17 de abril de 2014

NUEVA ERA DE INNOVACIÓN EN COREA DEL SUR

Tras haber hecho crecer exponencialmente su PIB, desde prácticamente cero hasta casi tres billones (americanos) de dólares anuales en poco más de dos décadas, Corea del Sur no está todavía satisfecha con su increíble potencia innovadora. Por séptimo año consecutivo, la renta per cápita coreana no ha conseguido superar los 20.000 dólares. Para abordar este reto, el gobierno Surcoreano se ha propuesto dar una vuelta de tuerca más a su estrategia económica basada en innovación. Según su presidente, Park Geun-Hye, “la innovación es la única fuente para conseguir crecer en el mundo global”. Su nueva propuesta se concreta en un plan de fomento de la economía creativa, de tres años, con las siguientes líneas maestras:

Fiscalidad favorable a la financiación de start-ups: impulso a los business angels, fomentando que los individuos con cierto capital se decidan a invertir en nuevas empresas de base tecnológica. El 100% del capital invertido, hasta el millón de euros aproximado (1.500 millones de wons) estará exento de impuestos. Además, el gobierno proporcionará capital público para complementar las inversiones, sometidas a un estricto control de hitos tecnológicos, cuando el capital privado sea insuficiente (“matching funds”)

Creación de ecosistema emprendedor:  el gobierno invertirá 3.000 M€ adicionales (4 trillones de wons) para financiar start-ups, según planes de negocio customizados. Además, se impulsarán nuevos “Centros de Innovación para la Economía Creativa” en 17 provincias y áreas metropolitanas.  El objetivo: actuar como hubs de soporte a los emprendedores para convertir sus empresas en realidades globales. Los centros, además, pondrán en contacto a los emprendedores con mentores, inversores y clústers (estos últimos, con el objetivo de acompañar a las jóvenes start-ups en sus procesos de internacionalización acelerada).

La iniciativa se acompaña con un programa “Biz-Cool” (algo así como “Emprender es Divertido”), para inculcar el espíritu emprendedor entre los jóvenes coreanos. Las universidades especializadas en entrepreneurship pasarán de 23 a 40 en tres años, y ofrecerán soporte al emprendedor, facilidades en la creación de muestras y prototipos, y enseñanza en técnicas comerciales. Unos 10 M€ (15 billones de won) serán destinados para financiar becas de jóvenes universitarios coreanos en prometedoras start-ups.  Y las 277 incubadoras existentes recibirán soporte extra del gobierno para dotarlas de mayor capacidad de soporte al emprendedor.

Capital riesgo mixto: siguiendo el modelo de Israel, y con el consejo de policymakers israelitas ( Yahal Zilka, propietario de fondos de capital riesgo en Tel-Aviv, declaró en una reunión en Seul que “el rol del gobierno en la activación de start-ups ha sido crucial. Gracias a compartir el riesgo de la inversión, el capital privado pudo invertir de forma más audaz”). Corea quiere imitar el fondo mixto israelita Yozma, invirtiendo 40 M€ (unos 60 billones de wons), para inducir nuevas inversiones privadas en start-up’s por unos 160 M€.

Digitalización: una agresiva política de digitalización ha sido también puesta en marcha. El gobierno pretende impulsar nuevos campos de crecimiento, como el internet de las cosas, cloud computing o big data. Para ello, se han establecido alianzas estratégicas con grandes empresas que actúen como tractoras, y se está extendiendo de forma masiva el uso de cloud computing en la administración pública. Las Naciones Unidas han la Korea’s  National Total Operating Platform System como ejemplo de digitalización de la administración pública.

