8 de enero de 2012

EL DESARROLLO TECNOLOGICO, UN PROCESO ACUMULATIVO

En mi anterior post, “Tecnonacionalismo”, abría el debate sobre en qué punto se maximiza el retorno de la innovación, sobre los ejes “investigación básica – innovación tecnológica”, y “sistema de innovación local – economía global”.



Según algunos autores (entre ellos, Bhidé, cuyas opiniones analizaba en el anterior post), la zona de máximo valor se encuentra en la combinación “innovación tecnológica + economía global”. Es decir, son aquellas empresas, capaces de integrar tecnologías prexistentes, de forma rápida y adaptada a las necesidades de los consumidores, desarrollando productos globales, las que se apropian de los mayores retornos del fenómeno innovador. Por ello, ni sería estrictamente necesario que dichas empresas asuman el riesgo de la I+D, ni es tampoco necesario que en sus países de origen existan fuentes tecnológicas a disposición. Basta con que dichas empresas tengan sistemas inteligentes que permitan captar o anticipar necesidades de mercado, y capturar, comprar o adquirir la tecnología allá donde se haya generado. Incluso a nivel de política pública, sería dudosa la necesidad de estimular la I+D, la potenciación de las carreras científicas o técnicas o la sensibilidad social por la ciencia y la tecnología por parte de las naciones desarrolladas. Quizá sería más efectivo potenciar la formación de excelentes gestores y directivos en escuelas de negocio.



Ya discutí mi opinión sobre esta visión. Desde el punto de vista empresarial, tiene sentido (una empresa inteligente, por supuesto, minimizará los riesgos de la innovación e intentará capturar los avances tecnológicos desarrollados por terceros, a mínimo coste). Pero desde el punto de vista de competitividad-país, la creo errónea o desfasada, pues existen evidencias de que políticas tecnológicas compensadas en oferta y demanda generan ecosistemas dinámicos en desarrollo tecnológico y crecimiento económico en entornos regionales o nacionales, competitivos a nivel global. Por otro lado, en mi opinión, Bhidé olvida el concepto de fallo de mercado (del cual hablaré en otro post). En mi terminología, la visión de Bhidé se correspondería a la versión 5.0 de la innovación. La visión de desarrollo de ecosistemas sería la 6.0



Lo que es claramente cierto (y, en eso coincido con Bhidé) es que, en sectores muy sofisticados, el desarrollo tecnológico sigue una lógica acumulativa, en la cual los avances en ciencia básica pueden llegar al mercado en tiempos dramáticamente largos. Inaceptablemente largos en momentos de crisis extrema como el actual. Por ello, con más razón, se justifican programas públicos de aceleración del time-to-market de la tecnología (programas de transferencia tecnológica orientados a fomentar la competitividad-país).



Para ilustrar el fenómeno, he escogido un conjunto de avances fundamentales que, al final, dan lugar a una industria: la aeronáutica. Desde el descubrimiento de la Ley de la Gravedad por Newton (ciencia básica), hasta la aparición de las primeras líneas aéreas comerciales (innovación tecnológica) pasan más de 250 años.



En la trayectoria tecnológica del aeroplano juegan un conjunto de avances científicos y tecnológicos, acumulados, de hecho, a lo largo de 6.000 años, desde la invención de la rueda. (Nota al margen: la rueda fue una invención. Añadir otras tres ruedas para desarrollar un carro fue una innovación. Una sola rueda no genera ventajas competitivas…).





Los prototipos de Da Vinci (Renacimiento), las investigaciones de Newton, las teorías de Swedenborg (conjeturando la posibilidad de que aparatos más pesados que el aire se sustentaran volando), los diseños de los primeros planeadores, la aportación fundamental de Stokes (con su fórmula de sustentación: un aparato en movimiento en un fluido puede desarrollar un empuje vertical hacia arriba, que dependerá de la viscosidad del fluido –aire-, la geometría del móvil –forma de las alas-, y la velocidad del mismo), la solución al problema de la velocidad (con la incorporación de motores de combustión) han sido claves para dar lugar a un sector como el de las aerolíneas. En el gráfico he representado estos avances sobre la típica curva en S de la innovación tecnológica: hasta el primer prototipo de los hermanos Wright, en 1901, el conjunto de tecnologías prexistentes no tenía prestaciones reales para el vuelo (no se había hallado la combinación válida). Una vez aparece el diseño dominante (lo que actualmente entendemos como aeroplano, el punto de equilibrio entre las necesidades del mercado y las habilidades -tecnologías- disponibles), sus prestaciones crecen rápidamente en un periodo relativamente corto de tiempo (en poco más de 40 años). Desde entonces, el diseño dominante ha permanecido inalterado...



… Hasta que una nueva tecnología de ruptura aparezca y desbanque el paradigma actual de aeronáutica. ¿O quizá esto es imposible? ;-)

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