28 de junio de 2012

¿UN PAIS DE INTEL O DE TELEPIZZA?


Telepizza e Intel comparten una gran historia innovadora.

Telepizza nació en 1986, fundada por el inmigrante cubano Leopoldo Fernández Pujals y un grupo de hosteleros madrileños y vigueses. Con una propuesta de valor innovadora para la época “pizzas a domicilio en 20 minutos”, tuvo un crecimiento exponencial. Salió a bolsa en 1996, e incluso llegó a cotizar en el selectivo IBEX 35.

Intel es una empresa de semiconductores con sede en Santa Clara (Silicon Valley). Hoy, es el fabricante de semiconductores más grande del mundo. Fue fundada en 1968 por una serie de ingenieros emprendedores que se escindieron de Fairchild Semiconductors, entre ellos Robert Noyce, Andy Groove y Gordon Moore (quien postuló la famosa ley de Moore de crecimiento exponencial de la capacidad de integración de semiconductores). Intel (“Integrated Electronics”) creó el primer microprocesador comercial en 1971, y durante cuatro décadas ha dominado el mercado de los dispositivos de silicio, dirigiendo la evolución del industria de los ordenadores personales.

Es mucho más sencillo entender el modelo de Telepizza. Mucho más rápido de desarrollar, y mucho menos arriesgado. Al fin y al cabo, ¿quién demonios entiende qué es un microprocesador? El dilema de un inversor privado es de fácil solución: antes de invertir en un tipo extraño que investiga sobre silicio, invierto en una cadena de pizzerías. Está claro que el mercado siempre optará por las pizzas. El problema aparece si esta lógica también se da en la administración, y ésta deja de cubrir su función de evitar el fallo del mercado.

Un proyecto como el de Telepizza surge de una idea genial, de una necesidad market-pull, latente y obvia. Pero carece de barreras de entrada a la competencia. Rápidamente puede aparecer una cadena competidora con una propuesta de valor similar. En una economía sana, este tipo de ideas surgen de forma habitual, atraen capital privado crecen rápidamente y pueden morir tan rápidamente como han surgido.

Es mucho más difícil que surja un Intel. Necesita un contexto de investigación puntera. Una masa crítica científica, posiblemente acumulada durante décadas. Y el Intel del año 1 es mucho más frágil que la Telepizza del año 1. Requiere cuidados especiales, necesidades de financiación muy superiores (seguramente no escalables como Telepizza: a más establecimientos abiertos, más facturación). Desarrollar un Intel requiere de un ecosistema que le provea de capital riesgo y servicios jurídicos avanzados. Y, posiblemente, de compradores sofisticados y exigentes, que asuman riesgo a cambio de liderazgo. No en vano, los primeros compradores masivos de microchips fueron el Departamento de Defensa de USA y la NASA. ¿Quién dice que en USA no hay ayudas públicas a las empresas de alta tecnología? ¡Por favor, no seamos ingenuos!

Por todo ello, Telepizza puede nacer en los suburbios de Madrid e Intel sólo puede nacer en el seno de un ecosistema innovador.

El mercado es inteligente, por eso optará por proyectos de “innovación no tecnológica” como Telepizza.

Pero yo quiero para mis hijos un país de Intels, no un país de Telepizzas.

3 comentarios:

  1. Estic d'acord. Pero els emprenedors que ara estan construint les futures empreses "Intel" es passen moltes hores, dies i nits treballant... i demanen un menjar ràpid a telepizza per aprofitar el temps.
    Evidentment necesitem Intels, per ser punters, pero no descuidem/menystinguem les necessitats/oportunitats del mercat per, en qualsevol cas, fer empreses que generin ocupació a tots els nivells. Xavier.

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  2. Ojala. Eso es lo que deseamos todos pero para crear ese ecosistema es necesaria una inversion cuyos frutos no se recogeran a corto plazo. Eso es lo que nos pierde. No tenemos vision estrategica.

    Abz,
    Carlos Oliveras

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  3. Que solo me queda un Angry Bird y no hay manera de que me salga, esta noche llamo a Telepizza y me dan ese fijo (o eso espero :D).

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