Incremento de la intensidad tecnológica: Corea se ha propuesto llegar al 5% de inversión en I+D/PIB en el 2017. El gobierno piensa invertir 14.000 M€ (20 trillones de wons) en 2017 para estimular la inversión privada, y lograr alcanzar el objetivo propuesto. Además, se pretende atraer a Corea 300 científicos calificados en el 1% de la élite mundial. Para ello, se prepararán fondos para becas, investigación, y financiación de gastos como viajes, manutención, vivienda, etc…

Además, para fomentar la transferencia tecnológica, el gobierno expandirá el sistema “patent box” para pequeñas y medianas empresas, generando beneficios fiscales para la comercialización de tecnología. Un “fondo creativo” mixto, público y privado, está preparado para invertir colectivamente en nuevas ideas disruptivas. 100 M€ (unos 150 billones de wons) se destinarán, esperando levantar 250 M€ privados (unos 350 billones de wons). Por último, a finales de este año estará disponible una base de datos unificada de oportunidades tecnológicas donde invertir.

No hay secretos... Sólo ideas claras y voluntad de liderazgo.





12 de abril de 2014

SCYTL I ORYZON, DOS ÈXITS DEL SISTEMA D'INNOVACIÓ CATALÀ

Aquesta setmana hem conegut dues bones notícies pel sistema d’innovació català. La primera, és que Roche Holding va comprar a Oryzon Genomics (start-up sorgida de la Universitat de Barcelona) els drets d’un fàrmac experimental, potencialment capaç de bloquejar el creixement del càncer. Segons Bloomberg, Roche pagarà 21 M$ a Oryzon per continuar la seva recerca a curt termini en aquest àmbit, però l’acord podria reportar més de 500 M$ si s’aconsegueixen d’altres objectius terapèutics.

La segona bona notícia ha estat que un dels fundadors de Microsoft, Paul Allen, ha invertit 40 M$ a Scytl (start-up informàtica sorgida de la Universitat Autònoma de Barcelona) mitjançant el seu fons de capital risc Vulcan Capital.

És una gran satisfacció comprovar com joves empreses de base tecnològica sorgides d’universitats catalanes són notícia a Bloomberg i a The Wall Street Journal. Tenim talent per competir internacionalment, i comencem a fer-ho.

Scytl i Oryzon formen part de la primera fornada d’empreses que, cap el 2001, van ser impulsades a través del programa de Trampolins Tecnològics de l’antic CIDEM, i van ser finançades amb un dels primers instruments de recolzament “early-stage” a empreses amb capacitat d’innovació disruptiva. El programa formava part del 1er Pla d'Innovació de Catalunya (2001-2004), dissenyat per l'Eugeni Terré, i coordinat amb el III Pla de Recerca. Es van atorgar al voltant de 100K$ aproximadament a cada una d'elles, a fons perdut, per definir el model de negoci i acabar de completar el seu desenvolupament tecnològic. Aleshores, Scytl i Oryzon no eren més que dos brillants postdocs (Andreu Riera i Carlos Buesa, respectivament), sense massa perspectives a la universitat, però amb un projecte il.lusionador i una gran voluntat de fer-lo créixer. Amb en Carlos hem gaudit de moltes xerrades sobre la salut del sistema d’innovació i la necessitat de mantenir estratègies tecnològiques en el llarg termini. Amb l’Andreu, que malauradament ens va deixar en un desafortunat accident de tràfic fa uns anys, vam compartir aules i esport a Manresa, als anys 80 i 90, converses profundes, i algun primer viatge a Silicon Valley a la recerca d’inversors i contactes, a principis dels 2000.


Crec sincerament que aquests instruments de capital concepte van constituir un punt d’inflexió en el sistema d'innovació. Scytl, Oryzon, Crystax, Advancell, Era Biotech o iSoco, entre d’altres, eren projectes empresarials que van participar d’aquells primers programes de recolzament. Més de deu anys després alguns donen mostres evidents de que allò va ser una bona iniciativa, que el temps i la inestabilitat política posterior va anar desdibuixant. Caldria donar suport molt més contundent a projectes d’innovació disruptiva, de base científica, que en les seves fases inicials (ho hem dit ja moltes vegades), el mercat no finançarà. 

En el seu moment, la capacitat del sistema d’innovació català era generar unes 40 start-up’s d’aquest perfil, per any. Encara ho és, sinó més. Sostinguda en el temps, una estratègia de suport com aquesta, amb tota seguretat transformaria l’estructura econòmica del país.

