27 de abril de 2013

DIME QUÉ DESEMPLEO QUIERES Y TE DIRÉ QUÉ POLÍTICAS ANIQUILAR

Existe un consenso claro en la literatura económica en que las verdaderas fuentes de riqueza, crecimiento y bienestar social de las naciones radican en su capacidad de investigar, innovar y producir de forma competitiva. En definitiva, en la solidez de su sistema de ciencia, tecnología y empresa (básicamente, industria). Si esto es así, centramos las fuentes de valor en la fortaleza y estabilidad de sus políticas microeconómicas (política de investigación, de transferencia tecnológica, de innovación, de desarrollo industrial, de fomento de la iniciativa emprendedora y de clústers, básicamente). La dinámica macroeconómica es incontrolable, pero la tendencia en el largo plazo y la diferenciación competitiva vendrá dada por el enfoque microeconómico, por la construcción de territorios innovadores.
Los últimos datos de paro en España son terroríficos. ¿Pero, existe alguna relación entre innovación y desempleo? Efectivamente: el desempleo es inversamente proporcional a la estabilidad e inteligencia de las políticas de innovación y al compromiso de los gobiernos con ellas. Me he permitido tomar unos gráficos que el compañero Guillermo Dorronsoro, Decano de la Deusto Business School y vicepresidente del centro tecnológico IK4 ha colgado en su interesantísimo blog Euskadi TM


No hace falta decir nada más... El desempleo decae exponencialmente cuando se incrementa el índice de innovación. Dime qué desempleo quieres y te diré qué políticas de innovación has de liquidar en esta locura austericida que estamos viviendo.

¿Dónde está el fomento de las políticas de innovación en el paquete de medidas anunciado por el Gobierno tras los desastrosos datos de paro publicados ayer?
(Muchas gracias, Guillermo)

21 de abril de 2013

INNOVACION ADAPTATIVA O TRANSFORMADORA

Continuando con la reflexión del último post, sobre mamuts y sapiens, cabe de nuevo pensar en la naturaleza de la innovación. Como explica Albert Riba, los mamuts no se adaptaron a su entorno, y se extinguieron. Los sapiens no sólo se adaptaron, sino que transformaron su entorno e hicieron que el entorno se adaptara a ellos.

¡Importantísimo! A medida que vamos conociendo más sobre el fenómeno de la innovación, lo vamos perfilando y delimitando. Y una característica fundamental es que la innovación, en su máxima expresión, tiene poder transformador. Efectivamente, hablamos de innovación cuando conseguimos transformar el entorno, en nuestro caso, el entorno económico.

Veamos. Supongamos que en un determinado país se da un inesperado cambio legislativo que impide vender productos a una empresa dada. Esa empresa puede ideárselas para modificar la composición de sus productos para conseguir volver a entrar dentro del marco legal y reemprender sus operaciones. ¿Está innovando? Hasta cierto punto, posiblemente. Seguramente estará explotando con éxito nuevas ideas o nuevo conocimiento, por tanto, estará innovando. Lo hará bajo alta presión, asumiendo riesgo de fracaso. No obstante, el mayor riesgo es no abordar el cambio, lo cual supone el cierre de sus operaciones. La empresa se adapta a un entorno que se ha vuelto adverso e innova de forma reactiva. Pronto dejaremos de pensar que esto es innovación, es simple adaptación forzada.

Una estrategia de seguidor (follower) sigue una lógica similar. Si un competidor lanza un producto, podemos analizarlo, intentar aportar novedades sobre el mismo, y desbancar al líder (que ha asumido el riesgo del lanzamiento, y, si la ha habido, el riesgo de la I+D). Esperar e imitar conlleva poca o nula innovacion, aunque en términos económicos signifique explotar con éxito nuevas ideas (definición de innovación). El lanzamiento de un nuevo producto innovador en primicia (el comportamiento del líder), por contra, significa de hecho, una modificación del entorno competitivo.

Y es ahí donde hallamos el mayor exponente de la innovación: la innovación transformadora. Aquélla que es capaz de cambiar las reglas del juego del sector, que reescribe las leyes de una industria, que modifica el contexto competitivo. 

