13 de enero de 2012

DOCTORES EN EMPRESA

Cuando se habla de transferencia tecnológica, se suele pensar que los mecanismos fundamentales de dicho proceso son:

  • El trabajo de una universidad o centro de investigación bajo contrato con una industria
  • La venta o licencia de patentes
  • La creación de spin-offs (nuevas empresas de base tecnológica)

Sin embargo, uno de los mecanismos principales es el de la transferencia de personas. En este sentido, uno de los gaps que restan por cubrir en gran número de sistemas de innovación es la incorporación de doctores a empresa. ¿Qué sentido puede tener incorporar un PhD -Philosophy Doctor, doctor en filosofía de la ciencia en terminología anglosajona- a una empresa?

Es un reto estratégico para los países occidentales desarrollar un sólido liderazgo industrial alimentado con una potente generación de conocimiento científico. En particular, ya desde la Cumbre de Lisboa del año 2000, la UE se planteó "convertirse en la economía basada en conocimiento más competitiva del mundo" (lo que, por cierto, debía conseguirse hacia el 2010). Para ello, países y regiones han articulado estrategias y políticas de innovación tecnológica. El reto de incorporar doctores a empresa forma parte de estas políticas. Un doctor es un profesional del método científico, un investigador metodológicamente sólido, entrenado, formado e interconectado con las redes mundiales de conocimiento. Es, por tanto, una figura clave en una industria donde se debe inyectar ciencia y método científico para que siga siendo competitiva.

Sin embargo, el problema es sistémico. No es un problema coyuntural de colocación de unos profesionales que hasta el momento, tenían salida asegurada en la universidad. Es un problema de oferta y demanda. Se debe flexibilizar la oferta (facilitando que profesionales de la industria realicen su doctorado, por ejemplo, part-time), e incentivando a  demanda (la industria) para que incorpore doctores (especialmente en sus departamentos técnicos y de I+D). Y los puentes de conexión deben ir más allá, permitiendo al doctor - profesional de la industria realizar actividades académicas (fomentando profesores part-time), del mismo modo que se estimula al académico - profesor universitario a trabajar en contratos industriales. Todo ello contribuirá a diluir las fronteras entre el mundo académico e industrial.

Hace pocos días me entrevistaron los responsables de diseñar programas de incorporación de doctores a la industria, en la Generalitat de Catalunya. En mi opinión, se trata de construir una nueva posición directiva en el mundo de la industria: del mismo modo que está perfectamente caracterizada y aceptada una posición de Director de Márketing o Director Financiero -y cada vez más se les exige un MBA-, debería caracterizarse la posición de Director de I+D o de Tecnología -y exigírsele un doctorado-. Y, para que ello tenga éxito, los doctores deben empezar a introducirse por la cúpula, en posiciones directivas, con salarios directivos. Un doctor - director de I+D con capacidad de decisión valorará la fortaleza metodológica de otros doctores -y les contratará-. La estrategia de los programas de doctorado empresariales debería ser similar a la de las escuelas de negocio, entre cuyos parámetros de éxito se encuentra el salario de sus titulados, jamás la incorporación de doctores low-cost becados por la administración. Y, si hay que becar, mejor conceder una ayuda sustancial para un profesional - doctor de primer nivel que forme parte del comité de dirección de la empresa, que diez becarios que tardarán 20 años en poder tomar decisiones.


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