6 de abril de 2014

LOS 10 ERRORES DEL EMPRENDEDOR

Recupero unas notas tomadas en una sesión de Lluís Pareras, Director de Innovación y Entrepreneurship del Colegio de Médicos de Barcelona. En ellas se detallan los diez errores de planteamiento más usuales de emprendedores que se enfrentan por primera vez a una ronda de financiación de operadores de capital riesgo. Acceder a financiación de fondos profesionales de capital riesgo genera grandes incertidumbres en el emprendedor, que por un lado ve la oportunidad de obtener liquidez para hacer crecer su proyecto, y por otro percibe la amenaza de perder el control de su empresa. Los diez errores clásicos son:
  1. Mi idea vale una fortuna. ¡Error! Una idea no vale nada. Todos tenemos cada día cientos de ideas, que no valen nada. El valor de una idea depende de su ejecución. Es más, una mala idea con un gran equipo al frente, y una buena ejecución, suele generar más valor que una idea genial con un equipo mediocre y/o una ejecución deficiente. Y el liderazgo y calidad del equipo marcarán claramente la diferencia. Guillermo Dorronsoro parafraseaba en su último post a Alejandro Magno: “Nunca he temido a un ejército de leones conducido por un cordero. Más le temo a un ejército de corderos conducido por un león”.
  2. Siempre seré el máximo ejecutivo. ¡Error! El reto inmediato de un proyecto de start-up es conseguir un equipo competente y comprometido. La empresa, si hay suerte, crecerá, cambiará y se enfrentará a diferentes y sucesivos retos estratégicos. Es casi imposible que el emprendedor lidere de forma correcta todas las fases de desarrollo de la compañía. La evolución natural de la misma exigirá nuevos liderazgos
  3. La dilución de capital es nociva. ¡Error! Si un inversor valora la start-up en, por ejemplo, 2 M€, e inyecta 1 M€, su porcentaje de capital al cerrar la operación será del 33%. El emprendedor pasará a poseer, del 100% inicial de la compañía, sólo un 66%. Y este proceso se irá repitiendo a medida que se produzcan nuevas rondas de financiación, hasta posiblemente perder el control. Pero más vale poseer el 0,1% de una empresa global que valga cientos de millones de euros, que el 100% de una iniciativa embrionaria y seca de liquidez para continuar.
  4. La calidad significa triunfo.¡Error! La calidad se da por supuesta en cualquier proyecto empresarial. Es un factor higiénico. Necesario pero insuficiente. Con una calidad excelente, sólo podemos aspirar a ser aceptados en el mercado, no a liderar el mismo. Para ganar, además de calidad, necesitaremos otros muchos atributos: una estrategia diferencial, un producto exclusivo, capacidad de crear barreras de entrada a la competencia, y un equipo de élite, entre otras muchas cosas.
  5. Todo el mundo me quiere. ¡Error! El emprendedor suele estar enamorado de su proyecto. Especialmente, cuando tiene formación científica, y el proyecto es de base tecnológica. Los emprendedores de este campo suelen enamorarse perdidamente de la tecnología, creer que es genial, o que es perfecta. Si la dirección científica toma el control de la compañía, estamos perdidos. Es una excelente práctica someter la idea al test de diferentes puntos de vista (de usuarios potenciales, de líderes de opinión, de expertos sectoriales…). Las críticas acertadas en fase inicial, por duras que sean, valen su peso en oro.
  6. Daré soluciones para todos. ¡Error! Cuando la idea es incipiente, pero intuimos que tiene gran potencial, tendemos a querer abordar todos los segmentos de mercado a la vez. Es preciso focalizarnos. Es mucho mejor centrarnos en un primer segmento pequeño, que sirva a la vez de laboratorio de test para el modelo de negocio y/o la tecnología, y expandirnos rápidamente a partir del mismo. Si en el mercado existen competidores más grandes, generalmente despreciarán un ataque de prueba de una joven start-up a un segmento pequeño,  y es más fácil sorprenderlos con una expansión rápida desde un pequeño punto de apoyo inicial.
  7. No es el momento para empezar. Miedo escénico. Numerosos emprendedores tienen miedo a la entrada de capital riesgo, por temor a lo desconocido, a entrar en un mundo corporativo complejo… A menudo, incluso, se echan atrás ante un pacto ya cerrado y a punto de firmar. El tiempo corre, y, en un entorno de cambio acelerado normalmente es mejor un plan (de empresa) mediocre hoy (y aprender rápidamente de la experiencia) que uno de perfecto dentro de seis meses.
  8. Mantengámoslo en secreto. ¡Error! Si una idea no puede ser contrastada con nadie por miedo a que la copien, es que no es una buena idea. El emprendedor, o el equipo, deben disponer de capacidades críticas para desarrollarla. Si cualquiera puede hacerlo, debemos plantearnos por qué no se ha hecho ya. Y, en todo caso, cómo vamos a crear barreras de entrada y evitar que nos copien.
  9. Engañaré al Capital Riesgo. ¡Error! Los inversores son profesionales muy experimentados en el desarrollo de negocio, normalmente con especialidades y experiencia sectorial. Rápidamente detectarán la calidad de la idea, del emprendedor, de la estrategia, y la verosimilitud de los datos y las proyecciones financieras de los planes de empresa presentados. Antes que el nuestro, han analizado en profundidad miles de ellos. Más vale ser humilde, sincero y mostrar compromiso y talento, que mostrar exceso de pretensiones o escenarios imposibles.
  10. Si lo hago, todos vendrán. ¡Error! Nadie va a acudir espontáneamente, ni clientes ni inversores, por una idea que se antoje fantástica. La negociación con el capital riesgo será larga, sacrificada y generalmente dura. Todos deberemos hacer concesiones. Y los clientes (que, no olvidemos, deben ser la fuente financiera fundamental), tampoco van a acudir de inmediato. Deberemos estar preparados para experimentar continuamente y realizar un ejercicio permanente de prueba y error antes de dar definitivamente con el mercado.