Apple rompe las reglas del juego de la electrónica de consumo clásica, con una modificación de los patrones de compra, que pasan a depender del diseño industrial y la elegancia de producto, en una extraordinaria combinación de arte y tecnología. El iPhone impone un nuevo diseño dominante en la industria del móvil, transformándola y conectándola con la industria de internet. Google, a su vez, marca las condiciones de contorno (y especialmente, los patrones de entrada) a esa industria. McDonalds reinventa el tablero de juego de la industria de la restauración. Ikea la del mobiliario. Tous la de la joyería. Renault cambió la configuración de la industria del automóvil europeo con la introducción de un nuevo formato: el monovolumen (con su Espace). O BMW, inaugurando la gama SUV (Sportive Utilitary Vehicle, 4x4 compactos de lujo). Los MOOCs (Massive Online Open Courses) cambian el escenario competitivo de la formación universitaria... Y así, podríamos listar  infinidad de innovaciones transformadoras.

Si Vd quiere ser aniquilado del mapa competitivo, no cambie. Si quiere sobrevivir, espere al cambio e innove para adaptarse (si tiene tiempo de hacerlo). Si quiere liderar la industria, aproveche los momentos de estabilidad financiera para imponer sus propias reglas del juego: innove de forma transformadora.

14 de abril de 2013

MAMUT O SAPIENS


Conocí a Albert Riba en una entrevista en ACCIO, hace unos meses. He asistido dos veces a la presentación de su libro “Mamuts o Sapiens”, la primera en el Círculo de Economía de Barcelona, y la segunda en Creacció, la agencia de innovación de Vic, hace pocos días. Siempre es un placer escucharle, y notar las vibraciones que su entusiasmo emprendedor transmite y contagia.

Para Albert, la decisión crítica ante los retos de nuestras vidas es clara: ¿quieres ser un mamut, o prefieres ser un sapiens? Los mamuts se extinguen porque no son capaces de adaptarse a los cambios del entorno, mientras que los sapiens no sólo se adaptan sino que son capaces de cambiar el entorno, de modificar el medio para que éste se adapte a ellos. Yo añadiría un elemento más: no todos los sapiens son capaces de ello, ni todas las tribus de sapiens saben cambiar su medio. Son los sapiens emprendedores los que son capaces de hacerlo, y son los territorios innovadores, donde habitan algunas tribus específicas, los que emergerán como auténticas zonas sapiens del futuro. En esas tribus habitan agentes de cambio, como Albert Riba, que con su entusiasmo, crean modelos culturales de referencia y contribuyen a la creación de una cultura innovadora extensible a toda la tribu.

Siguiendo con la analogía de Albert, y situándonos en una época tan apasionante como la prehistoria, dos apuntes más: hace unos días acompañé a mis hijos a ver la película Croods. ¡Totalmente recomendable para los apasionados de la innovación! El film relata cómo una tribu de antiguos sapiens se ve obligada a salir de su caverna a causa de un terremoto. Hasta el momento, el miedo era su gran aliado. Los sapiens eran devotos del miedo: el padre sapiens enseñaba a sus hijos a tener miedo. Ser temerosos de todo era su garantía de seguridad, mientras tuvieran la caverna mano. Ante cualquier temor, ruido o sombra del exterior, inmediatamente se encerraban en ella, y podían sobrevivir (con hambre y frío, de forma miserable, pero sobrevivían). El binomio temor-caverna era el eje de su concepción del mundo. Hasta que una aparente tragedia (un terremoto que hunde su gruta) les fuerza a salir al exterior y a enfrentarse a nuevos retos (que solucionan con aprendizaje y tecnología: aprenden a utilizar el fuego, aprenden a vestirse y calzarse, descubren el mar y zonas más cálidas, domestican animales…). Moraleja: la falsa seguridad de una oscura caverna era una trampa. El desarrollo como especie estaba en la exploración, en el descubrimiento de nuevos horizontes… El progreso es un fenómeno emprendedor. Sólo con iniciativa emprendedora se avanza hacia el futuro.

