9 de marzo de 2013

LA CONTRIBUCION DE LAS UNIVERSIDADES AL DESARROLLO

El pasado jueves se inauguró en Vic la agencia Creacció, agencia de innovación, conocimiento e iniciativa emprendedora, gestionada por el Ayuntamiento y la Universidad de Vic, el Ayuntamiento de Manlleu, Consell Comarcal d'Osona y Consell Empresarial d'Osona.
 
Es un hecho que la dinámica innovadora y emprendedora se está desplazando a los entornos locales. Entornos que, por la red social subyacente, la interconexión de los agentes, las relaciones de confianza en la proximidad, la existencia de fuentes de conocimiento y de tradición industrial, y el liderazgo institucional, pueden crear fuerzas económicas atractivas e impulsoras de la innovación. No existen sistemas nacionales de innovación en el sentido de "estados" nacionales, ni sistemas continentales. La innovación se concentra en la proximidad.
 
Así, Europa puede desplegar estímulos a la innovación (y son imprescindibles), pero no existe un "sistema europeo de innovación" como no existe un "sistema alemán de innovación" o un "sistema español de innovación". Ni siquiera un "sistema japonés" o un "sistema americano".  Por contra, existe un clúster o sistema local innovador en Baden-Württemberg (automoción), en Tolouse (aeronáutica) , en los alrededores del Massachussets Institute of Technology (biotecnología), o en Hamamatsu (Japón, de donde surgen dos de las marcas de motocicletas más importantes del mundo: Honda y Yamaha). La innovación es un fenómeno económico de naturaleza local, que se proyecta internacionalmente.
 
En la inauguración de Creacció, el profesor, amigo, y mentor Paco Solé Parellada realizó una conferencia magistral sobre la contribución de las universidades al desarrollo económico. Un elemento para la reflexión: el profesor Solé no habló de las tres misiones clásicas de la universidad (investigación, formación y transferencia tecnológica), sino de dos misiones fundamentales: generar conocimiento y distribuirlo. No es una involución conceptual, en un momento en que todo el mundo habla de la "tercera misión" (transferir), dando por descontadas las dos primeras (investigar y formar). Al contrario, es un gran avance conceptual: la universidad debe generar conocimiento (investigando y liderando intelectualmente la sociedad), y debe distribuirlo (formando a los futuros profesionales y líderes, y difundiéndolo a la sociedad -transfiriendo tecnología-).
 
Magistral: la transferencia tecnológica, en palabras del profesor Solé, no es un "subproducto", sino una parte de la función elemental de distribuir el conocimiento. A la misma altura y con el mismo valor que la formación. En el momento en que esto sea plenamente asumido por la comunidad universitaria (y que los gobiernos dispongan incentivos suficientes para fomentar la transferencia), dos problemas se habrán resuelto: el de la financiación universitaria y el de la creación de ecosistemas competitivos de innovación.

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