30 de marzo de 2014

STIGLITZ, CHRISTENSEN Y EL ENIGMA DE LA INNOVACION

En 1987, el premio Nobel Robert Solow se lamentaba de que “los ordenadores se pueden ver en todas partes excepto en las estadísticas de productividad”. Efectivamente, la revolución de las tecnologías de la información, omnipresente en todos los sectores de la economía, parecía no impactar de forma notoria en el crecimiento económico. Años después, en 2002, Nathan Myhrvold, ex director de tecnología de Microsoft pronosticaba el nacimiento de una “economía exponencial”. El ritmo de cambio tecnológico, con la emergencia de tecnologías que doblaban sus capacidades cada pocos meses (como los procesadores, según la conocida ley de Moore), permitiría alumbrar una nueva era de crecimiento permanente. Un potencial casi infinito que, sin embargo, parece no traducirse todavía en competitividad real.

En el actual mundo postcrisis, Joseph Stiglitz, también premio Nobel de Economía, constata esta terrible paradoja en su reciente artículo “El Enigma de la Innovación”. Lo cierto es que en la era de la tecnología exponencial, no parecen apreciarse grandes incrementos en la productividad empresarial  ni en el bienestar global de las personas. ¿Quizá el PIB no captura las mejoras de los estándares de vida que la innovación tecnológica genera?, se pregunta Stiglitz. ¿Quizá la energía innovadora ha servido excesivamente los intereses de sectores especulativos, como la banca antes de Lehman Brothers? ¿Quizá buena parte de la innovación se ha traducido en la creación de un mundo virtual –espacios web- que realmente no han contribuido a la generación de valor? Una puntocom de ventas on line puede cambiar la asignación de recursos de compras, pero, ¿realmente contribuye a la creación de riqueza global? Efectivamente, la contribución de Facebook o Twitter al crecimiento a largo plazo seguramente no tiene nada que ver con la contribución del láser, el transistor o el mapa del genoma humano. Existen categorías de innovaciones, y seguramente las más notorias son las que menos importan. Pero el enigma no está resuelto: existe mucha más tecnología disponible de la que es perceptible en los ratios de crecimiento económico y bienestar humano.