Y un tercer apunte: en Semana Santa, visité las cuevas de Niaux, en el Sur de Francia. Una de las pocas cavernas con pinturas prehistóricas originales de 14.000 años de edad que todavía pueden visitarse. Invito a todos a descubrirlas, en un apasionante viaje filosófico a las entrañas más profundas de nuestro origen. Tras recorrer casi un kilómetro de laberínticas galerías, con la ayuda de linternas, en lo más profundo de una inquietante y enfangada cueva, se llega a una gran pared recubierta de figuras de renos, bisontes y caballos. Con una impresionante perspectiva, proporcionadas, increíblemente realistas… Es difícil describir la trémula y profunda emoción que me embargó ante aquellas muestras de arte plástico paleolítico. ¡Nuestros antepasados de 700 generaciones atrás me hablaban en primera persona!

Aquellos hombres recorrían ese kilómetro hasta el fondo con antorchas, en un auténtico y estremecedor viaje hacia el más allá, y tomaban su tiempo para realizar obras de arte en las entrañas de la tierra. Imagino el miedo terrible que alguno de aquellos artistas pioneros debía tener en ese trayecto: si la antorcha se apagaba, jamás podrían salir de la cueva y morirían de hambre y locura en la oscuridad. No había indicio de luz para guiar hacia la salida. No pintaban en las zonas exteriores, sino en las más profundas e inaccesibles de la caverna. ¿Por qué? Probablemente para ponerse a prueba, en una especie de viaje iniciático hacia lo inexplorado. El hombre jamás ha podido evitar su atracción por lo desconocido, y, a la vez, ha demostrado siempre su fascinación por el arte y la necesidad de crear para transcender. Y eso, precisamente eso, es lo que lo ha convertido en ser humano.
Las emociones de esos hombres primitivos cuando avanzaban con antorchas y tizones hacia el interior, ¿no eran similares a las actuales de un emprendedor cuando avanza en el conocimiento de su modelo de negocio o un científico cuando avanza hacia la frontera del conocimiento? ¿No existe una conexión intensa, ancestral, entre pintar en la oscuridad del paleolítico y lanzar una start-up en la era del silicio?

Creatividad , iniciativa y acción. ¿Les suena? Entrepreneurship en estado puro. Grandes lecciones de emprendimiento que vienen de lo más profundo de la noche de los tiempos. Nuestros antepasados nos han dejado la herencia de la innovación y la iniciativa emprendedora. Quizá el espejismo ha sido el de los últimos años: falsa comodidad y rutina. Quizá la culminación y el fracaso de la edad contemporánea ha sido convertirnos en pequeños mamuts. Quizá la incipiente era del conocimiento nos vuelve a impulsar a ser seres humanos, sapiens emprendedores. Quizá, realmente, la crisis es la gran catapulta de cambio hacia nuestros verdaderos orígenes, hacia nuestra verdadera naturaleza: ser sapiens emprendedores. Y, sin duda, Albert Riba nos ayudará a ello.

10 de abril de 2013

MANAGEMENT Y POLITICA

Una de las grandes aportaciones que el siglo XX ha dejado a la historia de la Humanidad, sin duda, ha sido la eclosión del management como disciplina científica.

Peter Drucker ya postuló que el siglo XX fue el siglo de las organizaciones. Si, hasta entonces, las personas trabajaban y vivían de forma básicamente autónoma, desde el pasado siglo, se trabajaría y se viviría en el seno de organizaciones formalizadas (empresas, asociaciones, ONGs, clubs deportivos). Y, a lo largo de dicho siglo, pioneros como Frederick Taylor, Max Weber, Alfred Sloan, Edith Penrose o Michael Porter desarrollan, desde diferentes perspectivas, un nuevo cuerpo de conocimiento científico para gestionar organizaciones, el management, el "acto de concentrar individuos para cumplir los fines deseados, utilizando de forma eficiente y efectiva los recursos disponibles" según Wikipedia. "El management comprende la planificación, organización, dirección, liderazgo y control de una organización". Según Gary Hamel, otro de los grandes pensadores de management contemporáneos, el management es una tecnología social, la tecnología de conseguir que las cosas se hagan. Como tecnología, el management es conocimiento en acción. Y como cuerpo de conocimiento, el management es una disciplina científica, sometida a teorización y experimentación. Sabemos, en definitiva, desde una perspectiva de ciencia social, qué funciona y qué no funciona en la dirección de organizaciones.

