30 de diciembre de 2013

BALANCE DEL 2013 Y PREDICCIONES DE FUTURO

Cerramos un año que ha significado un punto de inflexión en la evolución de la economía mundial. Parece que se ha estabilizado la crisis de la zona euro, y que estamos saliendo realmente de la recesión. Sin embargo, España sale de las turbulencias económicas más graves de los últimos 80 años con un modelo competitivo low-cost: competimos de nuevo, pero competimos rebajando salarios y  costes. Y, una de las partidas que más hemos recortado, ha sido la de la I+D. Esto nos va a pasar factura. Ya lo dijo Michael Porter, “la eficiencia operativa no es estrategia”. Salimos de la crisis con mayor eficiencia operativa, pero continuamos sin estrategia.

Emergen con fuerza los modelos de innovación social: cómo solventar los problemas del capitalismo a través de las propias reglas del capitalismo. Cómo cubrir los espacios que el sector público está abandonando mediante empresas rentables que generen un dividendo económico, y, a la vez, social. Creo que este va a ser uno de los grandes debates del futuro: desde la extensión de los modelos cooperativos y de participación de los trabajadores a la irrupción de un nuevo fordismo (la necesidad de revertir parte del valor generado por la empresa en los propios empleados, con salarios dignos, permitiendo que a su vez puedan adquirir los productos manufacturados). Sólo así se podrá incrementar la demanda interna, tan necesaria para el crecimiento y, especialmente, para el crecimiento equilibrado de los países. Sólo así será sostenible la democracia. Y un nuevo modelo de pacto social será necesario, incrustado en la estrategia económica, en que gobiernos, empresarios y trabajadores se comprometan a mantener actividades productivas locales asegurando su competitividad global en el futuro mediante un delicado equilibrio de apoyo al crecimiento y a la generación de empleo por parte de los primeros (ofreciendo facilidades financieras en actividades de riesgo, como la I+D), asegurando reinversiones (por parte de los segundos), y conteniendo salarios y garantizando flexibilidad operativa (por parte de los terceros).

Pienso que la crisis ha puesto en cuestión el liberalismo extremo como práctica óptima para la implementación de políticas económicas. Y también el fracaso de los modelos matemáticos puros como base de modelos económicos aplicados al desarrollo de sociedades. Las matemáticas no siempre son un instrumento eficaz de resolución de problemas humanos, y maximizar el bienestar de los ciudadanos es un problema social, no matemático. Los modelos son aproximaciones a la realidad, que no siempre funcionan en la práctica, especialmente cuando los comportamientos humanos no siempre son racionales. Deberemos proteger la economía de mercado, pero sin construir una sociedad de mercado. Y para ello, quizá, en los próximos años, veamos nuevos perfiles y nuevas propuestas de liderazgos económicos. Quizá los ministros de economía del futuro estarán más orientados a la gestión de organizaciones complejas (con el componente de liderazgo y de inteligencia emocional que ello requiere), y sean mucho más sensibles con el desarrollo tecnológico. La tecnología como factor de producción. Factor que puede incrementar exponencialmente la productividad de las naciones. Al fin y al cabo, en la tecnología se encuentra buena parte de las soluciones a los problemas humanos, y uno de los principales objetivos de los responsables económicos de los países es crear entornos que faciliten y aceleren el cambio tecnológico.

En el juego global, no competirán los países, competirán los ecosistemas locales de innovación. Sistemas impregnados en conocimiento, donde no es tan importante la cantidad de conocimiento generado sino la velocidad con que éste fluye a la economía. El incipiente fenómeno de reshoring anticipa el repliegue de la locura deslocalizadora y la reconcentración de actividades en sistemas locales. Sistemas donde las ciudades jugarán un papel esencial como núcleo aglutinador. Y la irrupción de tecnología como la impresión 3-D vuelve más acusada que nunca la “smily line” de la cadena de valor: el valor económico se concentra en las actividades iniciales de la cadena (I+D, diseño,  propiedad intelectual), y en las finales (márketing, personalización y servicio añadido a la venta). La manufactura empieza a desvanecerse, tal como la hemos conocido hasta ahora, y su peso económico en la cadena es cada vez menor.

Dos mujeres han irrumpido decisivamente este año en el conocimiento sobre el fenómeno innovador: Mariana Mazzucato, profesora de la SPRU (Science and Technology Policy Research) de la Universidad de Sussex, ha demostrado en su libro “The Entrepreneurial State” que las innovaciones disruptivas sólo pueden ser financiadas por los gobiernos. Se pone en evidencia el rol crítico de la administración pública como último agente schumpeteriano, dando lugar a un nuevo modelo de kenesianismo, el keynesianismo tecnológico. Y Rita Gunther McGrath, de la Columbia Business School, nos dice algo que ya anunciábamos en este blog hace un par de años: el fin de la estrategia. En un mundo en cambio permanente, la única ventaja competitiva sostenible es la innovación sistemática. Mc Grath acuña el concepto de “ventaja competitiva transitoria” en su best-seller “The End of Competitive Advantage”.

Se extiende también el emprendimiento como cultura y forma de vida. Esto es extraordinariamente positivo. El movimiento internacional “Lean Start-Up” ha sido el gran catalizador. Miles de jóvenes persiguen ahora su libertad individual y su sueño de crear su propio negocio y gobernar su vida. Algo inaudito, impensable en Europa hace unos pocos años. Una nueva generación de emprendedores, de fuerte cultura global, está tomando el liderazgo del futuro.


Este año, finalmente, la innovación, como concepto de management, se ha reforzado y se ha tornado más exigente: la innovación incremental, la market-pull, la derivada de escuchar al cliente, pronto será insuficiente e, incluso, perderá la categoría de innovación. La innovación será radical o no será. Y será cada vez más tecnológica, más capacity-push, incubada en organizaciones más lean, y creará olas de ventaja competitiva más transitoria, menos perdurable. Por eso, la capacidad de innovar sistemáticamente, será la verdadera competencia estratégica de toda organización.

¡Feliz e innovador 2014!

3 comentarios:

  1. Muchas gracias Xavier. Y Feliz Año Nuevo

    http://pacienteradiologia.blogspot.com.es/2014/01/premio-dardos.html

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  2. Muchísimas gracias, Charo! Felicidades por el Premio Dardos, y gracias por proponer mi blog como uno de los merecedores a dicho premio!
    Un fuerte abrazo y muy feliz 2014!

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  3. Excelente artículo Xavier.

    Coincido plenamente con tu punto de vista. Me atrevería añadir además la innovación en marketing y publicidad. Algunas empresas como Coca Cola están haciendo verdaderas maravillas al respecto (e.j. lo de los dichosos nombres en las latas, por mencionar un ejemplo), y algunas compañías están creando grupos de innovación en marketing y publicidad, en lugar de externalizar las campañas.

    Saludos,
    Ángel

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