Quizá la explicación de esta aparente paradoja la encontremos a principios de los 70, cuando Milton Friedman (también Nobel de Economía) postuló que “el objetivo de una empresa es maximizar el rendimiento de sus accionistas”. ¿Qué rendimiento? Maximizar el rendimiento incrementalmente a un año puede significar renunciar a maximizarlo exponencialmente a diez años… Y ahí es donde entra en juego uno de los mayores visionarios en el mundo de la innovación de hoy, Clayton Christensen, profesor de Harvard y autor de “The Innovator’s Dilemma”. Para Christensen, maximizar el beneficio a corto plazo, manteniendo los costes bajos y el cash-flow positivo, pero renunciando a invertir en innovación disruptiva, es la explicación del enigma de la innovación sin crecimiento económico. Christensen diferencia tres tipos de innovación:

  • La innovación “habilitadora” (“empowering”) es la que transforma productos complejos y caros, previamente accesibles sólo a una pequeña fracción de la población, en productos al abasto de muchos. El Ford T –la línea de proceso de Henry Ford- o el transistor de Sony son ejemplos de dicha innovación. Con ella, se crean nuevas necesidades, nuevos productos, nuevos sectores y miles de trabajos en fabricación, distribución y ventas. Ésta es la forma disruptiva de la innovación, el germen del crecimiento económico real.
  • La innovación “de mantenimiento” (“sustainable”) reemplaza viejos productos por nuevas versiones. Un nuevo modelo de vehículo es lanzado al mercado, y substituye a la vieja gama. El Prius de Toyota, un fantástico vehículo híbrido, es un ejemplo: quien compra un Prius renuncia a comprar otro modelo. Este tipo de innovación (en producto) mantiene economías vibrantes y competitivas. Es indudable que las empresas que generan nuevos productos tienen mayor penetración en los mercados, más retorno de la inversión y mayor productividad por empleado. Pero substituyen a otras, que son liquidadas. El juego, al final, es de suma cero.
  • Finalmente, existe una innovación “de eficiencia”. Se trata de reducir costes de producción y distribución. El just-in-time de Toyota sería un ejemplo. Correspondería a innovación en proceso, destinada a liberar capital para otros fines, y a maximizar los márgenes empresariales. Tampoco genera riqueza real, sólo optimiza la preexistente.


Invertir en innovación de mantenimiento o de eficiencia, según Christensen, impide destinar recursos para investigación de largo plazo e inversión en innovación habilitadora (disruptiva). Sin embargo, la verdadera fuente de riqueza está en este tipo de innovación. Este es el actual gran dilema del capitalismo. Y esto responde al enigma de Stiglitz: se invierte en innovación de forma creciente, pero la inversión se centra en los dos últimos tipos, que son de suma cero, con lo que no se aprecia impacto en el crecimiento económico, o éste es mucho menor del esperado.


Y es que, posiblemente, la verdadera era de la innovación radical, la de la introducción de productos revolucionarios que transformaron el mundo, fue la comprendida entre la Revolución Industrial y la Segunda Guerra Mundial. El impacto de los avances tecnológicos introducidos entonces es infinitamente superior al de los introducidos durante los últimos años.  ¿Cambiaríamos alguna de las innovaciones de aquella época –la electricidad, el coche, el avión, o la lavadora -  por alguna de las innovaciones emblemáticas de la era actual –Google, Facebook, Twitter, o el iPhone- …? 

25 de marzo de 2014

EL AUTOMÓVIL: SECTOR ESTRATÉGICO

Artículo publicado en El Periódico, 25/03/2014

Hace pocos días hemos sabido que SEAT contratará 450 personas en Martorell para iniciar un tercer turno en la producción del modelo León. Una excelente noticia. En los primeros meses del año, las entregas de dicho modelo experimentaron un crecimiento del 46%. Los signos de mejora son evidentes en todo el sector del automóvil europeo, como ha quedado plasmado en el reciente Salón Internacional del Automóvil de Ginebra, con unas previsiones de incremento de ventas del 3% en el continente, según la OICA (Organización Internacional de Constructores de Automóviles). Un incremento que puede ser substantivamente superior en España, dado el impacto de la crisis y la debilidad de la demanda de los últimos años.

