15 de febrero de 2012

SISTEMAS NACIONALES DE INNOVACION: COMPETENCIA ABIERTA

Existe un claro consenso internacional en que la innovación es la fuente básica de crecimiento y competitividad de los países. Sin productos diferenciales, sin procesos tecnológicamente sofisticados, los márgenes empresariales decaen. La productividad depende dramáticamente de la capacidad innovadora de la empresa, y el potencial exportador se sustenta cada vez más en la generación de productos líderes. Si no innovas, no exportas.

La ventaja competitiva de las naciones dependerá de su habilidad para generar ecosistemas innovadores. Y para ello, es necesario definir una estrategia estable, con visión a largo plazo, y con compromiso de recursos. No existen políticas de innovación low-cost. En los últimos años, sin embargo, a raíz de la crisis, algunos debates que han estado en el orden del día de las políticas de competitividad, se están acotando claramente. En particular, cada vez se percibe con más nitidez que las políticas industriales de éxito son fundamentalmente políticas tecnológicas. Como ejemplo, cabe analizar el plan Obama para la promoción de las actividades de manufacturing en USA.

Por otro lado, se ha roto ya un tópico, que las empresas no cooperan (cooperan con éxito en I+D si existen los detonantes y los incentivos oportunos), y se va a romper una falacia (la de la transferencia tecnológica: no es eficiente asignar –sólo- recursos a los centros de conocimiento y universidades, esperando que dicho conocimiento se genere y se difunda a la industria, sino que es preciso asignar también recursos a la investigación en la industria). La investigación industrial emerge con fuerza como motor de competitividad. Y es que la innovación es un fenómeno empresarial. El núcleo del sistema de innovación es la empresa, no la universidad o el centro de investigación.

Esta nueva dinámica genera una segunda esfera de competencia: además de la competencia de los mercados, de las empresas individuales, existe una competencia creciente entre las naciones pera generar sus sistemas de innovación. Compiten estrategias, compiten instrumentos y compiten incentivos para atraer talento e inversiones, impulsar proyectos tractores y localizar empresas de alto potencial de crecimiento.

General Electric ha publicado su Innovation Barometer con un listado de instrumentos de diferentes países líderes, de agresividad creciente, para desarrollar sus sistemas nacionales de innovación. Cabe destacar, entre otros muchos, las deducciones fiscales de hasta el 50% en China para actividades de I+D, los 400 M€ destinados por Francia para proyectos precomerciales en tecnologías limpias, el 20% de exención fiscal para multinacionales que ubiquen sus sedes en Japón, la participación en capital de Singapur en nuevas empresas biomédicas o TIC, o su programa de 16 billones de dólares para promoción de la innovación, el 90% de exención fiscal para proyectos cooperativos de I+D en Corea del Sur,  etc.

En este mundo hipercompetitivo nada es gratis. Desarrollar una estrategia de liderazgo industrial es costoso, pero si la innovación es cara, prueben la obsolescencia...

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