Estudiar un MBA, es un apasionante paseo por dicha disciplina. El management se segmenta en conocimiento sobre marketing, recursos humanos, operaciones, logística, finanzas, teoría organizativa o gestión tecnológica, entre otras. Pero cualquier conocedor de las ciencias del management sabe que, básicamente, existen dos esferas fundamentales de gestión: la estrategia (máximo exponente de la práctica directiva), y la ejecución. Gestionar correctamente una organización pasa por dotarla de una buena estrategia (que precisa una diagnosis certera de la situación, una propuesta diferencial de valor, y un plan de actuaciones consistente y coherente), y ejecutar dicha estrategia con sistemas de control que permitan corregir desviaciones. Pero algo sorprendente me ha llamado la atención últimamente: en un curso de gestión organizativa no se habla jamás de política. ¡¡¡La política está ausente del management!!!!! (Bien, no es del todo cierto: sí que se habla de política, en negativo, como la generación de coaliciones de intereses parciales en el seno de las organizaciones, que suele distorsionar el buen funcionamiento de las mismas).

¿Sorprendente, no? La disciplina que estudia científicamente la gestión de organizaciones desprecia la política. Entonces, si asumimos que un país, un gobierno o una administración son organizaciones (conjuntos organizados de recursos humanos, materiales y económicos que persiguen un fin determinado), ¿qué sentido tiene la política? ¿No estaremos ante un error monumental de gestión, y no nos daremos cuenta que la política como institución es una distorsión de la práctica organizativa?

Imaginemos que cada cuatro años cambiaran los directivos de una multinacional, y los empleados escogieran entre "los rubios" y "los morenos". ¿Cuántos años se precisarían para llevar esa empresa (o ese país) a la quiebra? Lamentablemente eso es lo que pasa en nuestras administraciones ante cada cambio político.


Hagamos el ejercicio opuesto: imaginemos que un país se gestionara con criterios de management científico. Los ciudadanos podrían votar un senado de 100 sabios (científicos, filósofos, directivos...) de incuestionable reputación y prestigio internacional, el 50% de los cuales, por ejemplo, fuera renovado cada 4 años. Ese senado contrataría un equipo profesional de gestión, de calidad incuestionable, en una selección internacional, que configuraría el gobierno (presidentes, ministros y consejeros). El presidente del gobierno podría ser un experto finés, americano o japonés... El senado marcaría los objetivos de crecimiento económico y bienestar social, y el equipo de gestión definiría el plan estratégico para conseguirlos. Se someterían a evaluación continua, y, en el caso de desviaciones en los indicadores de control, serían despedidos y reemplazados.

La política, cuando penetra en la administración, es la perversión del management. Sin política, sólo con management ¿no funcionaríamos mejor?

6 de abril de 2013

FINANCIACIÓN DE LA INNOVACIÓN, CLAVE PARA CRECER

Artículo mío publicado en El Periódico de Catalunya el pasado 04/04/13: aquí.

En España no se innova porque no existen (ni han existido) instrumentos específicos de financiación de la innovación. No es porque hayan peores científicos, ni empresarios incapaces. Tampoco por falta de talento, iniciativa, creatividad o conocimiento. El problema es puramente financiero. No se ha desarrollado un mercado financiero público, privado, ni mixto, capaz de impulsar proyectos de alto riesgo tecnológico. 

1 de abril de 2013

CUANDO LA CIENCIA NO ES SUFICIENTE

Recientemente se ha publicado el Innovation Union Scoreboard 2013. Los líderes europeos continúan siendo Suecia, Alemania, Dinamarca y Finlandia (por este orden). España continúa en uno de los pelotones de cola, el de "innovadores moderados", junto con la República Checa, Grecia, Hungría, Italia, Lituania, Malta y Portugal. De este grupo, sólo Grecia presenta un comportamiento peor al de España, con un decrecimiento del 1,7% en su índice compuesto (España ha mejorado en un mísero 0,9%, mientras que Italia -en el mismo grupo- mejora en un 2,7% o Lituania en un 5% ). España, pues, se sitúa en las posiciones de cola, perdiendo gas respecto a su grupo.
 
