23 de julio de 2013

INNOVACION PAY-PER-VIEW

Hace pocos días, la Fundación Cotec presentó su Informe Anual sobre Tecnología e Innovación en España. La conclusión es demoledora: entre 2008 y 2011, el número de empresas innovadoras se redujo en un 43%, mientras que aquéllas que declaraban actividades de I+D cayeron en un 36%. Exportamos y quizás empezamos a salir de la crisis, pero la famosa “devaluación interna” no ha sido más que un formidable ejercicio de destrucción de valor: se reducen precios, se reducen márgenes, se reducen salarios, se reduce plantilla y, con ello, volvemos a situarnos en la cola de los países en vías de desarrollo. El incipiente sistema de ciencia-tecnología e innovación se está desintegrando. Y mientras, en los países de nuestro entorno, se aplican recortes pero se mantienen intactas las partidas de educación, ciencia e innovación, las que han de garantizar el porvenir. Se recortan gastos, pero se protegen las inversiones de futuro.

El cambio de modelo productivo, si se produce, vendrá por la base: serán las PYMEs y las start-ups las que liderarán los cambios disruptivos. La historia de la industria demuestra que no son las grandes empresas las que encabezan los cambios de modelo, sino jóvenes y emergentes empresas las que generan los cambios de ruptura. La monarquía jamás liderará una revolución. Y más en España, donde las empresas del IBEX son mayoritariamente de sectores de servicios financieros, constructuras, energía o distribución. Sectores poco tecnológicos y regulados o muy dependientes de la administración (en general, poco abiertos a la competencia internacional y poco proclives a crear cadenas de valor industriales en el territorio).

El problema es que las PYMES o las start-up’s no pueden coger el relevo. No pueden innovar. No pueden porque no existen instrumentos financieros específicos. La innovación comporta riesgo, incertidumbre y experimentación. Y, por ello, jamás la banca comercial (ni en sus mejores tiempos) la financiará. En los países que actúan con inteligencia estratégica y se orientan a la generación de valor y empleo de calidad, existen organismos específicos de financiación del riesgo, como lo fue el CDTI en su momento, o como TEKES en Finlandia o MATIMOP en Israel. En USA, esta función la cubren las compras públicas sofisticadas (la política industrial en Estados Unidos es una formidable combinación de demanda temprana por parte de la administración -sólo la NASA tiene un presupuesto igual a la totalidad de la I+D española-, flexibilidad laboral y acceso rápido a mercados financieros)

¿Por qué la PYME no innova en nuestro entorno? (Al menos no lo hace en base tecnológica)... La explicación es sencilla. Imaginemos el siguiente juego: tenemos en una urna 99 bolas blancas y una roja. Para extraer una bola, una empresa debe pagar 100.000 €. Si saca la bola roja, sin embargo, encuentra un suculento mercado de 100 millones de euros y con él generará 1.000 puestos de trabajo. ¿Jugaría? El juego, en el largo plazo, es rentable, pues el coste de extraer todas las bolas es de 100 x 100.000 € = 10 millones de euros. El premio, 100 M€. 

¡Juegue! ¡Ponga los primeros 100.000 €! Ohhh… ¡vaya! Bola blanca. Ningún problema, las probabilidades que salga la roja ahora son mayores. Usted ha reducido incertidumbre. Está avanzando en su I+D. ¡Vuelva a jugar! ¿No dispone de los próximos 100.000 €? Pídaselos a sus parientes y amigos (“fools friends and family”). ¡Bola blanca! Ohhhh… Pero no se preocupe, ha vuelto a reducir incertidumbre. Está más cerca de la solución. Le quedan menos bolas para encontrar el mercado ¿No tiene los siguientes 100.000 €? Vaya al banco… ¿Cómo, que no se los prestan? Claro… Le piden avales y garantías por el doble. ¿Y la administración? ¿Le ofrecen un cursillo sobre emprendimiento? ¿Le dicen que tiene que innovar con recursos propios? ¿No tiene recursos para continuar?

Se acabó el juego. España no innova porque la innovación tiene una base probabilística. Para innovar de verdad, para introducir innovaciones de ruptura en el mercado hay que superar barreras de incertidumbre. Desde la investigación a la aplicación práctica y al desarrollo de un mercado hay un proceso de experimentación que, en términos agregados (de competitividad-país) es rentable y genera ocupación de alta calidad. Pero ni las empresas ni los emprendedores pueden permitirse el esfuerzo individual, y la banca comercial exige garantizar cada repetición, una a una (no ve el conjunto). Hoy, nadie ve el conjunto. Ese es un trabajo de estrategia de país.


La innovación es un negocio pay-per-view. Avanzar en el proceso que lleva al mercado exige pagar a cada paso (investigación, prueba de concepto, maquetas, prototipos, escalado industrial...) para reducir la incertidumbre del siguiente. Y es algo que no puede dejarse sólo al albur del tejido industrial, pequeño y muy debilitado hoy. Es cierto que el gran premio es para la empresa que se lleva la bola roja (100 M€). Pero también es cierto que ese premio genera externalidades económicas (empleo de calidad), responsabilidad de la administración. Invertir en I+D (especialmente, industrial, que está correlada con la productividad económica del país y tiene efecto multiplicador) es generar externalidades positivas, necesarias para crecer. Por ello, no se debe recortar en ciencia ni en investigación industrial. 

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