8 de junio de 2012

LEYES FUNDAMENTALES DE LA REVOLUCION DIGITAL

La irrupción de las tecnologías de la informática y las comunicaciones (TIC) ha revolucionado el mundo, hasta un punto no bien comprendido todavía. La acelerada dinámica de cambio, en la sociedad y en la propia tecnología digital impiden hacer un análisis profundo, casi filosófico, de cómo dichas tecnologías han cambiado la realidad preexistente.

En una de sus dimensiones más transformadoras, la digitalización está llevando al mundo a la interconexión global. No sólo ya punto a punto, sino individuo a individuo, de forma permanente, en cualquier lugar y en cualquier momento. La interconexión informática global es un gran acelerador de la creación de nuevo conocimiento: millones de científicos comparten bases de datos globales, incorporando sus avances en tiempo real, en un vertiginoso e inmenso proceso acumulativo de generación de nueva ciencia y nuevo conocimiento. Miles de ingenieros desarrollan productos de forma concurrente, en equipos internacionales, reduciendo dramáticamente el time-to-market. Desde el punto de vista de la contribución al desarrollo científico y tecnológico, la irrupción de las TIC ha significado un revulsivo. Incluso a nivel epistemológico. El método científico permite otras posibilidades: antes, la teoría debía experimentarse para ser válida. Ahora simplemente se puede simular.

La digitalización invade progresivamente todos los ámbitos de la empresa, la sociedad y la propia cultura, siguiendo unas reglas que nos permiten vislumbrar de forma difusa el futuro:

1) Todo lo que pueda ser digital, será digital.
2) Todo lo que pueda ser móvil, será móvil.
3) Todo lo que pueda tener conectividad, estará conectado
4) Todo lo que pueda integrarse, será integrado
5) Todo lo que pueda miniaturizarse, será miniaturizado
6) Todo lo que pueda simplificarse, será simplificado.

En este sentido, puedo imaginarme un futuro ligado a un "yo" digital: el dispositivo final resultante del mundo digital, el diseño dominante emergente posterior a los smartphones, la concreción de la digitalización total. Imaginemos un smartphone del futuro que integre todo lo integrable: un aparato con el que podamos telefonear, conectarnos a internet con banda infinita, acceder a toda la información del mundo en un instante y desde cualquier lugar. Un pequeño aparato que almacene toda nuestra documentación de trabajo (todo el trabajo de nuestras vidas). Que contenga nuestras fotos, nuestros vídeos y nuestros libros. Que substituya a las actuales tarjetas de crédito (que se pueda pagar con él, forzando a la desaparición del dinero físico). Que substituya nuestra documentación legal (DNI, pasaporte, etc.). Que supla y/o controle toda la electrónica que nos rodea, desde el mando a distancia del párking hasta el control remoto de la calefacción. Que tenga localizados en todo momento a nuestros amigos, familia y colegas a través de redes sociales. Que contenga toda nuestra información médica. Que nos guíe a cualquier punto a través de GPS. Que recuerde todos nuestros recorridos, nuestros paseos y excursiones, nuestros viajes de trabajo, y nos proporcione información  actualizada, histórica y turística, de cada lugar...

El hombre del futuro (futuro inmediato) estará totalmente desvalido sin un dispositivo como ese, en un contexto de necesidad digital absoluta. Y es estremecedor pensar que el día que muramos, dicho dispositivo, nuestro "alter ego" digital, almacenará absolutamente todo nuestro track vital, registrado segundo a segundo.

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