Dicho índice se conforma por 25 indicadores divididos en "habilitadores" (calidad de los recursos humanos, sistema científico e instrumentos financieros de soporte), "actividades empresariales" (inversiones privadas, actividad emprendedora y activos intelectuales), y "outputs" (resultados de innovación en empresas y efectos económicos). España sobresale de forma destacada en uno de los parámetros: publicaciones científicas internacionales (199 puntos, cuando la media de la UE-27 es 100). Pero fracasa estrepitosamente en otros parámetros como inversión empresarial en I+D (53/100), inversión en capital riesgo (53/100), aplicaciones de patentes PCT (37/100), o retornos internacionales de las patentes (12/100). El esfuerzo investigador está desconectado de la realidad económica del país. Investigamos, pero no innovamos.
 
Según INE, el indicador de innovación por excelencia (inversión en I+D/ PIB) ha caído en España del 1,39 al 1,33% en 2010-2011. La media europea es del 2,03%. Y el objetivo europeo 2020 es del 3%. ¿Lo conseguiremos? No con las políticas actuales: haciendo lo que siempre hemos hecho, conseguiremos lo que siempre hemos conseguido. Y, con políticas de innovación low-cost, aún conseguiremos menos.
 
¿Y en Catalunya? Recientemente, hemos sabido por FECYT que el impacto de las publicaciones científicas catalanas está un 44% por encima de la media mundial. Es un excelente dato, resultado de una década de sólida, constante e inteligente política científica. Pero, ¿cómo contribuye esto a la prosperidad del país? No podemos ser autocomplacientes. Según INE, la intensidad innovadora ha decaído en Catalunya del 1,68% al 1,55% en dos años, alejándonos velozmente de los objetivos y de la media europea. En paralelo, el número de empresas consideradas innovadoras (que desarrollan actividades de I+D o nuevos productos) se ha reducido en un dramático 34% entre 2008 y 2011.
 
En España, sólo País Vasco y Navarra, con decididas políticas sistémicas, de integración entre ciencia, tecnología y clústers, sostenidas con tres décadas de cooperación estratégica entre administraciones, centros de conocimiento y empresas, avanzan decididamente hacia una economía del conocimiento, pasando del 1,95 al 2,10% y del 1,97 al 2,05% en I+D sobre PIB, respectivamente, en los últimos años.
 
En resumen, mi diagnosis de la situación es la siguiente:
 
- Una buena política científica es necesaria, pero absolutamente insuficiente para impulsar una auténtica economía de la innovación.
- No creo que las empresas locales sean especialmente estúpidas y "no hayan hecho los deberes". Las empresas se comportan de forma racional y predictible en todas partes. Son igualmente aversas al riesgo en España, en Alemania, Corea del Sur o USA. No caigamos en falsos tópicos: se han creado las condiciones de contorno y la sensibilidad social suficiente para incrementar los indicadores científicos del país, pero no se ha hecho lo propio con el desarrollo industrial y las políticas de competitividad. Se han establecido los sistemas de incentivos necesarios para que la ciencia despegue, y ha despegado. Pero, en términos generales, no ha existido estrategia industrial. El cambio del modelo productivo en base a conocimiento, ni está ni se le espera.
- Aquellas comunidades donde se han integrado las políticas, se ha abordado el problema de la competitividad de una forma sistémica (ciencia-tecnología-empresa), y se han generado los incentivos para desarrollar de forma concurrente centros de conocimiento y clústeres de alta tecnología, son las que mayor éxito internacional demuestran y mayor inmunidad al paro y a la crisis. Es cierto que País Vasco y Navarra tienen el concierto económico, pero también es cierto que han realizado aproximaciones integrales al problema, evitando subóptimos locales.
- No habrá sociedad ni economía del conocimiento sin substrato industrial que la soporte.
- Mientras se entienda que política científica y política industrial son dos realidades disjuntas y conectadas sólo por voluntarismos ingenuos, el país está condenado al fracaso en la intensa competición económica del siglo XXI.