28 de junio de 2013

GRAFENO: ¿NUEVA OPORTUNIDAD PERDIDA?

En 1909, un químico norteamericano de origen belga, Leo Baekeland, sintetizó un nuevo y extraño material: un polímero formado a partir de moléculas de fenol y formaldehído. Fue el primer plástico sintético de la historia: un material que iba a revolucionar el mundo donde vivimos, por sus extraordinarias propiedades (capacidad de aislamiento eléctrico, térmico y acústico, baja densidad, fácil moldeado y resistencia a la corrosión). Además, se podía producir en masa de forma económica. Hoy en día, el plástico se encuentra en todas partes: desde el teclado del ordenador a los paquetes de cigarrillos. De las cápsulas de circuitos electrónicos a los juguetes... Hoy, el mercado mundial de plásticos llega a los 500 millones de toneladas anuales.

Un nuevo material disruptivo está llegando: el grafeno. Un material de propiedades únicas: flexibilidad, dureza extrema (superior al acero o al diamante), transparencia, elasticidad, ligereza, conductividad eléctrica, y bajo efecto térmico al conducir electricidad. Todo indica que la llegada del grafeno significará una invasión disruptiva de impacto similar a la del plástico 60 años atrás. Un mercado masivo se va a producir dentro de una década, aproximadamente, cuando se haya completado el ciclo de innovación tecnológica, de producto y de proceso que se está iniciando. Millones de puestos de trabajo se van a generar, si se cumplen las perspectivas en las que todos los analistas confían. La Unión Europea ha movilizado un fondo de 1350 millones de euros para investigar en grafeno. Corea del Sur, 350 millones para investigación orientada a mercado. Y el Reino Unido, 50 millones de libras con la misma finalidad orientada (comercialización de nuevas aplicaciones).

Ante la nueva ola emergente, universidades y centros de investigación están ya preparándose para capturar buena parte de los recursos públicos que se van a poner en juego. Se van a publicar centenares de artículos de frontera en esta tecnología, de máximo impacto mundial, que van a salir de nuestro país. Pero... ¿Y las empresas? Obviamente, deben ser ciegas si no son capaces de ver el negocio brutal que va a producirse a diez años vista. De hecho, aquéllas empresas internacionales de mayor dimensión, más recursos y mayor horizonte estratégico, con toda seguridad ya estarán contactando y contratando investigadores de élite locales, preparando gamas de producto que se valorizarán en una década. Mientras, nuestra industria es demasiado pequeña y poco tecnificada para empezar a pensar en grafeno. Más, cuando no hay instrumentos financieros corrientes ni para financiar proyectos de retorno asegurado. 

Nuevamente, nos estamos equivocando. No hemos aprendido de los errores del pasado. Mientras engrasamos los motores de la investigación básica, no creamos las condiciones de contorno para que el tejido industrial pueda absorber el conocimiento que se está generando. Mientras universidades y centros de investigación pueden adentrarse en el futuro y trabajar (con dinero público) para proyectos que serán rentables dentro de diez años (rentables para otros), nuestro tejido empresarial, básicamente formado por pequeñas y medianas empresas, sólo puede pensar a un año vista. Su horizonte estratégico está limitado por su tamaño empresarial. Pero es el tejido que tenemos, el que debe competir internacionalmente y el que debe generar puestos de trabajo para solventar el horrible paro que nos atenaza. Y al que la administración debe ayudar a desarrollarse, como lo ha hecho con la ciencia.

Está pasando lo que pasa siempre: habrá recursos competitivos para investigación básica, competiremos con éxito, publicaremos a primer nivel e incluso transferiremos conocimiento a los Intels, Googles, Apples o IBMs. Pero ese conocimiento no se convertirá en ventajas competitivas locales, ni en crecimiento económico, ni en empleo local. Nuevamente, perderemos el tren de la competitividad real (la económica y la del bienestar).

Si la ola del grafeno es tan evidente, tenemos la gran oportunidad de hacer (por fin) las cosas bien: prioricemos las alianzas estratégicas a largo plazo de universidades y centros de investigación con empresas para realizar investigación conjunta. Detectemos los "hidden champions" empresariales dispuestos a trabajar con líderes científicos en líneas de investigación conjunta que generen productos en 2020. E incentivémoslos a hacerlo, con fiscalidad, créditos blandos y ayudas directas a los proyectos más arriesgados. Prioricemos los incentivos públicos para proyectos co-financiados por empresas. Reservemos fondos para ese tipo de proyectos (¡también para empresas!). Busquemos sistemáticamente aplicaciones locales a la investigación generada. Es misión de la administración, si deseamos un país competitivo. Es increíble que sea más fácil en España financiar (públicamente) un proyecto solicitado por un investigador público que el mismo proyecto de investigación en una PYME deprimida que compita por crecer y crear empleo. Lo primero es "puro" (aunque no genere valor económico ni empleo de calidad -más que el del investigador-). Lo segundo, que lo pague la PYME (aunque no pueda llegar a fin de mes).

Las cosas no van a pasar solas, no han pasado jamás en ningún lugar: preparemos a las empresas para absorber ese conocimiento. No pensemos en la "transferencia" (hay un exceso de conocimiento, a ver dónde lo colocamos). Hagamos "concurrencia" tecnológica: preocupémonos de que se investigue al máximo nivel y, a la vez, que se forme el clúster empresarial del grafeno. Desarrollemos la industria del grafeno, eso no va a pasar solo. Integremos las políticas de investigación e industria de una vez.

Y, señores empresarios... ¿Cuándo van a reclamar políticas como éstas? 

Por cierto, aprovecho para linkar una carta que la Confederación de Industrias del Reino Unido ha hecho llegar a su gobierno sobre la defensa de las políticas de innovación. Espectacular. (Extraída del blog de Guillermo Dorronsoro, Decano de la Deusto Business School)

3 comentarios:

  1. El grafeno es sin duda el material del futuro, muchas empresas de tecnología ya lo han empezado a usar para sus diferentes lanzamientos tecnológicos. Hace minutos me quede navegando en infografeno.com que tiene secciones más que interesantes. Saludos!

    ResponderEliminar
  2. Sorprende que los artículos sobre los reality shows de la televisión, o las peripecias de los políticos díscolos tengan tantos comentarios, y este artículo solo tenga uno. Creo que tenemos défict cultural que justifica esto.

    ResponderEliminar
  3. Es indudable que nuestras sociedades privilegien lo banal ya que los que ven más allá no son mas de un 5% y creo ser generoso...Esa es la realidad y no hay mas!!!

    ResponderEliminar