coche eléctrico, por ejemplo, no necesita tubo de escape), los liderazgos en la industria (¿podrían los líderes del futuro ser compañías eléctricas?), y los propios modelos de negocio (interesante el caso –de sobreexpectativas y de fracaso- de la start-up Better Place en Israel). Sea como sea, el coche del futuro debe liberarse del combustible fósil o, al menos, de las emisiones de CO2. Deberá ser un vehículo ultra-seguro (sostenibilidad y seguridad serán factores clave de compra). Y, cada vez más, se parecerá a un superordenador móvil. El vehículo del siglo XXI estará completamente sensorizado e interconectado a la red de movilidad, subconjunto de la red global de datos. ¿Por qué no, al salir del párking, conectar a un centro de control que nos asigne automáticamente un slot vial –como los aviones- y nos guíe a destino, evitando congestiones?

Disponemos de todos los ingredientes para seguir liderando el futuro. La estructura productiva española y catalana sale de la crisis con flexibilidad renovada. Catalunya tiene activos innovadores para dar servicio al sector. La previsión de fabricación de vehículos a nivel mundial es optimista: más de 100 millones de unidades en 2018, con ingentes mercados potenciales en Asia, Sudamérica y África. El volumen de producción se ha duplicado en 22 años, según datos del recién constituido Clúster del Automóvil de Catalunya. La formalización de dicho clúster, una vieja aspiración de la industria, constituye un gran paso adelante en la organización del sector: el clúster puede ser el catalizador de la conexión definitiva entre centros de conocimiento (universidades, centros de investigación, y centros tecnológicos) y la estructura industrial. La finalidad: proyectar globalmente el sector, solventar los retos de innovación existentes, y permitir que el automóvil se sitúe en el lugar que le corresponde en nuestra estructura industrial, como verdadero sector estratégico de la economía catalana.



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