14 de marzo de 2013

LA ESTABILIDAD DE LAS POLÍTICAS DE COMPETITIVIDAD

¿Qué ocurriría si un ecosistema biológico estuviera sometido a la ley de la gravedad durante un día, y al siguiente, no? ¿Qué ocurriría si durante un mes hiciera un frío polar y al siguiente, un sol abrasador? ¿Qué ocurriría si la presión atmosférica, de forma inesperada, se incrementara a 1.000 atmósferas durante un par de meses? ¿Qué ocurriría si el mar fuera salado,  y durante un par de años, se convirtiera en dulce…?
Probablemente lo que pasaría es que ningún organismo podría vivir en un entorno como ese, porque las condiciones de contorno serían aleatorias. No habría tiempo ni modo de adaptarse. Ni siquiera, si existiera vida inteligente, ésta podría planificar sus estrategias de supervivencia.
Las empresas son organismos vivos, que compiten por recursos limitados en entornos en los cuales se sobrevive o se muere con reglas darwinistas. Las leyes de la economía las podría haber escrito el mismo Darwin. Los ecosistemas económicos siguen patrones dramáticamente similares a los ecosistemas biológicos. Por ello, pese a que la inestabilidad macroeconómica actúa hoy como una oscilación de alta frecuencia (tipos de cambio, comportamiento de los mercados financieros, decisiones de los bancos centrales, primas de riesgo…), es absolutamente crítico que las políticas de competitividad actúen desde los enfoques microeconómicos, garantizando la estabilidad de los mismos.
La política de competitividad microeconómica (desarrollo de clústers, innovación, transferencia tecnológica e investigación) debe ser estable. Los gobiernos no deben hacer “apuestas”. No se trata de jugar a la ruleta y “apostar” ora por la logística, ora por la aeronáutica. Frívolamente pasar de declarar la automoción "sector estratégico" a olvidarla y centrarse en la biotecnología por una temporada.  Durante un año optar por enfoques de PYME y al siguiente volcar los recursos (siempre escasos) en soporte a multinacionales. Durante un tiempo prestar servicios o financiación específicos, y a continuación dejar de prestarlos, para cambiar respecto al equipo anterior. Con el futuro de nuestros hijos no se juega.
No es cuestión de "apostar" (palabra terrible en manos políticas). Se trata de desarrollar estrategias y consensos estratégicos. Estrategias fundamentadas en datos y análisis certeros, sostenidas en las capacidades reales de los países (liderazgos, estructura industrial, especialidades productivas). Y consensos para mantener esas estrategias mucho más allá del ciclo político. Es una tremenda irresponsabilidad dejar las decisiones sobre estrategias de competitividad microeconómicas en manos de los sucesivos equipos de gestión política, de opiniones personales y coyunturales, de las modas, o simplemente en manos de las preferencias del responsable de turno. 
Las políticas de competitividad microeconómicas deben ser, ante todo, estables, para crear un efecto acumulativo (no autoanularse) y generar confianza en los actores. Deben estar dotadas de recursos: para cambiar el curso de un río (un río como el nuestro, que no hace I+D) se precisan excavadoras, no voluntarios llevando cubos de agua. Deben potenciar los liderazgos y el talento allá donde se encuentren (científicos, directivos, emprendedores…). Deben premiar la excelencia y la asunción de riesgos. Deben fomentar el efecto adicional en la economía (hacer que pasen cosas que no pasarían sin dichas políticas). Deben buscar obstinadamente el efecto multiplicador y tractor. No se trata de buscar éxitos puntuales y artesanales  (evitar deslocalizaciones), muy encomiables (pero que responden a actitudes defensivas y reactivas),  sino de construir sistemas en los cuales la dinámica innovadora, la atracción de talento e inversión, y la creación y crecimiento empresarial constituyan actividades naturales y sistemáticas.
En este sentido, oír que la estrategia española de innovación busca llegar al 2% de inversión en I+D sobre PIB en el 2020 me parece lamentable. Los países líderes están hoy al 5%. La media europea es ahora del 2%. Al 2% se debía haber llegado, según todas las previsiones, en 2010. Dejar de prestar atención a las políticas microeconómicas de competitividad nos llevará a perder, como mínimo, una década, sino dos… Los líderes continúan corriendo. Cuando lleguemos al penoso 2%, ellos ¿dónde estarán?

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada