25 de mayo de 2018

INFORME COTEC 2018


Esta semana se ha presentado el Informe COTEC 2018 sobre el estado de la innovación en España. La Fundación COTEC es la institución de referencia de análisis, promoción y comunicación del estado de la innovación como motor del desarrollo económico. COTEC ha definido la innovación de forma magistral, como “todo cambio (no sólo tecnológico) basado en conocimiento (no sólo científico) que genera valor (no sólo económico)

Un año más, los indicadores son descorazonadores. La inversión en I+D en la economía española se mantiene, por sexto año consecutivo, por debajo del crecimiento del PIB. Esto es un indicador de la senda escogida: un camino que podría no ser sostenible, y que creará a medio plazo importantes tensiones en la estructura económica. Una baja inversión en I+D es indicadora de un crecimiento no acompañado de creación de valor ni de salarios dignos. Pese a todo, se da un ligero incremento en la inversión bruta en I+D respecto al pasado año. Básicamente, debido al esfuerzo empresarial. La inversión pública sigue en retroceso: mientras el gasto privado en I+D creció un 3%, el público disminuyó un 2%. Según COTEC “es preciso recordar que la falta de inversión privada en investigación y desarrollo es también -y sobre todo- un reto para las políticas públicas, puesto que son las administraciones las responsables de crear las condiciones de contorno adecuadas para el desarrollo de un tejido empresarial que apuesta definitivamente por la I+D”. La intensidad inversora en I+D/PIB se redujo en 2016 (últimas cifras disponibles) al 1,19%, a distancia del máximo de 1,4% logrado en 2010, y a años luz de países líderes en Europa, como Alemania (2’87%), Japón (3’6%), o Corea del Sur (4,3%). Como nota positiva, la inversión bruta en I+D ascendió ligeramente, hasta 13.260 millones de euros (un 0,67% más que en 2015). Para profanos, y para tener una idea de lo que eso significa, baste decir que esa cantidad es aproximadamente lo mismo que la inversión en I+D de Amazon. La economía de todo un país invierte en I+D tanto como una sola empresa, Amazon. Al menos este año ha habido incrementos del personal empleado en actividades de I+D (un 2’5%), y del número de investigadores (un 3’4%). Sin embargo, España sigue sin recuperar los niveles de inversión en I+D de 2009 (está un 9,1% por debajo). Por el contrario, la UE los ha superado de forma clara (está un 27% por encima). La práctica totalidad de los países europeos (25 de 28) han recuperado y superado esos niveles. España es una excepción en Europa junto a Finlandia y Portugal. Si se compara el gasto en I+D pública y en I+D privada de 2016 con sus equivalentes de 2008, puede verse cómo España queda totalmente descolgada de los países de su entorno.

En lo referente a las empresas, España es el único país de los cinco grandes de la UE en el que su gasto en I+D en 2016 es inferior al de 2008 (el 11,1%), pese a que el PIB es un 0,2% mayor. En el conjunto de la UE-28, el gasto empresarial en I+D es un 29,9% mayor, frente a un crecimiento del PIB del 14,0%. Esta peculiaridad va a ser sin duda un lastre para la competitividad empresarial. En cuanto al número de empresas que declaran realizar actividades de I+D, en 2016 fueron 10.325 empresas, casi 300 más que en 2015, lo que supone el primer crecimiento reseñable desde 2008, aunque todavía siguen muy lejos de las 15.049 empresas de aquel año. La crisis, y el bajo esfuerzo público en políticas contracíclicas que contribuyeran a mantener la base investigadora de las empresas, se han llevado por delante el 30% de empresas que hacían I+D hace una década. En 2016, el gasto en I+D de las empresas españolas equivalía al 0,64% del PIB, menos de la mitad del promedio de la UE-28 (1,32%) y a considerable distancia del de países como Alemania, con el 2,0% o Francia con el 1,44% (en 2015). Sin embargo, en España parece que son las PYMES las que innovan, a diferencia de otros países: El segmento de empresas con menos de 250 empleados ejecutaba en 2013-2014 el 46,3 % de la I+D empresarial española, casi el doble que las de países como Italia, Francia o el Reino Unido, y a enorme distancia del 9,7% de las PYMEs alemanas. La gran empresa, con algunas excepciones, está ausente del sistema innovador. El corte sectorial del IBEX, poco intensivo en tecnología, es parte de la explicación.

Los resultados del subsistema científico son también manifiestamente mejorables: en 2017 se ha reducido ligeramente el número de publicaciones internacionales SCOPUS respecto al año anterior. España conserva la posición undécima en el mundo cuanto a producción, tras ser superada por Australia en 2013. Aunque ha perdido dos posiciones desde 2006, ha sostenido su presencia relativa durante el periodo. En cuanto a patentes, España siguió ocupando en 2016 el puesto 27º en la lista, aunque registra un leve aumento de su cuota en relación con el año 2012. Comparado con otros indicadores socioeconómicos, incluso por su capacidad científica, parece ocupar un lugar bastante inferior al que debería aspirar por el tamaño de su economía. Medido en términos relativos, la producción de patentes española es alarmantemente baja: 32 por millón de habitantes, frente a las 891 de Suiza, las 404 de Holanda, o las 359 de Suecia.

En conclusión, más de lo mismo. El cuadro clínico de la innovación española es grave: pese a que se estabiliza, sigue en la UVI. Un año más de malas noticias, pese a que su impacto es menos notable porque ya estamos acostumbrados a ellas, y porque se denota un ligerísimo incremento en algunos indicadores del sistema. No obstante, el mundo avanza a una velocidad que pronto será imposible seguir si no arrancamos ya los motores. En la presentación del informe, COTEC manifestó que el nuevo Ministro de Economía parecía demostrar una sensibilidad diferente respecto a los anteriores. Esperemos que no sea sólo una impresión, ni que lo misma quede sólo en palabras, y se traduzca en presupuestos y en políticas eficientes. Mientras, cabe felicitar a COTEC por su excelente trabajo.

13 de mayo de 2018

¿HOLA? UN ROBOT AL TELÉFONO


El test de Turing es una prueba ideada por el matemático homónimo, según la cual una máquina podía mostrar capacidades de interacción humanas, hasta el punto de que un humano no sería capaz de distinguir si su interlocutor era una máquina u otro humano. La idea del test fue introducida por Alan Turing, uno de los padres de la ciencia de computación moderna, en 1950 (en su famoso artículo Computing Machinery and Intelligence). El experimento, en aquel tiempo, se limitaba a interacciones mediante teclado. Se considera que un dispositivo electrónico supera el test de Turing cuando es confundido por un humano más del 30% del tiempo de prueba, en series de cinco minutos de conversación. Esta es una de las medidas clásicas de inteligencia de máquina, usadas para categorizar la potencia de la inteligencia artificial.

Parece que el punto de inflexión para la superación del test de Turing se produjo en 2014. Una computadora, que simulaba ser un niño ucraniano de 13 años convenció al 33% de los jueces en la Royal Society of London de que realmente era un humano. El hecho fue considerado un hito histórico en la evolución de la inteligencia artificial.

En la conferencia I/O de Google, esta semana, Sunder Pichai, CEO de Google, mostró los últimos avances en interacción persona-máquina. Un asistente digital (un “bot”, o robot conversacional), Google Duplex, demostró la capacidad de mantener conversaciones con atributos (expresiones, gramática, modulación de la voz, simulación de emociones y de incertidumbre) indistinguibles de los humanos. El algoritmo sintetizó y mimetizó de forma precisa la voz humana, en una conversación interactiva y dinámica. Se comportó exactamente como un humano, llamando a una peluquería para reservar hora. Respondió preguntas, negoció agenda y agradeció la ayuda de la recepcionista. Su conversación estaba plagada de expresiones dubitativas humanas (“um”, “ehhh…”), las llamadas “speech disfluencies”, así como de simulaciones de interferencia o asincronía (“¿me puede oír”, “espere un segundo”…). El sistema sostuvo una conversación absolutamente natural, sin que el interlocutor humano pudiera apreciar que estaba hablando con una máquina. En un segundo ejemplo, la máquina intenta reservar una mesa en un restaurante, donde su interlocutor tampoco aprecia que habla con un bot. Incluso llega a decirle “¿qué pasa, señor?”, y llamarlo “Sir”.

No os perdáis el vídeo: Sundar Pichai pide a Google que le reserve cita para un corte de pelo, “el martes, entre 10:00 y 12:00”. Ved qué ocurre e intuid el tsunami de aplicaciones de inteligencia artificial en marketing que van a llegar en los próximos años. ¿Adiós call centers? ¿Veremos bots digitales inundando los canales de ventas, incansables, trabajando 24 horas al día, 7 días a la semana?  ¿Recibiremos continuas llamadas de robots? Y, sobre todo, ¿será preceptivo que, cuando nos llamen, nos alerten de que hablamos con un robot?





6 de mayo de 2018

TALENTO, TECNOLOGÍA Y TRABAJO


MAPA DEL EMPLEO EN EUROPA, 2017
Existe hoy una apasionante discusión sobre el futuro del trabajo: ¿vamos a un jobless future debido a la irrupción de nuevas tecnologías; o bien el sistema económico -como ha hecho siempre- se adaptará al cambio tecnológico, y generará nuevos -e inimaginables ahora- nichos de empleo? El debate se origina con una pregunta clave: ¿la innovación crea o destruye empleos? Es difícil contestar la pregunta en el largo plazo, justo porque se van a producir cosas que, por su nivel de disrupción, ahora no podemos ni imaginarnos, como no podíamos imaginar qué iba a ser Google en 1990. Sin embargo, podemos empezar a tener respuestas si analizamos las evidencias económicas que se están dando en el corto plazo. ¿La innovación, crea o destruye empleos? La primera respuesta es depende. Depende del lugar. Lo que estamos viendo es que los ecosistemas innovadores tienen tasas de desempleo sensiblemente menores que las zonas no innovadoras. Y es que, en mi opinión, se está dando una dinámica de flujos, que redistribuye el talento, la tecnología y el trabajo; y los reconcentra en las zonas de innovación, en un efecto de realimentación positiva.


INNOVACIÓN EN EUROPA, 2017
Veamos: existen focos territoriales, con marcos institucionales adecuados y gobiernos dispuestos a co-invertir en innovación. En esos focos territoriales (ecosistemas innovadores), se da una dinámica de atracción de talento: el mejor talento científico, tecnológico o emprendedor de las zonas no innovadoras emigra hacia las zonas innovadoras, donde encuentra más oportunidades y mejores salarios. En esas zonas innovadoras se desarrollan las tecnologías del futuro, que son exportadas a las zonas no innovadoras (donde se despliegan en forma de automatización de cadenas productivas, y generan más desempleo). Las zonas innovadoras se enfocan a actividades de I+D y diseño, pero en un entorno de industria digitalizada y cada vez más independiente de la localización y la escala, también las actividades de manufacturing más sofisticadas se ven atraídas a las zonas innovadoras, pues la proximidad a los centros de conocimiento acelera sus ciclos de desarrollo de producto y las permite competir globalmente en innovación. En las zonas innovadoras se reconcentra el manufacturing avanzado, dejando el menos sofisticado y dependiente de costes laborales en las zonas no innovadoras, que se precarizan. En las zonas innovadoras se generan mayores márgenes empresariales, fiscalidades más sanas, y estados del bienestar más sólidos. Hacia los ecosistemas innovadores fluyen los flujos de talento, tecnología, trabajo, y capital inversor; mientras se drenan los mismos de las zonas no innovadoras. Basta, para contrastar esta hipótesis, comparar los mapas regionales de innovación, y de desempleo en Europa. La correlación es muy elevada: a mayor índice innovador, menor desempleo.


Guillermo Dorronsoro nos presentó en el reciente congreso IND+I (Industria + Innovación) de Viladecans algunos gráficos agregados (que adjunto) con datos numéricos precisos. Nuevamente, se contrasta la correlación entre innovación y empleo en Europa. Parece increíble que poca gente lo vea. Así que, gobiernos: inviertan urgentemente en políticas inteligentes de innovación si desean crear empleo y sostener estados del bienestar. Incluso en la hipótesis de que, en el largo plazo, la innovación destruya empleos en el conjunto de la economía global, sólo las zonas innovadoras podrán permitirse mantener fórmulas de sustento público de sistemas educativos, sanitarios o sociales de calidad.

1 de mayo de 2018

GLACIACIÓN TECNOLÓGICA


La semana pasada invité a una de mis clases a Josep María Martorell, director asociado del Barcelona Supercomputing Centre. Nos alertó de algo que ya intuíamos: la peligrosa dependencia tecnológica europea, en una industria “madre” como es la de semiconductores. En un entorno, como el del último siglo, donde EEUU ha sido aliado secular de Europa, no se nos podía ocurrir que los americanos nos dejaran de suministrar tecnología de última generación. Pero en pocos años, el sistema de alianzas y de estrategias internacionales se ha desestabilizado. EEUU rompe sus compromisos con Europa e inicia una senda proteccionista, a la vez que China emerge como potencia tecnológica. Nada impide a Trump, por ejemplo, dictar una orden de veto de venta de microprocesadores de última gama a Europa. Obama ya lo hizo con China. En abril de 2015, la administración norteamericana prohibió a Intel, el mayor fabricante de chips del mundo, vender sus productos a las instalaciones de supercomputación chinas, por razones de seguridad nacional. La inteligencia americana detectó que los dos mayores supercomputadores del mundo, el Thiane-1A y el Thiane-2, supuestamente estaban realizando simulaciones sobre pruebas nucleares. En aquella época, en un viaje a China, pude leer en la prensa del país que el gobierno chino lanzaba un nuevo programa, dotado -nada menos- de 100.000 millones de dólares para dominar industrialmente la física de dispositivos, e independizar el país de los chips extranjeros. La apuesta china iba en serio.

La tecnología de semiconductores está en manos asiáticas y americanas. ¿Qué ocurriría si Trump vetara la venta de chips a Europa? Entraríamos en una especie de “glaciación tecnológica”, condenados a sistemas que operen más lentos que los de nuestros homólogos -y competidores- americanos, chinos, surcoreanos o japoneses. Una glaciación que haría palidecer cualquier guerra comercial convencional, y que supondría una inmediata obsolescencia de todo el continente. Todos nuestros sistemas de información, de repente, serían más lentos. ¿Podrían competir las grandes automovilísticas europas – Volkswagen, Daimler, BMW, Citroen, Renault- sin provisión de semiconductores americanos? ¿Podrían sobrevivir los grandes bancos europeos – Santander, Deutsche Bank, Allianz, UniCredit- sin capacidad de actualizar sus sistemas de información? ¿Qué sería de Airbus? ¿Y de la industria de telecomunicaciones europea – Telefónica, Orange, Vodafone…? ¿Podrían seguir fabricando maquinaria automatizada de proceso los conglomerados industriales como Siemens? ¿Qué grado de dependencia tiene la economía europea de tecnologías estratégicas, habilitadoras y transversales, como los semiconductores (americanos, japoneses, coreanos o chinos…)? No tengo las respuestas, pero me temo que la dependencia tecnológica europea es alarmante.

Según Handelsblatt, En Europa no se ha construido una sola factoría moderna de semiconductores, a una cierta escala, en las últimas dos décadas. En Asia, en cambio, con “gobiernos dispuestos a coinvertir billones de dólares en esta tecnología”, la capacidad de fabricación de procesadores avanzados florece por todas partes. Entre los 10 grandes fabricantes de semiconductores del mundo, sólo uno (NXP) es europeo. Y todo indica que esta empresa holandesa será adquirida por su rival estadounidense Qualcomm. Hoy Europa proporciona sólo el 9% de los chips mundiales. Países mucho más pequeños, como Taiwan o Corea del Sur, desarrollan y exportan, respectivamente, el 20% y el 15% de procesadores del mundo.

Europa debe quitarse de encima los complejos. Según Andreas Gerstenmayer, CEO de la empresa electrónica austríaca ATS, la mayor fabricante europea de placas de circuito impreso, proveedora de Apple, “a menos que se tomen decisiones políticas masivas, Europa continuará condenada a estar a la defensiva”. Es un mal menor, si no entramos en una auténtica edad del hielo tecnológica. La dependencia tecnológica externa puede paralizar la transformación digital del continente, y evitar la nueva ola de disrupción: la derivada de la inteligencia artificial. Europa puede quedar al margen de la internet de las cosas, el big data o el 3D printing. Algunos dirigentes europeos, como mínimo, está preocupados, y se empiezan a realizar pasos en la buena dirección: Robert Bosch, el mayor proveedor mundial de componentes de automóvil instalará su nueva planta de chips en Dresde. Invertirá 1000 M€, pero recibirá 200 M€ de la UE. Este es el juego, nos guste o no: un juego de potentes incentivos. Los países compiten agresivamente por atraer y mantener actividades de alta tecnología, y para ello se precisan recursos, liderazgo y proyectos, para mantenernos en la frontera tecnológica. La alternativa: comprar chips americanos (o chinos), o deslocalizar nuestras compañías tecnológicas a Asia. Y prepararnos para volver a vivir en las cavernas.

22 de abril de 2018

SHARK FINS: OLAS DE INNOVACIÓN DIGITAL


Marc Amat, del diario Ara, me llamó esta semana para interesarse por las causas del fallo de uno de los grandes booms digitales de nuestro tiempo: Pokemon Go. La sección “Epic Fails” de ese periódico disecciona cada semana un interesante caso de fracaso en innovación (aquí)

Efectivamente, en el verano de 2016, todos andábamos capturando Pokemons a través de nuestro móvil, en una ola que alcanzó dimensiones mundiales en pocos días. Pero en poco tiempo, el juego cayó en el olvido. ¿Fue un fracaso? Mi opinión es que no. Mi opinión es que la innovación digital es mucho más rápida que la innovación de producto. Es como un flash que quema etapas a la velocidad de la luz, pero que no tiene por qué renunciar a beneficios. Pokemon Go fue un ejemplo de libro de dinámica de la innovación digital, pero no de fracaso.

Pokemon Go fue desarrollado por la empresa Niantic (¡cómo no, ubicada en San Francisco!) Niantic nació como una spin-off de Google, y debe su nombre a uno de los primeros buques que transportaron inmigrantes a California durante la Fiebre del Oro del siglo XIX. El proyecto Pokemon Go contó con una inversión de 35 millones de dólares provenientes de Google, Nintendo, y The Pokemon Company. Las tres compañías unían en Niantic tres capacidades esenciales: la tecnología de posicionamiento de Google, la maestría en videojuegos de Nintendo, y la licencia de personajes de cómic famosos, herederos de la herencia manga japonesa, de Pokemon. La iniciativa del nuevo videojuego creaba, mediante prestaciones de GPS, un nuevo paradigma de ocio digital, a medio camino entre el geocatching y el videojuego, en un entorno de realidad virtual novedoso en el mundo de los videojuegos.

¿Fue un fracaso? En absoluto. En un mes, Pokemon se convirtió en fenómeno global, consiguiendo más de 10 millones de dólares de ingresos diarios. En un año consiguió 750 millones de descargas y 1.200 millones de dólares de ingresos (casi la totalidad, beneficios netos). En agosto de 2016 consiguió 200 millones de descargas, registrando un récord Guiness como videojuego más descargado de la historia. Ya me gustaría a mi lanzar unas cuantas start-ups que fracasaran como Pokemon.

Y es que la innovación digital sigue una dinámica explosiva, como explica Harvard Business Review en su artículo Big Bang Disruption (aquí), o Accenture en Why Digital Disruption Resembles a Shark Fin (aquí). Mientras la innovación clásica, de producto, sigue una lógica de entrada en el mercado caracterizada por una distribución gaussiana (“curva de campana”), con unos segmentos iniciales de lead users e innovators que anticipan la entrada al mercado masivo (si se superan las barreras de entrada de coste y calidad), la innovación digital genera una ola de ventaja competitiva transitoria, extremadamente corta, en la que se queman etapas muy rápidamente. Una ola que recuerda, por su forma y velocidad, la aleta de un tiburón. La inexistencia de barreras de entrada, y de barreras de salida que ofrece el modelo freemium (descarga gratis y pago por algunos atributos, o hacer que paguen terceros -Starbucks llegó a un acuerdo para llenar de Pokemons virtuales sus establecimientos-) crea un flash de innovación. La posibilidad de innovación abierta, co-creación y actualización en tiempo real de la app permiten experimentar a la velocidad de la luz hasta hallar rápidamente el “diseño dominante” y expandirse exponencialmente por todo el planeta. La ola se extingue tan rápidamente como llega: las modas pasan velozmente. Pero, como en el caso de Pokemon, dejan un margen de miles de millones de dólares, en pocos días.

Pokemon Go fue también uno de los canales de entrada de la realidad virtual a nuestras vidas. Pronto, pasearemos por el fondo del mar, llegaremos a la cima del Everest, visitaremos la antigua Roma o estaremos inmersos en la batalla de Gettysburg en entornos digitales de gran realismo y capacidad de interacción. Niantic ya está preparando su próxima ola de innovación digital: se prepara la salida de un juego de realidad virtual sobre Harry Potter. Debe ser algo potente. De momento, han sido capaces de atraer 200 millones de dólares de capital riesgo para su desarrollo.


14 de abril de 2018

IKIGAI: EL PROPÓSITO DE LA VIDA


Me sorprendió encontrar un tweet del World Economic Forum con el gráfico que os adjunto, el del concepto de IKIGAI. En japonés, algo así como “razón de ser”.

IKIGAI proviene de “IKIRU” (“para vivir”), y “KAI” (“realización”). "Realización para vivir", o "vivir realizándose". Juntos, ambos conceptos crean un nuevo constructo para significar el propósito de la vida. IKIGAI es principio y final, motor vital y punto de destino. Para los japoneses, el secreto de una larga y feliz vida. ¿Qué te motiva a levantarte cada mañana? Para hallar tu IKIGAI deberías contestar cuatro preguntas:

-        ¿Qué es lo que amas?
-        ¿En qué eres bueno?
-        ¿Qué necesita el mundo de ti?
-        ¿Con qué te puedes ganar la vida?

Encontrar las respuestas, y, especialmente, su intersección, puede ser un método rápido para que los occidentales encontremos nuestro IKIGAI. El modelo de los círculos es extremadamente bello: la intersección entre lo que amas y lo que eres bueno es tu fuente de PASIÓN. Aquello que amas y que el mundo necesita origina tu MISIÓN. Las cosas en las que eres bueno y por lo que alguien te pagaría darán lugar a tu PROFESIÓN; y la intersección entre aquello que te va a retribuir y lo que el mundo necesita generará tu VOCACION. Si hallas un campo que lo aglutine todo, PASIÓN, MISIÓN, VOCACIÓN Y PROFESIÓN, serás un afortunado: habrás encontrado tu IKIGAI. Deberíamos enseñar a los niños, como una de las prioridades del sistema educativo, a encontrar su IKIGAI.

Me fascina la cultura y la filosofía japonesa. Japón ha sido un país sometido a constantes desastres naturales y humanos: situado en la falla del Pacífico, ha sufrido terremotos y tsunamis. También ciclones y guerras. Dicen que la cultura japonesa se forja en la consciencia del desastre, en saber que en pocos segundos puedes perder todo lo conseguido en la vida. Y eso te lleva a la desvinculación de las cosas terrenales, al minimalismo zen, y a apreciar lo que realmente importa. Un cierto fatalismo vital, paradójicamente, parece conducir a una vida mejor, a valorar con intensidad lo que (todavía) tienes, a concentrarte en tus capacidades interiores, y a sacar partido de cada segundo restante, y de cada oportunidad latente. Quizá por ello los japoneses son tan perfeccionistas en los pequeños detalles, e hicieron de la belleza de la cotidianeidad grandes prácticas organizativas e imbatibles ventajas competitivas. Quizá por eso, con constancia, tenacidad, excelencia en las pequeñas cosas, y visión a largo plazo, un pequeño taller de automóviles como Toyota fue capaz de inventar métodos de gestión como el Kaizen, y de batir a los grandes de la industria como Ford y General Motors.