El sector del automóvil es el más competitivo e intensivo en tecnología del mundo. No en vano, Volkswagen, matriz de SEAT, es hoy la empresa con mayor presupuesto de I+D a nivel mundial, seguida de Samsung (electrónica), Roche (farmacéutica),  Intel (semiconductores) y Microsoft (informática). Volkswagen invierte hoy en I+D cuatro veces más que Apple. Y tenemos el privilegio de disponer en Catalunya del único centro integral de desarrollo de vehículos del Estado (el Centro Técnico de Seat, que ocupa más de 1.000 ingenieros), de la empresa más intensiva en tecnología del mundo (Volkswagen). Poca gente lo sabe, y quizá no lo apreciemos lo suficiente.

El sector del automóvil es también una inmensa escuela de buenas prácticas de gestión. Innovaciones disruptivas en organización, como fueron la producción en masa, o el just-in-time, nacen en el sector y se difunden al resto de la industria. Como lo hizo la gestión estratégica de compras y de la cadena de suministro, la calidad total, o la ingeniería concurrente. El automóvil,  paradigma de producto complejo, es una bomba generadora de tecnología y management al servicio de la economía y del progreso mundial.

España ha jugado, tradicionalmente, un buen papel en el escenario de producción automovilística internacional. Desde mediados del siglo XX, numerosas multinacionales del sector se instalan en el país, atraídas por una buena relación coste-calidad en los factores de producción. Dichas multinacionales desarrollan potentes sectores auxiliares locales y hoy, aún después de la crisis, España es el segundo fabricante de automóviles de Europa (detrás de Alemania) y el 12 del mundo;  y el sexto proveedor mundial de componentes. A nivel europeo, el automóvil genera más de 10 millones de puestos de trabajo. Europa, liderada por Alemania, sigue siendo la gran potencia fabricante de automóviles del mundo, con más del 24% de la producción global, y un 58% de la generación internacional de patentes del sector.

La industria del automóvil en Catalunya, según datos de la Conselleria de Industria, factura 14.000 millones de euros, un 10% del total de la cifra de negocio del conjunto de la industria catalana. Representa el 25% del total del sector en España y genera más de 100.000 empleos, directos e indirectos. Catalunya es uno de los grandes polos de automoción de Europa: a las dos grandes fábricas OEM (Fabricantes de Equipos Origen, Original Equipment Manufacturer), SEAT y NISSAN, que exportan más del 80% de su producción, cabe sumar la presencia de un conjunto de más de 150 proveedores globales de primer nivel (“Tier 1”), como Doga, Ficosa, Gestamp, Denso, Peguform, Lear, Bosch, Valeo, Faurecia o Delphi. El ecosistema del automóvil se completa con infinidad de proveedores de segundo y tercer nivel, así como proveedores especializados en desarrollo tecnológico, como IDIADA (centro de referencia mundial en sistema de test, que cuenta con la pista de pruebas de nuevos vehículos más avanzada de Europa), centros tecnológicos como ASCAMM, LEITAT, CETEMMSA, CTM o BMEDIA, o centros de investigación como CVC (Visión por Computador) o CIMNE (Métodos Numéricos).

Catalunya, pues, cuenta con una intensa tradición automovilística, con la presencia de todos los elementos de la cadena de valor del sector (desde centros de diseño e I+D hasta fábricas de equipo origen), y una demanda sofisticada (básica para la emergencia de un clúster internacionalmente competitivo), reflejada en la celebración del Salón Internacional del Automóvil en Barcelona, el Circuito de Catalunya, y la existencia de la primera compañía del estado en asistencia al automovilista (el RACC, Real Automòbil Club de Catalunya).

