9 de julio de 2013

LAS BURBUJAS DE LA INNOVACIÓN

¿Cuál es el principal objetivo de un gobierno? Posiblemente, procurar el bienestar de sus ciudadanos. Para ello, es imprescindible crear y mantener empleo de calidad. ¿Cómo hacerlo? La respuesta, desde el punto de vista microeconómico es bastante sencilla: estimulando proyectos que generen ventajas competitivas económicas y, por tanto, crecimiento y empleo.

Si esto es así, ¿por qué nos empeñamos en trabajar con variables intermedias? Si tenemos pocos recursos, centrémoslos en estimular proyectos que generen crecimiento y empleo. Desde el punto de vista de las políticas de innovación, es de perogrullo. Pero, por un extraño motivo, tendemos a destinar los recursos a financiar outputs intermedios de todo tipo: cursos de formación, edificios, instalaciones, parques, guías, papers científicos, incubadoras, aceleradoras, etc etc etc...

A estas alturas de la película, ya sabemos por qué no se innova en España: porque no existen instrumentos de financiación adecuados. Jamás han existido (quizá el CDTI fue el único intento que se aproximaba en su momento, y en Catalunya algunos programas como el de Núcleos de Alta Tecnología). Sabemos que para innovar de verdad, para introducir rupturas en el mercado, el proceso es probabilístico: de cada 100 intentos, quizá 10 conseguirán llegar al punto de equilibrio y sólo uno será un éxito realmente internacional. Esta dinámica jamás será soportada por la banca comercial (que exigirá garantías de TODOS los proyectos, uno a uno -y la mayoría de emprendedores no serán capaces de ofrecerlas-), ni por business angels (demasiado pocos y con demasiado poco músculo financiero para arriesgar en 90 de cada 100 intentos), ni por capital riesgo (inexistente en España: en todo caso, es capital de expansión de proyectos tecnológicamente seguros), ni por la administración (que entre bestiales recortes y tímidas reformas, todavía no se ha dado cuenta de su misión fundamental: superar el fallo de mercado -el mercado asigna recursos a I+D por debajo de lo social y económicamente deseable-). Ni soñar en mercados financieros cotizados públicamente a los cuales puedan acceder proyectos innovadores (innovadores de verdad: de alta tecnología y modelo de negocio diferencial).

No somos un país de estúpidos. Existe talento emprendedor. La prueba del nueve es que emergen sistemáticamente modelos de negocio innovadores (Zara, Mango, Tous, Desigual...) en sectores donde no hay fallo de mercado (el mercado los entiende y los financia rápidamente). Si, además, alguien (la administración) cubriera el fallo de mercado, superando las fases iniciales de alto riesgo en sectores con fallo de mercado, desarrollaríamos potentes sectores de alta tecnología.

Conozco decenas de emprendedores de calidad, con talento, con capacidad de liderazgo, y con proyectos de alta tecnología que deambulan desesperados por los foros fashion de business angels, y similares (ahora muy de moda con la irrupción del concepto de start-ups), y acaban hastiados, marchándose a otros países que entienden que las probabilidades de fracaso son elevadas para un proyecto, pero que una colección de proyectos sustentará las bases de su competitividad nacional. Start-up Chile ofrece 40.000 $ por la atracción de proyectos de este tipo (algunos, larvados con cientos de miles de euros de dinero público durante años de investigación local, pero a los cuales se les niega la última milla de financiación para llegar a mercado -esa cosa todavía fea y sucia en nuestro imaginario colectivo-).

Y, mientras (y ya llevamos décadas), en tiempos de bonanza o de escasez, vamos destinando los recursos públicos de estímulo a la innovación a hinchar burbujas de variables intermedias. Entre ellas:

- La burbuja de los edificios. Durante años de crédito fácil y presupuestos generosos, se entendía la política de innovación como despliegue masivo de infraestructuras. Ponga un parque tecnológico o un centro tecnológico en su vida (o en su esquina). Iglesia, polideportivo, biblioteca y parque científico en todo pueblo que se precie. Ya lo llenaremos de algo. De hecho, el pueblo es tan bonito que las empresas caeran del cielo. Continente sin contenido. Hardware sin software. Antes la infraestructura que los proyectos que generen crecimiento y empleo.

- La burbuja de los "papers". Se trata de publicar como sea, tanto como se pueda, y si es posible, al máximo nivel. Tanto da el tema. No importa que generemos expertos mundiales en la XXV dinastía ptolemaica o en la dinámica de fluidos en la digestión del pingüino austral. Si publicas, existes (y puedes llegar a catedrático). Tanta sapiencia, de un modo u otro, algún día, llegará a la sociedad y será utilizada por alguien. Antes el conocimiento por sí mismo que los proyectos que generen crecimiento y empleo.

- La burbuja de las aceleradoras. El movimiento mundial de start-up's lo ha puesto fácil: se trata de disponer y financiar (algunos) espacios y (algunos) servicios (investigación de mercados, coaching, mentoring...) en un entorno de encuentros tipo start-up bootcamp, a medio camino entre congresos profesionales, reuniones de boy-scouts y turismo económico adornado con promesas de crecimiento rápido y contactos con asesores, gurús e inversores de riesgo. Legiones de consultores jubilados (low-cost) a disposición. Antes los bootcamps que la financiación a proyectos que generen crecimiento y empleo.

Sólo avanzaremos hacia una economía real de la innovación cuando dejemos de mirar a otras partes y centremos el foco en financiar proyectos que generen crecimiento y empleo. Proyectos de alto riesgo tecnológico, en tecnologías que sustenten la competitividad industrial, cofinanciados por empresas con talento directivo. Proyectos consorciados en TIC, materiales, manufactura avanzada, nanotecnología, microelectrónica o biotecnología industrial, entre empresas y centros de investigación. Proyectos que sin la acción pública jamás verán la luz o marcharán a otros países (y crearán empleo allá). That's all, folks.

2 comentarios:

  1. genial artículo, como siempre estupendo y define claramente los problemas de la innovación que tenemos en este país.

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