Y, en el modelo de IKIGAI, si sustituimos “lo que amas” por la “visión”, “lo que eres bueno” por las “capacidades esenciales”, y ”cómo te puedes ganar la vida” por el “modelo de negocio”, entonces la idea aplica perfectamente no a una persona, sino a una organización. A partir de ahora, incorporaré el IKIGAI a mis clases.

El artículo original del World Economic Forum puede encontrarse aquí: https://www.weforum.org/agenda/2017/08/is-this-japanese-concept-the-secret-to-a-long-life/


10 de abril de 2018

HABLANDO CON UN ROBOT


Para celebrar el primer millón de visitas a este blog, en un momento de intenso debate público e internacional sobre el uso de datos para fines comerciales, me permito transcribir un chiste que hoy me ha enviado un buen amigo. Hablando con un robot 😉))

Ordenar una pizza

CLIENTE: ¿Esto es Gordon's Pizza?
GOOGLE: No señor, es Google Pizza.
CLIENTE: Debo haber marcado un número equivocado. Lo siento.
GOOGLE: No señor, Google compró Gordon's Pizza el mes pasado.
CLIENTE: De acuerdo. Me gustaría pedir una pizza
GOOGLE: ¿Quieres lo de siempre, señor?
CLIENTE: ¿La habitual? ¿Ya sabes qué quiero?
GOOGLE: De acuerdo con nuestra hoja de datos de identificación de llamadas, las últimas 12 veces que llamó le solicitaron un extra grande, con tres quesos, salchichas, pepperoni, champiñones y albóndigas en una corteza gruesa.
CLIENTE: ¡Exacto! Eso es lo que quiero …
GOOGLE: Puedo sugerir que esta vez pida una pizza con ricotta, rúcula, tomates secados al sol y aceitunas en un grano entero y corteza delgada sin gluten?
CLIENTE: ¿Qué? Detesto las verduras ...
GOOGLE: Su colesterol no es bueno, señor.
CLIENTE: ¿Cómo diablos lo sabes?
GOOGLE: Bueno, hicimos una referencia cruzada del número de teléfono de su casa con sus registros médicos. Tenemos el resultado de sus análisis de sangre durante los últimos 7 años.
CLIENTE: De acuerdo, ¡pero no quiero tu pizza podrida de vegetales! Ya tomo medicamentos para mi colesterol.
GOOGLE: Disculpe señor, pero no ha tomado su medicación regularmente. Según nuestra base de datos, solo compró una caja de 30 tabletas para el colesterol una vez, en Drug RX Network, hace 4 meses.
CLIENTE (enojado): ¡Compré más en otra farmacia!
GOOGLE: Eso no aparece en el extracto de su tarjeta de crédito.
CLIENTE (más enojado): ¡Pagué en efectivo!
GOOGLE: Imposible. No retiró suficiente efectivo de acuerdo con su extracto bancario.
CLIENTE: Tengo otras fuentes de efectivo.
GOOGLE: Eso no se muestra en su última declaración de impuestos a menos que los haya comprado utilizando una fuente de ingresos no declarados, lo cual es contrario a la ley.
CLIENTE (muy enojado): Pero, ¿QUÉ DEMONIOS?
GOOGLE: Lo siento, señor, usamos dicha información solo con la única intención de ayudarlo.
CLIENTE: ¡BASTA YA! ¡Estoy harto de Google, Facebook, Twitter, WhatsApp y todas las demás redes sociales! ¡Estoy decidido a irme a una isla sin internet ni televisión por cable, donde no hay servicio de telefonía móvil y nadie me pueda mirar o espiar! 
GOOGLE: Entiendo, señor, pero primero debe renovar su pasaporte. Expiró hace 6 semanas ...