Existen numerosos retos tecnológicos por afrontar, entre ellos la irrupción del vehículo eléctrico, con el previsible cambio estructural que provocará: un vehículo sin motor puede rediseñarse por completo (imaginemos un coche que libera el espacio del motor, y es traccionado por dispositivos eléctricos anexados a cada rueda). No sólo puede cambiar radicalmente el diseño, también el parque de proveedores (un coche eléctrico, por ejemplo, no necesita tubo de escape), los liderazgos en la industria (¿podrían los líderes del futuro ser compañías eléctricas?), y los propios modelos de negocio (interesante el caso –de sobreexpectativas y de fracaso- de la start-up Better Place en Israel). Sea como sea, el coche del futuro debe liberarse del combustible fósil o, al menos, de las emisiones de CO2. Deberá ser un vehículo ultra-seguro (sostenibilidad y seguridad serán factores clave de compra). Y, cada vez más, se parecerá a un superordenador móvil. El vehículo del siglo XXI estará completamente sensorizado e interconectado a la red de movilidad, subconjunto de la red global de datos. ¿Por qué no, al salir del párking, conectar a un centro de control que nos asigne automáticamente un slot vial –como los aviones- y nos guíe a destino, evitando congestiones?

Disponemos de todos los ingredientes para seguir liderando el futuro. La estructura productiva española y catalana sale de la crisis con flexibilidad renovada. Catalunya tiene activos innovadores para dar servicio al sector. La previsión de fabricación de vehículos a nivel mundial es optimista: más de 100 millones de unidades en 2018, con ingentes mercados potenciales en Asia, Sudamérica y África. El volumen de producción se ha duplicado en 22 años, según datos del recién constituido Clúster del Automóvil de Catalunya. La formalización de dicho clúster, una vieja aspiración de la industria, constituye un gran paso adelante en la organización del sector: el clúster puede ser el catalizador de la conexión definitiva entre centros de conocimiento (universidades, centros de investigación, y centros tecnológicos) y la estructura industrial. La finalidad: proyectar globalmente el sector, solventar los retos de innovación existentes, y permitir que el automóvil se sitúe en el lugar que le corresponde en nuestra estructura industrial, como verdadero sector estratégico de la economía catalana.



19 de marzo de 2014

ATRACCIÓN DE TALENTO INTERNACIONAL EN LA UVIC

Ausa Futur, asociación empresarial de Osona, y la Universidad de Vic han firmado un acuerdo de financiación de la atracción de talento investigador internacional a Vic. La primera investigadora, la profesora Petra Nylund, ya está en Vic. Petra, de origen sueco, PhD in Management Sciences por IESE, viene para desarrollar una línea de investigación concertada con la industria local, especializada en innovación abierta, entrepreneurship, clústers y competitividad de la PYME. 

Todo un punto de inflexión en el sistema universitario catalán. Por primera vez, un grupo de empresarios financia la atracción de un investigador de primera línea en una universidad, pactando las líneas de investigación. Creo que será el inicio de un cambio de modelo: el paradigma de la transferencia (investigar y después intentar buscar una aplicación al conocimiento generado), en general no ha funcionado en ninguna parte del mundo. Probablemente sea más eficiente la concurrencia (investigar conjuntamente con el entorno socioeconómico, codiseñando la investigación) que la transferencia. En Vic,vamos a intentarlo.

Durante el acto de presentación del programa, y de la profesora Nylund, tuvimos el honor de contar con el Conseller Mas-Collell.


