9 de diciembre de 2011

DOCTOR PARERAS: INNOVACION EN LA PROFESION MÉDICA.

He tenido la oportunidad de volver a escuchar al Dr. Lluís Pareras, buen amigo, en una sesión compartida en ESADE. Aunque he asistido a sus sesiones decenas de veces, siempre aprendo algo nuevo. El Dr. Pareras tiene un perfil único en el mundo de la innovación: es neurocirujano y Global Executive MBA por IESE. Ha trabajado operando cerebros en Barcelona, y gestionando complejas operaciones de capital riesgo en San Francisco. Es un placer volver a escuchar sus lecciones.

De hecho, los profesionales de la medicina tienen, en sí, un perfil exclusivo, muy interesante para en mundo de la innovación: son científicos y son mercado a la vez. Tienen un profundo conocimiento de su profesión, basada en el método científico; y a la vez son el punto de contacto con los pacientes. Y esta singularidad los convierte en grandes motores de innovación: detectan oportunidades y pueden contribuir a solucionarlas de forma concurrente.

Catalunya tiene un potentísimo clúster de biomedicina y tecnologías médicas. Se dan las condiciones de contorno oportunas para que dicho clúster haya florecido (en otro post hablaremos de cuáles son las condiciones necesarias para desarrollar clústers industriales). La commoditización de la profesión médica, el grado de exigencia que requiere, la contracción de recursos públicos y la aparición de líderes como el Dr. Pareras (que ha estimulado de forma decisiva el entrepreneurship en el colectivo médico) anticipan una explosión de empresas de tecnologías médicas en los próximos años.

Pero quiero referirme a algo que el Dr. Pareras califica como dilema ético, y que somete a discusión en sus lecciones. La profesión médica, como el management, requiere en ocasiones tomar decisiones difíciles, resolver comprometidos dilemas. En neurocirugía, existe una patología llamada aneurisma, que consiste en la formación de una especie de globo arterial en el cerebro. Si el globo se revienta, se produce una hemorragia que mata al paciente. Para solventarlo, la técnica pasa por poner un clip en la base del globo, reventarlo (con el clip evitando la hemorragia), y suturar después. Si el clip está bien colocado, el paciente realiza vida normal en una semana. Pero si el pulso del cirujano tiembla, y el globo se revienta por un mal clipado, el paciente muere en la mesa de operaciones.

Aprender a clipar (como todo en la vida) tiene una cierta curva de experiencia. Requiere aprendizaje. Si clipa un cirujano junior, las posibilidades de error (y muerte) son muy elevadas. Si clipa uno sénior, las posibilidades de éxito son muy elevadas. En la mesa de operaciones siempre hay dos cirujanos: uno júnior y otro sénior. ¿Quién debe clipar?

Extremo dilema ético. Mirando el bien del paciente, siempre debería clipar el sénior… Pero en pocos años, dejarían de haber cirujanos séniors a disposición. Si procuramos asegurar el bien de cientos de futuros pacientes, deberíamos permitir que el júnior aprendiera… Con el coste que ello comporta.

Este, es, en definitiva, el dilema de la innovación que el profesor de Harvard Clayton Christensen popularizó en su bestseller  “The Innovator’s Dilemma”. Sacrificar parte del bien de hoy para asegurar el bien de mañana. En palabras de Phillip McCann, profesor de Geografía Económica de la Universidad de Gröningen “el dilema de la innovación consiste en asumir riesgos hoy para minimizar el riesgo en el futuro

Gràcies, Lluís, per la teva amistat i per les teves lliçons!

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