6 de diciembre de 2013

HAPPIER: LA FORMULA DE LA FELICIDAD

Había una vez un perverso delincuente que había llevado una vida terrible de crímenes despiadados. Al morir, se encontró sobre una nube, frente a un ser angelical, el cual le dijo que, a partir de aquel momento, cualquier deseo le sería servido inmediatamente. Sólo tenía que pedirlo. El delincuente, consciente de su vida disipada, sonrió, seguro de que estaba en el paraíso. Dios se había equivocado. En los días siguientes, pidió todo lo que le apeteció: los mejores manjares, exóticas bebidas, mujeres bellas… Hasta que, al cabo de un tiempo, empezó a aburrirse. Le preguntó al ángel si podía trabajar para conseguir alguna de las cosas que le eran ofrecidas. El ángel le respondió que, en aquel lugar, todo le sería concedido excepto la posibilidad de luchar por lo que deseara. Poco después, frustrado, desesperado y a punto de enloquecer por la falta de retos y de motivaciones, el delincuente confesó al ángel que estaba allí por error. Que le dejara ir al otro lugar. El ángel, cuyos suaves rasgos se tornaron demoníacos, le contestó con una sonrisa cínica: “este es el otro lugar”.

La historia está extraída del libro “Happier” (“Más feliz”), del profesor Tal Ben-Shahar. “Happier” es también uno de los cursos más demandados de Harvard. Ben-Shahar, un experto en Psicología Positiva, ha estudiado de forma científica los fundamentos de la felicidad, y el resultado de su investigación no puede ser más sorprendente: la felicidad no existe. O, dicho de otro modo, no se puede ser “feliz” de forma absoluta. Sin embargo, sí se puede ser “más feliz”. La felicidad no es un concepto estático, sino dinámico. Se puede ser, comparativamente, más feliz de lo que se ha sido, más feliz que ayer, pero jamás se puede ser feliz de forma absoluta. Ben-Shahar pasa revista a una serie de experiencias de personas que han logrado importantes metas profesionales, académicas, deportivas o personales, y halla un denominador común: la verdadera felicidad se obtiene durante el camino hacia la meta. Una vez conseguido el objetivo, la felicidad se disipa, y son necesarios nuevos retos para volver a motivarse y a ser feliz. La plenitud se halla cuando se disfruta con lo que se hace, y, a la vez, se aspira a conseguir un determinado objetivo. El alpinista disfruta con el ascenso, y se ilusiona con la idea de conquistar la cima. Una vez conquistada, la felicidad no consiste en mantenerse largas horas en ella, sino en emprender el viaje hacia una nueva cumbre.

Si esto es así, la Psicología Positiva complementa y enriquece substancialmente las teorías organizativas sobre innovación. La felicidad está en el camino. La felicidad, como concepto dinámico, está asociada al cambio. Sólo el cambio (o, mejor dicho, el cambio dirigido, el cambio personal, el liderazgo del cambio –no evidentemente el cambio inducido-) produce la plenitud. No en vano, “emoción”, “motivación” o “movimiento” tienen la misma raíz latina (“movere”). Los antiguos clásicos ya sabían que es el movimiento (la iniciativa y la acción) lo que emociona y produce la motivación humana. Por ello, los tres conceptos (emoción, motivación y movimiento) comparten raíz etimológica. La psicología nos dice que alcanzamos la plenitud cuando buscamos una meta ilusionante. Y eso, en el contexto organizativo, significa salir de la rutina y participar en nuevos proyectos. Significa salir de la dinámica operativa de la empresa (del día a día) y participar en nuevas aventuras exploratorias. En proyectos de novedad, de innovación. La innovación es, posiblemente, la más estimulante de las actividades organizativas.

Y es que cuando un individuo está en un contexto estático, sometido a las mismas rutinas diarias durante años, conviviendo con las mismas personas, en las mismas estructuras de poder, con el mismo entorno relacional, se encuentra sometido a una de las peores torturas psicológicas: la imposibilidad de aprender. Quien no puede explorar novedades no recibe alimento intelectual. No aprende. 

Sorprendentemente, cuando millones de personas aspiran a la estabilidad extrema, cuando demasiados de nuestros jóvenes desean ser funcionarios o vivir en el seno de grandes organizaciones burocráticas inertes al cambio, las últimas investigaciones en Psicología Positiva nos indican que la verdadera plenitud se alcanza, precisamente, cuando nos marcamos nuevas metas y luchamos por conseguirlas. La estabilidad produce infelicidad.

Seremos felices sólo en la medida en que nos activemos,  imaginemos, emprendamos, transformemos, cambiemos, innovemos, luchemos, actuemos y nos movamos en búsqueda de nuevas metas ilusionantes. 


4 comentarios:

  1. Muy buen artículo, me recuerda a lo de ser soltero o casado. Cuando tienes uno quieres lo otro.

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  2. Muy documentado e interesante post. Me quedo con el mensaje: El cambio no es una necesidad, es una obligación. Emprender para aprender y con ello poder abrir la puerta del progreso. Y, si cuando la traspasas además te duchas de felicidad... Ostas,... esto hay que difundirlo¡¡¡

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  3. Muy muy cierto. Me siento totalmente idenntificada. Gracias y feliz Navidad!
    http://www.youtube.com/watch?v=n543eKIdbUI

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