31 de marzo de 2012

EL FALLO DEL MERCADO

El mercado es un sistema casi perfecto de capacidades, presiones e incentivos. Las diferentes capacidades que individuos y organizaciones poseen (habilidades), se ponen en valor ante potenciales clientes, que manifiestan necesidades. Habilidades y necesidades se compensan a través de transacciones comerciales. Los demandantes ven sus necesidades satisfechas, y los ofertantes deben reforzar sus capacidades para competir con otros ofertantes, a la vez que se ven estimulados por presiones (si no demuestran eficiencia y eficacia, pierden las inversiones que han realizado) e incentivos (si tienen éxito, pueden enriquecerse).

Sin embargo, el mercado no es perfecto. Sabemos que hay bienes y servicios que el mercado solo no va a proveer. Por ejemplo, si dejáramos a las fuerzas del mercado decidir dónde ubicar alumbrado público, posiblemente tendríamos polígonos industriales y zonas altas urbanas alumbradas (pagada por empresas y habitantes de esas zonas), y los suburbios y zonas secundarias, abandonadas y oscuras.

Algo similar ocurre con la innovación y, especialmente con la I+D: el mercado asigna menos recursos a investigación y desarrollo de lo que sería económica y socialmente deseable, sobre todo en tejidos de PIME. Está comprobado que la empresa emprende actividades de mayor riesgo tecnológico de forma proporcional a su dimensión o a los incentivos directos de que disponga (más allá de los derivados del mercado). La empresa, de forma natural, es aversa al riesgo, y tiende a concentrar recursos en actividades de corto plazo y riesgo limitado.

Imaginemos una PIME que factura 10 M€, y que tiene en cartera un proyecto de desarrollo de un nuevo acero de alta resistencia, ultraligero. Imaginemos que debe simular, en primer lugar (y demostrar bajo ecuaciones estructurales) que su síntesis es posible. Además, probar que el proceso es escalable y repetible industrialmente. Deberá comprobar que las características mecánicas del material cumplen los requisitos previstos. Además, deberá estudiar cómo proteger industrialmente el desarrollo (patente) en caso de éxito.  Supongamos que todo ello, supone una inversión de 2 M€ por una probabilidad del 50% de conseguir los objetivos esperados… Es muy posible que la empresa decidirá no abordar el proyecto por el nivel de compromiso que le comportaría. Es el fallo del mercado.

Imaginemos, sin embargo, que dicho proyecto le confiere un contrato de exclusividad con grandes proveedores de automoción. Que genera 100 puestos de trabajo de alta calificación, contribuye a la atracción de inversiones extranjeras en la zona, a desarrollar proveedores locales, y unos cuantos miles de noches de hotel en la zona por rotación de técnicos y directivos extranjeros. Este proyecto generaría externalidades positivas en la economía. Por eso es atractivo para un gobierno,  y por eso se justifican las políticas de apoyo a la I+D: para reducir el riesgo empresarial en actividades de alta tecnología, cubrir el fallo de mercado y generar externalidades positivas.

No seamos ingenuos: el fenómeno del Silicon Valley, por ejemplo, tiene sus raíces en un mar de recursos públicos volcados en la década de los 40 en proyectos de antenas y microondas, para batir los sistemas de rádar alemanes y facilitar los bombardeos de la Europa continental en la Segunda Guerra Mundial (la primera guerra electrónica de la historia). No existe ningún ejemplo internacional de dinámica innovadora y de alta tecnología que no haya tenido un soporte intenso inicial de recursos públicos desde la demanda (proyectos empresariales de alto riesgo), con la finalidad de cubrir el fallo de mercado y generar externalidades positivas.

Y, en este contexto, es muy mala noticia que en los presupuestos generales del estado 2012, presentados ayer, las dotaciones al CDTI (Centro de Desarrollo Tecnológico Industrial) hayan caído un 80% (de 536 a 114 M€)…

1 comentario:

  1. La visión a corto que ha predominado en los últimos años y que es una de las causas identificadas de la llamada "crisis", resulta ser también la mala medicina que se aplica otra vez al enfermo. No invertir en investigación, innovación y educación puede que reduzca los gastos y costes a corto, pero nos saldrá muy caro a todos a largo plazo.

    Pensando de la misma forma que nos ha traido aquí no saldremos del agujero.

    Buen artículo Xavier,
    Jordi

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