5 de mayo de 2013

CATALUNYA INNOVADORA


(Transcripción del artículo publicado hoy en el suplemento El Dinero, de La Vanguardia)
La innovación es un fenómeno empresarial. El núcleo del sistema de innovación es la empresa, no el centro de investigación ni la universidad. Innovar es explotar con éxito nuevas ideas y/o nuevo conocimiento. La investigación, por sí sola, no genera riqueza, requiere una comunidad emprendedora y empresarial próxima que transforme el conocimiento en crecimiento económico. Y, desde el punto de vista de la gestión de empresas, la innovación es un mecanismo de diferenciación estratégica: la empresa innova para diferenciarse y evitar la mera competencia en costes. La verdadera riqueza de las naciones surge de la creación sistemática de nuevo valor (de la innovación) no de la optimización de lo preexistente.

No obstante, en un mundo de globalización acelerada, la competitividad de la empresa depende cada vez más, no sólo de su estrategia individual, sino también de la calidad del entorno donde compite. Paradójicamente, el entorno local cuenta en la competitividad global. No en vano, por un sorprendente fenómeno de aglomeración económica, la innovación se concentra en territorios pequeños (Silicon Valley, Israel, Finlandia, Corea del Sur, Singapur, Massachussets). Existe una extraña fuerza gravitatoria de la innovación: el talento atrae talento. Las empresas especializadas atraen centros de I+D. Las universidades emprendedoras atraen capital riesgo. La ciencia de excelencia atrae multinacionales de alta tecnología, y las multinacionales generan sectores industriales auxiliares y diseminan buenas prácticas de gestión. La innovación tiene poder atractivo, y se concentra en núcleos geográficos pequeños de alta intensidad innovadora. Se pega al territorio (sticky innovation), en un fenómeno exponencial: cuanta mayor densidad y calidad local de agentes, más probable es que interactúen y generen nuevos proyectos internacionalmente competitivos. Sorprendentemente, los territorios pequeños tienen una gran oportunidad de competir globalmente en la economía de la innovación. El mundo económico del futuro será un mundo de dinámicos ecosistemas innovadores, de ámbito local o regional, entendiendo como sistema un conjunto de agentes relacionados (empresas, universidades, centros tecnológicos y de investigación, start-up’s, business angels, etc) donde las actuaciones de uno de ellos se valoriza en el conjunto. La propia UE determina la región como unidad de análisis válida en políticas de innovación.

Para que un territorio se convierta en un denso sistema innovador, y que arranque una dinámica de crecimiento económico basado en innovación, es precisa la existencia de una red social subyacente. Una red social próxima (en proyectos complejos, el conocimiento tácito sólo se transmite en la proximidad), pero con sólidas conexiones internacionales. Las relaciones de confianza en la proximidad aceleran la difusión de conocimiento y su llegada rápida al mercado. Dicha red social debe estar impregnada de cultura emprendedora, que estimule la creación de valor (no la redistribución del valor preexistente). Se necesita, por tanto, una sociedad sensible con la empresa, la ciencia y la tecnología, dotada de centros científicos de frontera y con políticas públicas de corte microeconómico estables en el largo plazo. Israel, Massachussets o Silicon Valley son grandes redes sociales concentradas en territorios pequeños, de cultura intensamente innovadora.

Muy cerca de aquí, el País Vasco ha sabido construir un ecosistema innovador de referencia, mediante 30 años de cooperación estratégica entre ciencia, empresa y administración. Con visión y vocación industrial (hagámonos a la idea: ¡no habrá economía del conocimiento sin estructura industrial que la soporte!). Quizá por ello su tasa de paro es 10 puntos inferior a la media española, y resiste la crisis con fortaleza notable.  

Catalunya tiene los ingredientes clave del territorio innovador: ciencia de excelencia (que debe protegerse a toda costa, pero también interconectarse con el entorno, o difícilmente generará prosperidad local), tradición industrial (ávida de transformar nuevos productos y exportarlos internacionalmente), una renaciente cultura emprendedora, y un toque diferencial de creatividad mediterránea (Gaudí, Miró, Dalí, Adrià…) reconocido internacionalmente. Los componentes básicos para proyectar mundialmente un ecosistema innovador de alta potencia, e incluso para crear una imagen de marca creativa propia. Barcelona, capital de este ecosistema, es un activo sobre el cual apalancar esta dinámica.

Saldremos de la crisis con más ciencia, más tecnología, más industria y más innovación. Y, sobre todo, con más interconexión entre ellas. Catalunya tiene la gran oportunidad de convertirse en ecosistema innovador: las bases están creadas. Y, cuando parece que estamos a expensas de la fuerza desatadas de la macroeconomía, quizá la respuesta en el medio plazo esté en un contundente enfoque en las políticas de competitividad microeconómicas, que nos pueden diferenciar (desarrollo de clústers de alta tecnología, fomento de la I+D, transferencia tecnológica universitaria, creación y crecimiento de nuevas empresas de base tecnológica, y compra pública innovadora). Recortar en innovación e investigación en momentos de crisis, en palabras del presidente Obama, es como intentar equilibrar un avión con sobrepeso lanzando al vacío el motor.

3 comentarios:

  1. Un artículo excelente Xavier, gracias. Si se me permite, un añadido: el núcleo de la innovación son las empresas, pero el motor de la innovación son las personas. Y como bien dices, las personas con talento atraen personas con talento (el talento no es un algo etéreo que está flotando en el aire). Muchas veces hablamos de empresas, regiones, ecosistemas, centros de investigación... y perdemos el norte sobre lo que hay realmente detrás de estos ecosistemas. Las personas. Son ellas las que crean las redes sociales subyacentes que mencionas, las que tienen (o no) la cultura emprendedora o la creatividad. Todo lo demás puede fallar y quizás se desarrolle la innovación. Sin la persona como iniciadora del proceso, la innovación es literalmente imposible.

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    1. Excelente artículo,muchas gracias Xavier.Estoy tambien muy de acuerdo con la idea de que las personas son elementos clave del proceso de innovacion.El duo liderazgo-innovación es inseparable.

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  2. Excelente artículo Xavier, gracias.Estoy totalmente de acuerdo con el contenido y con la idea de que en la base de toda innovación se encuentran las personas.El dúo innovación-liderazgo es inseparable.

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