21 de octubre de 2012

LA INNOVACIÓN ES UN FENÓMENO DE PROXIMIDAD


La proximidad, en innovación, cuenta. Proximidad al talento y a las fuentes generadoras de conocimiento. Proximidad a los clientes más sofisticados y exigentes (aquéllos que anticipan el futuro). Proximidad a las nuevas tendencias de mercado. Proximidad a los proveedores tecnológicamente más avanzados… Por todo ello, la innovación sufre una especie de fuerza que tiende a atraer innovación sobre más innovación, concentrando el fenómeno en algunos territorios. Parece que la capacidad innovadora se esfuma con el cuadrado de la distancia física a los núcleos innovadores., como si el mismísimo Newton hubiera descrito la ley de la fuerza de la gravedad innovadora.

Efectivamente, es un hecho contrastado que la eficiencia del proceso innovador se incrementa exponencialmente cuando se producen fenómenos de concentración. De hecho, dicho fenómeno ha estado ampliamente estudiado desde la disciplina de los clústeres (concentraciones geográficas de empresas y agentes relacionados que operan en un mismo sector de la economía). Un clúster es un sistema (conjunto de agentes interconectados, de tal forma que el cambio en una de las partes se valoriza –afecta- al conjunto). Y un sistema innovador (centros de excelencia científica, centros tecnológicos, grandes corporaciones, start-up’s, empresas pequeñas y medianas, emprendedores, universidades, escuelas de negocio y administraciones) genera una masa crítica atractiva de más innovación. De hecho, no es sorprendente que en un entorno rico, por ejemplo, en investigación médica, hospitales de referencia, grandes empresas farmacéuticas, y jóvenes start-up biotecnológicas, sea más fácil atraer talento internacional (que encontrará mejores oportunidades) o nuevas inversiones multinacionales (que hallará talento y proveedores especializados, así como un entorno legal y normativo favorable).

En dichos ecosistemas la actividad florece positivamente, y la competitividad de las empresas aumenta radicalmente, por la existencia de cinco fuerzas principales:
  • La fuerza de la atracción: la aglomeración de actividades innovadoras en un cierto espacio geográfico ejerce fuerza gravitatoria, atractiva, de nuevas actividades: existe un incentivo natural a que nuevas empresas se ubiquen en ese espacio (donde encontrarán talento, proveedores, fuentes de conocimiento, infraestructuras relacionadas, etc…). El talento atrae más talento. Las oportunidades atraen inversión. Los líderes locales atraen proveedores. La disponibilidad de capital atrae nuevas oleadas de emprendedores.
  • La fuerza de la información: en un ecosistema local, la información fluye rápidamente a través de la red social subyacente. Información sobre nuevas tecnologías, nuevas tendencias, nuevos mercados o nuevas oportunidades, que se transmite a través de los foros, jornadas, seminarios, presentaciones o encuentros formales e informales. Y el conocimiento tácito se transmite en la proximidad: cada vez se demuestra más ineficiente mantener las actividades de I+D en un lugar y el manufacturing en otro, a cientos o miles de kilómetros. La necesidad de relaciones de proximidad tiende a concentrar la cadena de valor en un mismo punto geográfico.
  • La fuerza de la interacción: en un sistema, las probabilidades de interacción se incrementan exponencialmente con el número de partículas existentes. La concentración de emprendedores, inversores, empresas, universidades y centros de conocimiento facilita que se produzcan “choques positivos”, colaboraciones y emergencia de nuevos proyectos.
  • La fuerza de la rivalidad: si la competitividad es un concepto económico, la rivalidad tiene connotaciones psicológicas. La competitividad es global, la rivalidad se suele dar en la proximidad. Comprobar que un competidor próximo (un vecino) innova, estimula la propia innovación. Que en un mismo ecosistema existan rivales locales es extraordinariamente positivo. Este es el caso, por ejemplo, de Freixenet i Codorniu en Catalunya. O de Apple y Google en Silicon Valley.
  • La fuerza de la anticipación: la concentración de empresas y clientes exigentes permite anticipar las necesidades del mercado. Interaccionar continuamente con usuarios líderes, los más sofisticados, genera una fuente de información estratégica. La complicidad de las administraciones para lanzar paquetes de compra pública de estado del arte permite liderar el futuro.

Por todo ello, es un hecho contrastado también que las empresas en dichos ecosistemas son más productivas, más rápidas en la adquisición de nuevas tecnologías, y más flexibles adaptándose a nuevos mercados. Y por la misma razón es fundamental determinar las condiciones de contorno, desde la política pública, que permitan estabilizar dichos ecosistemas, básicamente estimulando la conexión de sus agentes (desarrollar clústeres es reforzar relaciones de confianza), generando los incentivos que permitan superar el fallo de mercado (el mercado tiende a no invertir en proyectos de riesgo –como es el caso de la alta tecnología- aunque dichos proyectos sean deseables para incrementar la competitividad y el bienestar), e incentivado compra pública innovadora y exigente. Los parques tecnológicos han sido intentos de recrear pequeños ecosistemas donde activar las fuerzas de la innovación en la proximidad.

Desde los entornos locales o regionales poco se puede hacer para estabilizar las fuerzas macroeconómicas. Actualmente, éstas actúan como una oscilación de alta frecuencia. Pero subyacente, la tendencia competitiva la marca el entorno local, microeconómico. La competitividad del futuro, los factores diferenciales, se decidirán en la proximidad. Como el hogar paterno condiciona los valores, carácter, comportamiento y aspiraciones de un niño, el ecosistema local determina de forma crítica la capacidad competitiva de las empresas que se ubican en el mismo.

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