17 de junio de 2012

LOS RETOS DE LOS CENTROS TECNOLOGICOS

Hace un par de años, ya en plena crisis, el Parlamento Británico aprobó el lanzamiento de un programa de creación de centros tecnológicos, dotado de 2.000 millones de libras (!!). El Reino Unido entendió que existía otro fallo "sistémico" en su economía (además del financiero): eran capaces de producir premios Nóbel, pero no eran capaces de transformar (sistemáticamente) el conocimiento generado en crecimiento económico, al menos con la eficiencia de otros países como USA.

Un buen amigo mío considera que la falta de innovación es la madre de todas las debilidades europeas (especialmente en España, y muy especialmente en Catalunya): un déficit comercial estratosférico debido a una balanza de pagos desequilibrada: el coste de las importaciones supera al de las exportaciones. Como país, somos deficitarios. Y esto se arregla con incrementos de productividad ganados con innovación. Productos líderes, productos innovadores, productos tecnológicamente sofisticados que generen buenos márgenes comerciales. Productos internacionalmente competitivos. Si no innovas, no exportas.

En España, la debilidad endémica de la universidad en transferencia de tecnología se ha corregido de una manera atípica: las organizaciones empresariales han creado sus propios centros de test (inicialmente) y de investigación aplicada (posteriormente). Son los "centros tecnológicos".

En Catalunya, durante los últimos años, hemos sufrido una inflación de centros tecnológicos. Lamentablemente, no hemos gozado de una política de innovación pactada a una generación, con consenso estratégico. Prioridades y presupuestos han fluctuado dramáticamente. Universidades, centros de investigación y centros tecnológicos se han ido situando de forma alternativa en el epicentro de todas las esperanzas de cambio productivo, sin que éste se haya producido todavía de forma efectiva. La crisis ha agravado la situación y ha reconfigurado el escenario del sistema de innovación, así como los retos estratégicos de los diferentes agentes.

Los centros tecnológicos, organismos de investigación aplicada, de naturaleza privada y con implicación empresarial en sus sistemas de gobierno se hallan actualmente ante los siguientes retos estratégicos:

a) Gobernanza. Pese a que el modelo "privado" aparentemente es el idóneo, por su aparente inmunidad a las fluctuaciones políticas, no está claro que sea sostenible: en la medida que las actividades científico-técnicas son de naturaleza arriesgada, incierta llegada al mercado y largo plazo estratégico, deben ser cofinanciadas públicamente. Existen ambigüedades legales en la provisión de fondos públicos y el gobierno de unas pocas empresas presentes en los patronatos. Por otro lado, no está claro que estas empresas sean capaces de visualizar las rupturas tecnológicas del futuro y proveer auténticas agendas de investigación estratégica.

b) Internacionalización. Pese a surgir de entornos locales, de fuerte arraigo territorial, los centros líderes han adquirido capacidades científicas que dejan atrás la capacidad absortiva de sus empresas fundadoras o de las empresas del entorno. Su mercado es ya internacional. Y su rol económico deja de ser servir a la empresa local, para convertirse en grandes centros tractores por su capacidad de generar puestos de trabajo de alto nivel, la rotación de directivos y científicos que generan en el territorio, y su contribución a la marca territorial (regional branding)

c) Generación de capacidades científicas. Si bien dichos centros surgen de la industria, y sus posiciones son inicialmente de servicio directo al mercado, poco a poco han ido subiendo aguas arriba, incorporando talento científico. Sin ciencia de nivel, difícilmente dispondrán de materia prima diferencial para generar ventajas competitivas exclusivas en la industria.

d) Valorización de la tecnología y producto propio. El modelo de centros de servicios está obsoleto. Comercializar servicios de investigación aplicada para terceros, sin aprovechar los spillovers generados (desbordamientos de conocimiento, apropiación de conocimiento tácito generado en contratos industriales) para generar patentes propias y start-up's, significa un inasumible coste de oportunidad. Y, cuidado, no existe metodología para ello. Las ciencias de gestión tienen un gran reto en este campo: un adhesivo que no pegue no vale nada. Post-it sí. El paso entre ambos conceptos no está metodológicamente resuelto.

e) Nuevos modelos de negocio. Está comprobado que tecnologías emergentes pueden precisar nuevos modelos de negocio para introducirse en el mercado. Un vehículo eléctrico puede costar un 30% más que su equivalente de combustión, y tener un 60% menos de autonomía, con el agravante de precisar 8 horas para la recarga de la batería. La tecnología de baterías eléctricas no es competitiva... si no cambiamos el modelo de negocio. Better Place propone vender vehículos sin batería, alquilándola y reemplazándola en 5 minutos en estaciones de cambio ultra-rápido de batería. Cambian el modelo económico, el modelo de negocio, haciendo viable una tecnología rupturista. Los centros tecnológicos deben aprender a ofrecer no sólo tecnología, sino modelos de negocio disruptivos asociados a la primera.

f) Masa crítica. Para ser un player internacional, para obtener economías de escala en procesos clave, para acelerar la internacionalización y para generar masa crítica científica, es preciso tener una dimensión mínima. Y, especialmente, para hacer el centro maximalmente autosostenible. El desarrollo tecnológico sigue una ley de grandes números. Sólo se podrán asegurar las crecientes inversiones en líneas de investigación propias con cash-flow suficiente que permita una realimentación positiva con excedentes que, además, puedan impulsar las iniciativas de start-up. El tamaño importa para ganar grandes contratos internacionales o, para obtener economías de escala o de alcance. Los menguantes presupuestos públicos aconsejan ganar rápidamente masa crítica para ello.

g) Sensibilidad social. Es preciso conseguir una sociedad sensible a la ciencia, la tecnología y la innovación. La ciencia básica ha conseguido una gran notoriedad y sensibilidad social. No así la innovación y la investigación aplicada.

h) Estabilidad en las políticas públicas. Con todo ello, una vez conseguida la masa crítica, consolidado el proceso de internacionalización, sistematizada la generación de producto propio, y con el suficiente crédito científico, los centros tecnológicos pueden abordar un último y supremo reto estratégico: estabilizar las políticas de innovación desde fuera de los gobiernos centrales y autonómicos.

Se han cometido errores en el pasado, hemos sufrido una hiperinflación de proyectos pseudotecnológicos, y nuestros centros son todavía pequeños. Pero su rol será crítico en un sistema de innovación compensado, como el que precisamos con extrema urgencia.




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