2 de febrero de 2013

LA INCREÍBLE HISTORIA DE JUAN GRAFENO

Juan Grafeno era un joven sobradamente preparado. Doctorado en una prestigiosa universidad americana, en base a su preparación técnica, había descubierto una clarísima oportunidad de negocio. Según sus cálculos, su proyecto originaría rápidamente un centenar de puestos de trabajo y, por sus características, su idea generaría fuertes barreras de entrada a la competencia y elevados márgenes durante bastante tiempo.

No obstante, existía un grave inconveniente: había un problema tecnológico no resuelto. Para hallar la solución, Juan Grafeno se adentró en el frondoso Bosque de la Investigación, donde le habían dicho que podría encontrar soluciones a todos los problemas de la Humanidad. 

Después de unas cuantas horas de búsqueda sin referencias, se topó con un mago. Juan Grafeno le explicó cuál era su problema. El mago le llevó a una cueva repleta de máquinas que lo resolverían. Juan Grafeno saltaba de alegría. Pero el mago le dijo: "Cualquiera de estas máquinas puede dar solución a tus necesidades. Pero existe un inconveniente: sólo funcionan el 30% de dichas máquinas, y cada máquina cuesta un millón de sextercios. Para llevarte una, debes pagarme esa cantidad. Y nadie sabe si va a funcionar"

Juan Grafeno no disponía de dicha cantidad. Contento, de todos modos, fue la Banca de los Préstamos. Había visto un anuncio donde manifestaban que cualquier proyecto tendría financiación en dicha entidad. Especialmente, los de innovación, palabra que estaba de moda. Un hombrecillo con manguitos y gafas miopes le recibió y le dijo: "Efectivamente, yo puedo dejarte el millón de sextercios que necesitas. Pero me lo debes devolver en diez años. Si dejas de pagar una sola cuota mensual, tu casa, la de tus padres y la de tus abuelos será mía". Consternado, Juan Grafeno volvió a su casa... Si el proyecto funcionaba, Juan podría devolver el préstamo holgadamente. Pero el mago de la Investigación le había dicho que la maquina que le iba a vender sólo funcionaría en el 30% de los casos... Evidentemente, no podía arriesgarse a pedir el préstamo, o con un 70% de probabilidades, iba a perder su patrimonio, el de sus padres y el de sus abuelos.

De camino a casa, decidió pararse en la Selva de las Instituciones. También había visto numerosos anuncios colgados en las paredes de las casas del pueblo, que decían que en dicha Selva se daba apoyo a proyectos innovadores que crearan puestos de trabajo. Inmediatamente, al entrar, se vio asaltado por todo tipo de seres extraños: adivinos, curanderos, payasos, elfos, enanos, trovadores, feriantes, poetas, y titiriteros que amablemente, en algunos casos, y de forma agobiante en otros, le ofrecían todo tipo de servicios de entretenimiento y asesoramiento. Pero Juan lo tenía claro: necesitaba desesperadamente el millón de sextercios o su proyecto jamás arrancaría. No necesitaba más consejos, necesitaba recursosHuyó rápidamente de dicha Selva.

Tampoco le ayudó el Consejo de Ancianos Inversores, que huyeron despavoridos cuando supieron que la máquina sólo funcionaría en un 30% de los casos. Uno de ellos le confesó que sólo prestaban sextercios a proyectos de comercio de naranjas y verduras con otros reinos. Los proyectos de alquimistas y extrañas tecnologías los escuchaban, pero no los entendían.


Finalmente, recordó la existencia de un lugar singular: la Fuente de la Innovación. Alguien le había dicho que allí se producían extraños fenómenos paranormales de soporte a proyectos innovadores. Se acercó a dicha fuente donde, una bella hechicera le hizo una propuesta: "Aquí tienes el millón de sextercios que necesitas. Te lo doy con una sola condición: si tu idea fracasa, no me los tendrás que devolver. Pero si la máquina que obtienes en el Bosque de la Investigación funciona, entonces deberás retornarme el 1% mensual de los ingresos que te genere, hasta completar el triple de la deuda que contraes".

Con el millón de sextercios, compró la máquina del Bosque de la Investigación. Afortunadamente, funcionó. Juan Grafeno montó su empresa, devolvió el 1% que le pidió la bella hechicera, y creó 100 puestos de trabajo. 

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado...

(No todos los cuentos de este tipo acaban felizmente. De hecho, muchos ni empiezan).

Moralejas:
  • La innovación es un fenómeno probabilístico. Existe un riesgo asociado a la naturaleza del proyecto tecnológico, y un grado de incertidumbre derivado de la probabilidad de que la tecnología no funcione.
  • El mercado financia actividades de I+D de forma subóptima: menos de lo que sería económica y socialmente deseable. Generar 100 puestos de trabajo es deseable para un país...
  • La banca comercial jamás financiará la innovación. La innovación es riesgo. La banca no financia el riesgo... sobregarantiza los préstamos
  • Para que la innovación dispare a nivel de país, se precisan recursos  e instrumentos financieros específicos. Los servicios de asesoramiento son insuficientes.
  • La disposición de recursos públicos para la innovación no tiene por qué generar déficit: se puede jugar en base probabilística, compartiendo riesgo en caso de fracaso, pero exigiendo retornos sustanciales (superiores al mercado) en caso de éxito. Es cuestión de diseñar instrumentos financieros adecuados a la realidad innovadora.



2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho la fábula.. ¿existe en la realidad este lugar encantado?.

    Por lo que respecta a la "comercial" (como le llamas tu) no financia "riesgo" que luego no pueda "colectivizar" (porqué riesgo fue invertir en unos activos que ellos ya sabían que en algún momento, la burbuja iba a estallar) como ha hecho con el sector inmobiliario.

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  2. hola tú. permíteme que te llame tú, ya que no soy capaz de encontrar tu firma.
    tu historia, tu cuento, es la historia de este mundo. de cómo, al pODER, nunca han consentido y han ocultado comprando patentes de grandes inventos que han podido cambiar este mundo. esta historia. electricidad gratis y universal, motores que funcionan con agua, desaladoras baratas y efectivas, medicinas que evitarían tantas lágrimas, supersemillas que llenarían colgajos con ombligo.

    oye, tú. me gustaría que tu historia, tu cuento, se esparciera por ahí. que no se pierda en un blog que, con todos los respetos, encontramos, por bendita casualidad o curiosidad, podamos disfrutar trintaitantos colgaos del teclado

    me gustaría sugerirte que lo envies al concurso de microrelatos que organiza ZOES, una maravillosa asociación vecinal que alegra, consuela y apaña a todo un barrio, a una dormida y oscura ciudad como salamanca
    búscalo en su web

    y suerte, tú
    un abrazo
    educarras

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