16 de marzo de 2014

UN PAÍS DE PIZZERÍAS O DE MICROPROCESADORES

Artículo publicado en La Vanguardia del 16/03/2014

En noviembre de 1996, Telepizza empezó a cotizar en el IBEX, el índice bursátil selectivo español. Los accionistas que pagaron 0’7 euros por acción las podían vender dos años después a 9’92, obteniendo una plusvalía del 1300 %. Telepizza era el paradigma de un gran modelo de negocio innovador: pizzas calientes entregadas en casa en 20 minutos. Algo inaudito en 1996. Un modelo de negocio fácilmente interpretable por el mercado, con un producto comprensible por parte del consumidor, y con necesidades financieras escalables. El tipo de empresa innovadora que el mercado genera y financia espontáneamente. La prueba es que en nuestro entorno se crean continuamente grandes empresas innovadoras, porque existen grandes emprendedores y talento empresarial suficiente: Zara, Mango, Desigual, Privalia, Tous, o Imaginarium son ejemplos similares. Para que dichos fenómenos empresariales emerjan sólo son necesarios empresarios tenaces, un entorno de seguridad jurídica, y reglas de juego de libertad económica, comunes en todas las economías desarrolladas.  La innovación próxima al mercado la genera el mismo mercado, en cualquier parte del mundo donde exista iniciativa empresarial y un contexto económico y jurídico estable.

Sin embargo, la emergencia de empresas de alta tecnología sigue otra dinámica. Es muy diferente si deseamos que surja una empresa como Intel, Microsoft, Hewlett Packard o Google. La aparición sistemática de este tipo de compañías requiere otros escenarios. En primer lugar, precisa de  un entorno empapado en conocimiento, de un clúster tecnológico: un monstruo de los semiconductores, como Intel, necesita ingenieros y científicos permeables con la estructura productiva. Necesita manufacturing y ciencia trabajando de forma concurrente. Precisa una base científica consolidada durante años, que permita que algún joven emprendedor surgido de la ciencia ose explicar al mercado qué es un microprocesador. Y el mercado no lo va a entender. ¿Cómo explicar qué demonios es un microprocesador cuando nadie lo ha visto antes, cuando el mercado no lo demanda, y cuando no existen aplicaciones claras al mismo? ¿Cómo describir el color rojo a un ciego? “Un dispositivo de silicio programable y multiuso”. ¿Quién financiaría un Intel en su año 0? 

El mercado entiende perfectamente qué es una pizza, pero no entiende qué es un microprocesador. Por eso, nadie en su sano juicio va a financiar un proyecto basado en una tecnología de ruptura en sus fases más primigenias. Cuando el mercado no existe, cuando se ha de crear,  las estimaciones de retorno económico son inciertas. Aunque esa tecnología pueda dar lugar a productos rompedores e incluso a nuevas industrias. Por eso se precisan políticas públicas dedicadas, específicas, contundentes, de consolidación de la base científica, y de soporte obsesivo a los emprendedores de base tecnológica en sus fases más embrionarias. Por eso en España no emergen grandes empresas tecnológicas, aunque sí lo hacen grandes modelos de negocio innovadores. El primer comprador de microprocesadores de Intel fue la administración norteamericana, que actuó como “lead user”, cliente lanzadera.

¿Queremos un país de pizzas o un país de microprocesadores? Los países capaces de vencer este fallo del mercado, y de generar sectores de alta tecnología son países con índices de desempleo dramáticamente más bajos, con empresas que generan mayores márgenes, pagan mejores salarios y permiten rápidas reinversiones en nuevos proyectos de crecimiento. En I+D, sólo nos queda una opción: seguir avanzando más, con mayor fuerza y decisión. Nuestros competidores internacionales lo están haciendo sin vacilar. Y no dar ni un paso atrás en lo que ya se ha conseguido. De ello depende la salud competitiva de nuestro país y el futuro de nuestros hijos. Necesitamos situar la I+D en el centro de las políticas económicas. Necesitamos una sociedad civil conjurada para proteger e incrementar las inversiones en I+D, públicas, privadas y mixtas. Tras el gran esfuerzo de los últimos años, un euro público marginal destinado a I+D consorciada entre empresas y centros de conocimiento va directamente a la creación de empleo de calidad. Salir de la crisis ajustando costes y salarios es un espejismo, la antesala del próximo desastre. El talento huye de las organizaciones baratas. Ganaremos el futuro con innovación, tecnología y ciencia. La innovación nos diferenciará, nos hará atractivos y nos hará crecer en los mercados. La tecnología nos fortalecerá, creando barreras de entrada a la competencia. Y la ciencia nos hará imbatibles. 

¿Dónde quiere que trabajen sus hijos: en una pizzería o en un centro de diseño de microprocesadores?