2 de octubre de 2012

¿QUE FUE DE LA ECONOMIA EXPONENCIAL?

Hace unos años, Nathan Myhrvold, ex-director de tecnología de Microsoft, acuñó el término de economía exponencial. No se refería al sector de la construcción, ni a la especulación financiera. Se refería a la existencia de campos de la tecnología con crecimientos de eficiencia exponenciales, que puestos a disposición del mercado, podían generar crecimientos económicos casi infinitos. 

Según Myhrvold, la investigación fundamental permitiría mantener dichas tasas de crecimiento de manera permanente, cambiando sistemáticamente el paradigma tecnológico cuando se alcanzaran los límites físicos de la tecnología actual. Así, la famosa ley de Moore, según la cual la capacidad de proceso de los computadores electrónicos se dobla cada año y medio, aproximadamente, se podría mantener mediante rupturas tecnológicas (pasando del circuito integrado a las sucesivas generaciones de circuitos de alta densidad (VLSI) o, finalmente substituyendo le computación basada en electrónica a la computación basada en fotónica). El coste por unidad de proceso también decrecería exponencialmente en el largo plazo, de forma sostenida, en una espectacular carrera deflacionista, que obsoletaría rápidamente las antiguas generaciones de productos y alumbraría una vertiginosa hipercompetencia en el ciclo de desarrollo de producto. 

Ejemplos áreas tecnológicas con potencial de crecimiento exponencial serían los semiconductores, la secuenciación de ADN, la transmisión de datos alámbrica e inalámbrica, la superconductividad, los reactores de fusión termonuclear, la síntesis de sistemas biológicos o la nanotecnología.

Según Myhrvold, para que una de estas tecnologías entre en dinámicas de crecimiento exponenciales, se deben dar una serie de factores:

  • Una masa crítica de investigación, miles de científicos cooperando y compitiendo para avanzar en la frontera del conocimiento.
  • Un conjunto de empresas competidoras, ávidas por sacar provecho de la investigación, y que operen bajo estándares comunes (dando lugar a mercados amplios)
  • Una gran bolsa de demanda latente (a veces no manifiesta), capaz de convertir los avances tecnológicos en aplicaciones de mercado, y pagar por sucesivas generaciones de productos rompedores.
  • Uno o unos pocos productos (innovaciones de ruptura) iniciales, que detonen el proceso e inicien la espiral innovadora (el PC, en su momento, el smartphone, internet...)
  • Un profundo conocimiento de los fenómenos físicos subyacentes, de modo que se puedan hallar procesos de mejora más allá de los límites físicos aparentes.
Fijémonos que dichas tecnologías habilitadoras, teóricamente, pueden ofrecer al ser humano conectividad, educación e información infinita, medicina personalizada, salud permanente e energía inacabable. Prácticamente, pueden resolver gran parte de los problemas del ser humano.

Para Myhrvold, la economía del siglo XXI había de ser una economía exponencial, en la cual la riqueza y el bienestar, impulsados por tecnologías exponenciales, se desparramarían y distribuirían por el globo.

La primera década del siglo XXI no deja este track record. Desafortunadamente, estamos inmersos en la mayor crisis económica desde la Gran Depresión. ¿Qué ha pasado con las profecías de Myhrvold?

Cada cinco años, exponencialmente, se dobla el stock de conocimiento científico de que dispone el hombre. No se dobla, sin embargo el stock de calidad de vida ni de bienestar de la Humanidad. Sin embargo, seamos optimistas: la crisis que nos embarga no es una crisis de recursos fundamentales. Tenemos los instrumentos para ofrecer crecimiento y bienestar a toda la Humanidad (estoy convencido). 

La tecnología es un recursos de productividad infinito. Y esta crisis es, lamentablemente (y eso es lo más triste), un gran fallo social. Una crisis organizativa. Un dislocación en el modo de relacionarnos. Una crisis de impotencia política. Una enorme y aterradora crisis de management.


2 comentarios:

  1. Interessant reflexió, Xavier! I afegiria management intern també. Com pot gestionar qui no es sap gestionar a ell mateix.
    gràcies!

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  2. Xavier: potser és el mercat que falla, el mercat que pot fer moltes i molt bones coses sempre i quan es vetlli perquè funcioni? Els matexios creixements exponencials de què parles porten a una "fallada" del mercat de lliure competència, puix que les economies d'escala l'allunyen de la "competència perfecte".

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