9 de noviembre de 2013

COMPETITIVIDAD NACIONAL, TRABAJO EN EQUIPO

Hace años, se impuso una corriente de management que pretendía buscar modelos de gestión para convertir las empresas en auténticos sistemas de innovación. Dichos modelos inicialmente se concebían como lineales y orientados a la tecnología (alguien, dentro de la empresa, investigaba algo que posteriormente se pasaba a producción y, finalmente, otras personas –el departamento comercial-  lo vendían). Poco más tarde se comprobó que los modelos lineales eran ineficientes, pues ni toda oportunidad se origina en los departamentos de I+D, ni el camino al mercado es secuencial, ni el mercado va a absorber todo lo que los departamentos comerciales intenten inyectarle. Finalmente, se impusieron los modelos sistémicos: la organización debía actuar como sistema (conjunto de partes interconectadas donde el cambio en una de ellas se valoriza en su conjunto). Un sistema, pues, es un conjunto de elementos relacionados, que conforman un todo integrado. La innovación se podía generar en cualquier parte del sistema e impactar a cualquier otra parte del mismo. La innovación, de hecho, era un trabajo de equipo dentro de la organización. 

Pero pronto se concebiría la empresa como un agente de un sistema superior. En la Cumbre de Lisboa del año 2000, Europa se propuso “convertirse en la economía basada en conocimiento más competitiva del mundo” para el 2010. En la misma cumbre, se determinó que la unidad de análisis en política de innovación era la región, que por su coherencia y homogeneidad cultural y productiva, y por el grado de interconexión de sus agentes (capaces de generar relaciones de confianza en la proximidad), sería la plataforma ideal para construir auténticos sistemas de innovación. En los entornos de dimensión regional, los agentes de ciencia, tecnología y empresa deben jugar en equipo. Euskadi y Catalunya empezaron entonces a construir sus sistemas.

Competiremos desde los sistemas nacionales, regionales o locales de innovación, creados sobre redes sociales próximas. Y en esos sistemas (redes territoriales de universidades, centros de investigación, emprendedores, industrias de manufactura avanzada y administraciones eficientes y comprometidas) la velocidad de transformación del conocimiento en productos sofisticados que se exporten internacionalmente será el factor clave de éxito. Incrementar la productividad del país, su competitividad y su riqueza es un trabajo de equipo, un objetivo de sistema.

No lo estamos haciendo bien. Me duele terriblemente comprobar que en el último Regional Competitiveness Index de la UE, Catalunya caiga 47 posiciones. Existen muchas explicaciones para dicha caída, y probablemente en este momento sea muy difícil asignar recursos públicos a la construcción del sistema de innovación. Esperemos que lleguen tiempos mejores para que esos recursos se destinen a la innovación.

Sin embargo, me siento fuertemente comprometido con el sistema de innovación de Catalunya, y quiero pensar que, si no se destinan recursos, es porque realmente ahora es imposible. No comprendería que fuera por falta de información o por ideología mal entendida. Sólo hay que ver hacia dónde va el mundo y cómo los países de referencia se toman la construcción de sus sistemas nacionales de innovación como una prioridad estratégica. Estratégica de verdad, con asignación contundente de recursos como corresponde a una opción estratégica cierta. Recientemente hemos leído cómo Singapur ha asignado 330 millones de euros al desarrollo de clústers de alta tecnología, cómo Finlandia destina 570 M€ a impulsar start-up’s tecnológicas, o cómo la Chief Scientist Office de Israel dispone de 450 M€anuales para proyectos de investigación consorciados con el sector privado (recordemos que, comparativamente, Israel tiene una población, PIB y dimensión prácticamente idénticas a Catalunya). Contra eso competimos y con eso nos comparamos (o lo intentamos)

Despertemos de una vez. Quitémonos los apriorismos ideológicos, diseñemos un potentísimo sistema integrado de ciencia-tecnología-empresa (estamos en condiciones de hacerlo). Trabajemos en equipo. Y, en cuanto tengamos la más mínima posibilidad, destinemos recursos públicos de forma contundente. 

Si no lo hacemos, seamos conscientes de que en una década volveremos a ser el país del turismo, de la construcción y de los productos financieros incomprensibles.


6 comentarios:

  1. Hola Xavier,

    100% de acuerdo contigo. Como consuelo te diré que en Catalunya tenéis la apuesta por la innovación clara. Desconozco si en otras regiones se da lo mismo (con contenido, me refiero; no solamente de cara a la galería).

    Respecto a los recortes en innovación, me había salido una respuesta muy larga, y era un tema del que hacía tiempo que quería hablar. Te contesto desde mi blog (en el que hago debida referencia a tu artículo), http://elmiracielos.com/2013/11/11/salvemos-la-educacion-y-la-innovacion-primero/.

    ¡Gracias por la excelente entrada (una vez más)!
    Ángel

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  2. Muchas gracias, Ángel! Un fuerte abrazo!

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  3. Muy bueno y completo el contenido de este articulo, contenido de valor para el público en general…Excelente!

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  4. El trabajo en equipo los resultados son mas eficientes.porque los criterios del equipo van a resolver situaciones rapidamente,pero siempre en cuando tengamos una actitud positiva ,y no de egoismo de querer sobresalir de los demas.

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  5. el trabajo en equipo es una forma de trabajar con varias personas en la que todos los miembros tenemos que tener el mismo objetivo, el trabajo se hace en forma amena, con compromiso de lograr los objetivos y fundamentalmente saber respetar a las personas por más que opinen de otra manera.

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  6. Hola muy buen día, me agrado mucho el articulo y tal y como comenta lorena :los resultados son mas eficientes.porque los criterios del equipo van a resolver situaciones rápidamente,pero siempre en cuando tengamos una actitud positiva todo esta en uno, muchas gracias por la buena información buen día.

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