20 de enero de 2013

CAPACIDADES, PRESIONES E INCENTIVOS.


Un sistema es un conjunto de elementos interrelacionados, tales que un cambio en una de las partes repercute en el conjunto. Una empresa es un sistema, cuyas partes (directivos, empleados, operarios) responden a flujos de poder definidos (alguien manda y alguien obedece), y que tiene unas finalidades económicas claras (obtener beneficios, reinvertir y continuar viviendo).

Cualquier organización es un sistema (una familia, un equipo, un club...). También lo son conjuntos de elementos no totalmente relacionados formalmente (un país, una comunidad, una ciudad, una comarca...).

Los sistemas evolucionan cuando se someten a presiones e incentivos. De hecho, para que un sistema como una organización empresarial, un equipo de desarrollo, o un país, evolucione de forma deseada (consiguiendo objetivos, obteniendo rentabilidades, generando valor económico y social), es necesario que se combinen tres elementos: capacidades, presiones e incentivos.

Imaginemos un equipo de trabajo. Si dicho equipo no tiene capacidades, probablemente no logre sus objetivos (ni con presiones ni con incentivos). Si tiene capacidades y se somete a presión (evaluaciones, seguimiento exhaustivo, directrices taxativas), pero no se le facilitan incentivos, el equipo de desmotiva y sus integrantes, si pueden, se van. Si, por el contrario, tiene capacidades, y se le facilitan incentivos (recompensas, bonus, salarios variables, reconocimientos públicos), pero no se le dota de presiones, corremos el riesgo de que las coses evolucionen demasiado lentas, de forma voluntarista.

Dicha lógica es equiparable en un sistema de innovación: el conjunto de elementos que en un territorio generan conocimiento y lo convierten en ventajas competitivas empresariales: universidades, centros de investigación, centros tecnológicos, parques tecnológicos, empresas, administraciones… Cuando dichos elementos están conectados, configuran un sistema. Y, para que dicho sistema compita internacionalmente, es preciso que se dote de capacidades (talento, excelencia, espíritu emprendedor, infraestructuras de primer nivel…), que esté sometido a presión (rivalidad, entrada de nuevos competidores, nuevos marcos regulatorios), y que se generen los incentivos necesarios para progresar rápidamente (fiscalidad favorable, créditos blandos, ayudas directas, disponibilidad de capital riesgo…).

Cualquier sistema avanza en la dirección adecuada cuando dichos elementos clave están presentes en una relación suficiente y adecuada: capacidades, incentivos y presiones.

Gran lección de management. Pero esto ya lo sabían nuestros abuelos: las capacidades son el burro, las presiones son el palo, y los incentivos son la zanahoria.

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